8/28/2018

El Monte y el guía de Munietsus 9

La  actividad glaciar y periglaciar que afectó a Munietsus en el pasado también tiene su eco en la toponimia. Por un lado están las tsagunas, que como estan en zonas altas de uso por parte de pueblos de Ibias tienen también el topónimo galego de laguas. Las más conocidas son las que hay en la cabecera del valle de La Candanosa, ya que hacia ellas se dirige la única vía abierta en la Reserva; son cuatro lagunas dispuestas en dos pisos superpuestos, aunque la mayoría de los visitantes solo acceden al primer piso donde solo hay una pues las otras tres están por encima y acceder a ellas requiere un esfuerzo extra que muy pocos están en condiciones de realizar, porque el cansancio acumulado ya empieza a hacer mella. Son Las Tsagunas (as Laguas) sin más.

Primera tsaguna de La Candanosa. Inconfundible por su pequeña isla.Julio 2018

Interior y bordes de la primera tsaguna. Julio 2018

Vía de acceso a la segunda y resto de tsagunas. Julio 2018

Pero no son las únicas que hay en el Monte; en la cabecera del Ríu Tixeirúa está la tsaguna (a lagua) La Boizuna (a Boizona), y aún tenemos una sexta que, excepto por los mayores de Alguerdo, es prácticamente desconocida y que debido a su reducido tamaño tiene un topónimo diferente. Está situada en la collada que hay entre el Pico La Candanosa (Cazarnoso) y Pena Belosa, a la que los de Alguerdo llaman, a la collada, O Pélago, hasta ella sube una vatsina bautizada en bable occidental Vatsina´l Piélago. Piélago o pélago en zonas del interior de Asturias hace referencia a un pozo de agua parada y profunda; lo de profunda en realidad es un concepto muy relativo pues cuando el agua te llega hasta el "pescuezo", una vez dentro del pozo y haciendo pie en el, ya se puede considerar profunda, sobre todo si no sabes nadar. El significado de piélago, como el de otros tantos topónimos, parece que ya hace mucho tiempo que ha dejado de entenderse por nuestros paisanos.

Vatina Pielago y O Pelago. Julio 2018

Había dos tipos de piélago, los situados en sierras, en el entorno de tsagunas, como sería el caso anterior, y los situados en los ríos y por fortuna aquí en Munietsus tenemos también un ejemplo: un poco por debajo del desagüe del Ríu Tixeirúa en el Ríu Munietsus hay un lugar llamado El Pozu´l Piélago, un claro ejemplo del desconocimiento del significado de piélago ya en fechas antiguas, un precioso pozo donde el agua se remansa y parece que se detiene.

Pozu´l Pielago. Julio 2018

La pequeña laguna del Piélago también era conocida por los habitantes de Alguerdo como Aguayu
d´Alguerdo, para diferenciarlo de otro aguayu cercano, el de Valdebois, que era una laguna: Lagua da Pena Belosa, venida a menos porqué estaba muy colmatada. Relacionado con la Lagua da Pena Belosa está el topónimo Pico La Lagua (Pico a Lagua), arriba en la sierra, creado por los hablantes de bable occidental, que respetaron el nombre cambiando solo el artículo.
La erosión periglaciar, por su parte, ha dejado numerosos ejemplos en todo el Monte; sorprende la gran cantidad de canchales o pedreras que hay, aunque solo algunos tienen nombre propio. En los topónimos en bable occidental aparecen con el nombre de tseirón o su versión femenina tseirona, aunque fuera de la Reserva, en Mual, aparece con otro nombre: cheira. Cheira Gruesa en los Putseiros, (la grafía correcta de cheira no se si es con "ch" o con "ts").
Cuando estaba abierta la ruta larga se atravesaban dos grandes formaciones, La Tseirona, poco después de salir de Penas Negras, sin duda la de mayores dimensiones, conformada por grandes bloques de piedra que creaban un espacio único y espectacular y que permitían una visión diáfana de las partes bajas y medianas del gran Sestu Gordu y de parte de las vatsinas que vierten hacia Tixeirúa. La senda atravesaba poco después otro algo más pequeño, del que no conservamos su nombre, un pelín antes del faéu de Las Varas, y atravesando este se llegaba al Vatse Tseirón, una especie de valle colgado ya que no se le veía claramente la zona de desagüe, y ocupado en su totalidad por un tseirón, aunque estaba ya muy tamizado por una increíble colonización arbórea. También tenemos la Vatsina Tseirón de Tonante, en este caso en el solano del Monte, cerca de Fonculebrera

Al fondo La Tseirona y el Vatse Tseirón Julio 2017
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Por suerte también contamos con la versión ibiense o galega, en donde le llaman leirón o leira: Las Leiras, en donde lo único cambiado es el artículo, sería As Leiras, debajo de Pena Belosa, en las dos vertientes de la Vatsina Bovia y cuya característica principal es la de estar formadas por piedras más pequeñas de un blanco intenso, que las hace muy visibles desde lejos.

Las Leiras. Julio 2018

Como en cualquier monte que se precie también contamos con topónimos relacionados con la flora y la fauna de la zona. En lo relativo a la fauna sin duda el más importante es el del nombre mismo del Monte. En Mual a la comadreja (mustela nivalis) siempre se le ha llamado munietsa, por lo que Munietsus sería un lugar donde abundaría este pequeño mustélido, que gozaba de muy mala fama ya que era capaz de matar gallinas y conejos y devorar los huevos de las primeras y que se podía colar por pequeños huecos gracias a su pequeño y alargado cuerpo. Tal era su mala fama que a los "nenos del tsugar" nos asustaban con aquel dicho:
"Si te muerde una munietsa
nun te da tiempu a comer n´una escudietsa"
Lo cual, evidentemente, es falso, pero que a nosotros nos metía el miedo en el cuerpo. Para el que no lo sepa una escudietsa era un cuenco de madera que se utilizaba como los posteriores platos que antiguamente no había por estos lares.
Tampoco habría que desechar otro posible significado de Munietsus, relacionándolo con munnio o munno que significa altura, montículo o montaña y que se aplicaría a un lugar donde estas formas fueran abundantes, como es el caso de Munietsus.
Otro topónimo interesante es el de Los Ciervos, aplicado a una vatsina y al poderoso teso, y su llano alomado, que hacen variar la dirección del Ríu Tixeirúa, donde se encuentran. Si, en Munietsus hubo ciervos autóctonos (cervus elaphus), como en el resto de la Cordillera Cantábrica, pero en ambos lugares fueron exterminados entre finales del siglo XIX y principios del XX; me contaron hijos de guardas de Munietsus que sus padres habían oído hablar a sus mayores de ellos y que ellos mismos se habían topado, alguna vez, en el monte con los restos de sus grandes cornamentas. Su gran tamaño y el prestigio, yo lo llamaría de otra manera, que confería al que consiguiera abatirlo, fueron la causa de su desaparición. En Munietsus, sus antiguos propietarios los Condes de Toreno organizaban, de vez en cuando, batidas a las que invitaban a amigos y altas personalidades de la época; la caza con armas de fuego era entonces una actividad muy clasista que solo se podían permitir personas con muchos recursos, y fueron estos los que los exterminaron.
Luego, a mediados del siglo XX y con fines eminentemente cinegéticos, sociedades de cazadores y la Administración trajeron ciervos de otros lugares de España donde aún los había y tras un periodo de adaptación en una finca preparada a tal fin se iniciaron sueltas en lugares concretos, se aumentó la guardería y se prohibió su caza durante un tiempo. El resultado fue su recuperación en la mayor parte de la Cordillera. También se intento en el entorno de Munietsus, se soltaron cinco o seis ejemplares, machos y  hembras, por los montes de Villardecendias, pero los furtivos impidieron su reproducción.

Tixeirúa con el Teso Los Ciervos. Julio 2017

Pegado a Las Tablizas tenemos el Regueiro y el Teso Porciles; este topónimo Porciles deriva del nombre latino porcus que significa cerdo y que en Asturias y entorno se le llama gochu. Gocho es un nombre relativamente moderno, la toponimia nos indica que antaño su nombre habitual sería porco. Pero ocurre que el mismo nombre también se le aplicaba al xabaril porque a fin de cuentas un cerdo no era más que un jabalí domesticado, por lo que los topónimos Porciles, Porquera y similares hacen referencia a lugares frecuentados por ambos animales.
Contrariamente a la imagen actual o la que yo recuerdo de mi infancia y juventud de ver el gocho recluido en su "currietsu"(pocilga) esta atestiguada la costumbre de soltar al cerdo y dejar que este "pastara" y consumiera, cuando los hubiese, diferentes frutos que habían caído al suelo: tsande (bellota) (lande en ibiense), castañas, fayucos (hayucos, la semilla de la faya), ablanas (avellanas)...
En Las Tablizas antes de su relación con la madera habría una explotación agroganadera dependiente del Conde de Toreno. Sabemos que esta casa señorial tenía numerosas cuadras de gochos en la villa de Cangas, que eran engordados con bellotas procedentes de Munietsus, pero cabe suponer que también hubiese cuadras en Las Tablizas y que los gochos también se soltaran por el entorno para que se buscaran su comida, con el ahorro que ello supondría; el Regueiro y el Teso Porciles estaban cubiertos de robles por lo que no sería nada raro que los gochos los visitaran de forma asidua dada su cercanía. Queremos con ello decir que el topónimo Porciles, en este caso, puede estar más relacionado con los gochos que con los "gochos" salvajes.

Teso Porciles: Julio 2018
Regueiro Porciles, antes de Decutsada. Julio 2018

En Munietsus aparece el topónimo Fonculebrera, en dos áreas bien diferentes: El Vatse y Las Penas de Fonculebrera, en el solano despues de Decutsada, y la Vatsina de Fonculebrera de Penas Negras, en el avesiu, más o menos enfrente del anterior. Es un topónimo compuesto: Fon (de fonte= fuente) más culebrera, que no necesita traducción. Las culuebras servian para designar tanto a las culebras como a las viboras, con la excepción del lución, pequeña culebra que tenía nombre propio: escolancio, dado que era muy frecuente encontrarlo en los praus en la época de la siega y también era frecuente que las gadañas lo seccionaran en dos partes y que los nenos alucinaramos con los movimientos sin fin de la parte de la cola; la otra parte solía huir y decían los mayores que lograba regenerarse; también decían que no era venenoso pero que había que tener cuidado de que no te mordiera y te pudiera transmitir alguna enfermedad.
Esos topónimos aluden a zonas donde sería frecuente ver a estos animales pues había tseirones y roca madre, ambos aptos para ellos pues retienen bastante tiempo el calor que reciben del sol, pero también había el agua de una fuente donde beber y acechar a sus víctimas.

En primer termino Penas y Vatse  Fonculebrera. Julio 2018
Penas de Fonculebrera. Julio 2018

Vatse Fonculebrera. Julio 2017
En el centro Vatsina Fonculebrera de Penas Negras. Julio 2016

Solo quedarían los topónimos Furmigueiros, Furnigueiros para los de Valdebois, y el del Niu L´Aigla del Pico y Serrón del mismo nombre y que sin duda constituía el lugar ideal para que las águilas pudieran criar ya que es el teso más grande y rocoso de todo Munietsus, una auténtica cresta con zonas de muy dificil acceso. ¡ah! y el Tesu´l Páxaru, deslinde entre Mual- Moncou y la Reserva.
No quedan más topónimos de animales en Munietsus, pero para el que le interese el tema le daré una pequeña lista de los que hay en montes cercanos.
En Valdebois tendríamos: Braña da Fonte Sapeira, A Cova d´Oso, Pena da Curuxa, Regueira o corvo y Val do Can.
En La Viletsa: Fonte´l Oso, Grandizo La Fonte La Cuerva, La Pena´l Corzo y Pena´l Murciégano (murciélago).
En Mual: La Pena Las Milandreras (melandru = tejón), Tsamas del Gato Montes, Carbatsu´l tsobu, Las Azoreras, El Vatse La Rapiega y La Fonte´l Sapo.
Para la toponimia referente a la flora nada mejor que comenzar con el árbol más emblemático de Munietsus; solo contamos con un nombre, pero sin duda es representativo: Rebotsón del Campu Counio en la zona de Bisnuevo. Vereis, en Mual y todo el alto Narcea todos los robles se llamaban rebotsos, la palabra roble es de origen castellano, aunque poco a poco también se fue haciendo muy popular, sobre todo en aquellas zonas que con motivo de cortas madereras recibieran gentes de fuera que difundieran el término; Munietsus fue una de las primeras zonas en lo que esto ocurrió y todas las personas, en este caso varones, que tenían algún tipo de relación con este monte, sabían lo que era un roble, pero la mayoría seguía hablando de rebotsos.
Pero los rebotsus no eran todos iguales, todo el mundo diferenciaba el rebotsu albar (Quercus Petraea) del rebotsu sapiego (Quercus Pyrenaica). Dentro del Monte Munietsus el rebotso más abundante era el albar, pero no era el único, el Quercus Orocantabrica no tenía un nombre propio popular que lo diferenciara y creo que el paisanaje lo confundía o lo relacionaba con el sapiegu; a fin de cuentas solo en tiempos muy recientes han conseguido los botánicos testar su carácter de subespecie, independiente de las otras. Por su parte el propio sapiego solo roza y penetra algo en los bordes mas solanos y secos de la Reserva, siendo por el contrario muy abundante en los montes cercano de Mual y Oubatsu. Por lo tanto el Rebotsón del Campu Counio es más que probable que fuera un albar.

Un pariente del Rebotsón, Roble de Fonculebrera aún lozano.2000

Quercus Orocantábrica.Inicio Fonculebrera. Foto Astor. 2017

Ya fuera de Munietsus, en las partes más bajas del valle y cerca de Mual posiblemente hubo, en épocas con un clima algo más cálido y seco algunas manchas de carbatsus (Quercus Robur), tal y como indican una serie de topónimos: el Vatse y La Fonte Los Carbatsones, Carbatsu´l tsobu y El Carbatsalín. Su presencia en zonas bajas también se daría, por ejemplo, en el Monte La Vilietsa, con topónimos como Los Carbatsalinos y El Carbatsalín. En Ambos valles, Narcea e Ibias, en la actualidad está presente en zonas más bajas y acabará siendo el dominante. 

8/08/2018

El Monte y el guía de Munietsus 7

Cuantos más bosques conocía más me convencía la singularidad del Monte Munietsus. Tuve que visitar algunas zonas de las que tenía poca información y revisitar otras, pues también tuve que realizar otro informe de él.Nada de lo que conocía se podía comparar con el inmenso "lomo" de Sestu Gordu y su grandioso faéu, este y el de Las Varas competían en igualdad con las mejores zonas del faéu de Monesteriu d´Ermu y superaban ampliamente los conocidos de Navarra; el robledal-faéu de las zonas del Cándanu, L´astaca, Los Ciervos o Decutsada no tenían parangón. Es cierto que muchas zonas estaban degradadas pero también lo es que la potencia regenerativa era inmensa. Quizás debido a su, relativamente, gran tamaño, nunca he visto un monte con tanta energía.
Creo que es esa energía, invisible pero de alguna manera presente, la que hace que muchos visitantes sientan algo de miedo al internarse en Munietsus;  la exuberancia con la que a veces se muestra el bosque puede abrumarlos, hacerles sentir pequeños y desvalidos. Cuando hay amplias vistas se pierden en la inmensidad del paisaje; pero lo peor para ellos viene durante la bajada: durante dos o tres horas se ven envueltos por el bosque y no es raro que lleguen a sentir claustrofobia; lo que para algunos, entre los que me encuentro, es una maravilla, para otros es una experiencia cuando menos desagradable.
En mis primeras visitas completas a Munietsus también yo me perdía en esa inmensidad: la diferencía radicaba en que a mí jamas me ha dado miedo el bosque.
En realidad el Monte Munietsus no es tan inmenso, ¿o sí?, dicen que tiene 2.695 hectáreas, pero esta medición, como casi todas, es falsa, pues se aplica a superficies planas y Munietsus es cualquier cosa antes que plano; si lográramos estirar su superficie hasta hacerla plana nos encontraríamos con una superficie mucho mayor. En la práctica, en la realidad la superficie es mayor, bastante mayor teniendo en cuenta el relieve del Monte; los desniveles son elevados, Las Tablizas están a 670 m. de altitud y el Pico Candanosa, por ejemplo, a 1680 m. Cada valle general esta recorrido por decenas de vatsinas y centenares de vaguadas, me acuerdo que en mi juventud circulaba una leyenda que decía que Muniellos tenía tantas vallinas como días tiene el año.
Para situarnos en esa "inmensidad" son imprescindibles los mapas topográficos. Tengo que decir que a mí siempre me han fascinado, tanto antes como durante y después de una excursión; antes para saber a lo que te vas a enfrentar,durante para situarte y después para revivir mentalmente la experiencia. Puedo pasar horas y horas observando y analizando un mapa y cuanto menor sea la escala, con lo cual aumentan los detalles, más disfruto.
Durante mucho tiempo solo tuve acceso a los cartográficos, primero del Instituto Geográfico Nacional y posteriormente del Ejercito, de escala 1:50.000; que significa que 1 cm. del mapa en la realidad son 50.000 cm. ( o sea 500 m.o 0´5 km.), teniendo en cuenta lo de siempre: son medidas en plano por lo que si el relieve no es totalmente llano el segundo número siempre será más elevado en la práctica. Utilizándolos como base los había usado para cartografiar las minas auríferas romanas y su infraestructura, los castros y las vías de comunicación en la tesina que había realizado.
Sobre el mapa, el del Concejo de Cangas del Narcea ocupaba cuatro hojas y parte de otras dos, colocaba una plancha de papel cebolla sobre la que iba trazando los ríos y sus afluentes. que a veces venían dibujados en el mapa original o que se insinuaban por la forma de las curvas de nivel. Dibujada la red fluvial pasaba a dibujar los diferentes hallazgos, que quedaban así perfectamente localizados. Luego hacía una fotocopia de la plancha y la retocaba con rotuladores, escribía los topónimos y creaba la leyenda. Era como un trabajo de artesanía que llevaba su tiempo, pero además de gustarme era el único al que tenía acceso.Esa forma de trabajar con los mapas es la que he mantenido a lo largo de mi vida y creo que moriré con ella
Los primeros mapas para el público, editados por el ICONA en los folletos de divulgación de la Reserva, eran muy esquemáticos. En el 83 editaron uno más detallado, con curvas de nivel.
Mapa del ICONA 1983


Mismo mapa fotocopiado y plastificado para las excursiones
El mapa tenía un gran fallo, estaba adulterado ya que los topónimos estaban castellanizados. La toponimia y en un sentido más generalizado "las lenguas" es una cuestión muy delicada que no conviene menospreciar. En Asturias, como creo que en otras muchas zonas de España, existen muchas lenguas, todas ellas derivadas del latín, pero bastante diferentes entre sí. Desde la Administración central del Pricipado de Asturias y la Academia de la LLingua hablan de los bables de Asturias: el oriental, el central, el occidental y de otro aún más occidental. El más occidental es el que se habla al occidente de la Sierra del Rañadoiro y su prolongación hasta el mar Cantábrico, que en realidad es una variante, de las cuatro o cinco que hay, del gallego, a pesar de lo cual la Academia lo sigue considerando como un bable más (gallego-asturiano).  En la práctica el bable dominante, el establecido por la Academia, es el central y ha establecido una serie de normas para este y para que el resto se adapten a él.
Pues bien, el Monte Munietsus es una zona de deslinde y de confluencia entre el bable occidental y él, llamemos a las cosas por su nombre, galego (fala del Eo-Navia). Munietsus antes de tener una explotación forestal la tuvo ganadera: ya desde antiguo era propiedad de una casa nobiliar que explotaba directamente una pequeña parte del Monte, el resto lo cedió o arrendó el uso de los pastos a los pueblos limítrofes, muchos de los cuales es de suponer que fueran sus antiguos propietarios, pero manteniendo la propiedad del suelo y su control para actividades como por ejemplo la caza o cortas madereras esporádicas, a las que se sumarían la cortas ya más planificadas con destino a la industria naval ya desde fechas muy antiguas (1768).
El uso que las personas hacen de un territorio hace que este se llene de nombres por cuestiones meramente prácticas. Así, en los fondos de los valles y las zonas altas que lindan con el Concejo de Ibias hay una confluencia de topónimos galegos y de bable occidental, dado que ambas comunidades lingüísticas hacían uso de este territorio. Por razones de cercanía geográfica y mayor uso creo que los topónimos más antiguos son los galegos y que posteriormente se fueron desarrollando los de bable occidental, unas veces adaptando los galegos. otras veces aceptándolos tal cual con mínimos cambios y otras veces creando topónimos nuevos.
Ejemplos de adaptación serían: Piélago (de Pélago), Boizuna (Boizona), Tixeirúa (Tixeiroa), Miradoiro (Miradeiro), El Penón de Las Tsagunas ( A Pena das Laguas), La Veiga Las Gallegas (A Veiga As Galegas), La Veiga Los Trabois (A Veiga dos Trabois)...Casos de aceptación serían: Las Leiras, Los Pradallos, Portelín y algún otro más. Los más numerosos serían los de nueva creación, con la particularidad de que eran desconocidos por los habitantes de los pueblos de Ibias cercanos: todos los que llevan Candanosa, por ejemplo el Pico Candanosa al que los de Alguerdo llaman Pico Cazarnoso, L´Orriu Valcarcel, Piedra Valcarcel que en Alguerdo denominan Pico d´Angarisal, Pena Belosa ( Pico regueira d´Ovella) etc.
En honor a la verdad aún desconozco algunos topónimos galegos dado que mis informantes habituales eran de Mual y su entorno. Por cierto los de los pueblos de Ibias cercanos le llamaban a Munietsus Moelos, y pueblos como Villardecendias, Oumente y Alguerdo tambíen se pueden considerar como portales de este Monte.
El resto del Monte tiene ya una toponimia propiamente de Bable Occidental, pues era utilizado por personas de los pueblos cercanos, Mual, Oubatsu y varios de la zona de Rengos que hablaban esa tsingua.
En realidad el Bable Occidental forma parte de una comunidad linguística que desborda ampliamente Asturias y que podríamos llamar astur-leonés occidental que se adentra hasta Zamora, Norte de Salamanca y el Tras os Montes portugués, con ligeras diferencias entre sus componentes; en Cangas y un amplio entorno se utiliza la mal llamada "che" vaqueira, un peculiar sonido, solo ligeramente parecido a la che (ch).
Recuerdo una escena familiar, que se debió de repetir muchas veces pero que yo solo pude presenciar un par de veces: mi padre, Sabino, y mi hermano Naciu estaban sentados juntos y mi abuela Rosabra, a la que todos llamábamos afectuosamente "Mamina", estaba un poco más alejada. Naciu le había hecho entender a nuestro padre que el sonido "che" se escribía de dos maneras: uno con la "ch" normal y otro con la "ts" para la che vaqueira; Naciu le decía una palabra que llevara ese sonido y le pedía que le dijera como se escribía. Sabino repetía la palabra en voz alta, aplicándole los dos sonidos, no una ni dos veces sino unas cuantas veces y luego decía "esa con ts" o "esa con ch"; a veces mi padre dudaba y entonces Naciu se volvía a nuestra abuela y le decía "Mamina ¿cómo se dice tsugar?", pongamos por caso, y ella decía "¡coño! como se va a decir: tsugar" y oyendo su pronunciación a mi padre ya no le quedaban dudas "si, esa es con ts". Con medios tan parcos, Pero tan fiables, avanzaba mi hermano en el conocimiento de la Tsingua, en un momento en el que su conocimiento y difusión estaban en pañales.
La Academia impone que la representación gráfica de la che vaqueira sea con una doble "l" con un punto debajo de cada "l", pero como ni en las máquinas de escribir ni en los teclados de los ordenadores existe esa posibilidad, habría que ir a grafías especiales, tambíén aceptan que se haga con una "l",  un punto y otra "l" (l.l).
Hay quienes opinan que lo que realmente pretende la Academia es lograr una uniformidad de los bables y conseguir que sea la doble "l" la que se acabe imponiendo, que desaparezca la che vaqueira y que perdure la "ll" tipica del bable central, es decir, del oficial. Pese a alguna oposición, parece que esa tendencia será la dominante, sobre todo teniendo en cuenta el control que la Academia tiene sobre las publicaciones en bable. Si alguien quiere publicar algo en bable occidental, tiene que pasar por el aro. Las publicaciones en bable tienen aún un mercado muy reducido, nunca son rentables, lo que hace imprescindible el patrocinio y la colaboración económica de la Academia, que solo las concede a quienes sigan sus normas.
Yo he optado por representar la che vaqueira con la grafía "ts" porque es con la que estoy más familiarizado, ya que esta fue la más utilizada cuando se empezó a escribir en bable occidental. Escribir Muniel.lus en lugar de Munietsus me parece algo artificial y cuando lo veo escrito me cuesta entenderlo
Otra particularidad que me gustaría comentar es el del final de ciertas palabras que lo hacen en "o" o "u" y sus plurales; ambas pertenecen a un mismo sonido, a medio camino entre dichas terminaciones, por lo que da lo mismo escribir Munietsus que Munietsos, Sestu Gordu que Sesto Gordo, Refuexu que Refuexo, Entamburríus que Entramburríos...
El mapa del 83 se limitó a copiar, eso si seleccionando e incluyendo alguna novedad, de otro mapa.En los años setenta el ICONA compró el Monte Munietsus y despues, en 1979 para utilización interna elaboró un excelente mapa topográfico a escala 1:10.000, una auténtica gozada con un detallismo preciosista; pero el ICONA era un organismo de aquella "España una..."y claro los Topónimos estaban castellanizados
Mapa del ICONA 1979

Detalle zona de Las Tsagunas
Esto de castellanizar topónimos de Bable Occidental y de Galego es un tema complejo, muy complejo. Vaya por delante que yo no tengo nada en contra del castellano, ya que es la lengua en la que escribo y en la que, y eso es más importante, pienso.Decimos que es complejo porque una de las características de la toponimia es la de fijar nombres y palabras que pueden tener bastante antigüedad; la lengua hablada o escrita puede evolucionar pero los topónimos no cambian, o lo hacen muy lentamente. Los propios usuarios de los topónimos desconocen, en muchísimos casos, el significado que encierran, repiten lo que oyeron a sus mayores, los cuales hicieron exactamente lo mismo.
Si los propios nativos desconocen el significado de cada topónimo que decir de los encargados de traducirlos al castellano para plasmarlos en un mapa; el resultado es en la mayoría de los casos algo puramente aberrante. Pensemos por ejemplo en el caso del primer valle que hay después de Las Tablizas, en la zona se le llama Regueiru Decutsada, en la traducción aparece como Arroyo de Degollada. Los nombres cutsau, cutsada y otros similares hacen referencia a un paso de altitud relativamente baja entre dos picos, en una sierra; su traducción al castellano es sencilla: collada, collado. Aquí Cutsada hace referencia a La Mesa (La veiga´l Pumar) a 1200 metros de altitud, situada entre el Picu La Baxancada (1564 m.) y el Picu La Mesa (1440 m.) que comunicaba Munietsus con el Vatse Cabreiro, y desde este se accedía en poco tiempo al Puerto del Counio. La traducción correcta al castellano debería haber sido Reguero de Collada.
Otro ejemplo, en el Ríu Tixeirúa aparece el topónimo Crestón de El Condado,una rara traducción de Teso´l Cándanu; en esta zona cándanu hace referencia a un gran árbol, en concreto un roble, seco y de color blanquecino, que puede permanecer de pie durante bastante tiempo a pesar de estar muerto; es un topónimo que se repite y que esta en la base de otro muy abundante en Muniellos: Candanosa, que significa abundancia de cándanus.
Un último ejemplo, en este caso, de un topónimo galego; en la cabecera del Ríu Tixeirúa hay una braña, una fuente, una laguna y una vallina, todas con el topónimo según el mapa de Aveizuna. El nombre originario es Boizona, adaptado a Boizuna en el bable occidental o Beizuna que es como aparece en La Vilietsa, como Pico La Beizuna, cerca del Pico La Gubia, y La Beizuna, debajo del anterior, en el nacimiento de La Vatsina La Zreizal, en altitudes cercanas a los 1500 m. La "A" inicial fue un desliz del traductor ya que al preguntar por el nombre, los de Villardecendias, que eran los que utilizaban esa zona, le dijeron "A Boizona" y el mantuvo la "A" inicial sin darse cuenta de que era un artículo (La Boizona) y como Aboizona le pareció muy grosero lo transformo en Aveizuna.
Boizona es una palabra muy antigua que reflejaba un sector económico que luego cambiaría; una Boizona era una zona acotada, reservada en exclusiva para los bois (bueis = bueyes). Un buey en castellano hace referencia a un toro castrado, pero en esta zona, tanto la de Ibias como la del Narcea boi-buei designa tanto al toro como al toro capado; la Boizona se reservaba para los capados, posiblemente para evitar que transmitieran enfermedades a las vacas; en las brañas normales los toros siempre estaban con las vacas, para facilitar la reproducción.
Que se reservara una braña para los toros capados indica la importancia que estos llegaron a tener, utilizados para tareas de tiro, de carga y como excelentes productores de carne. Esta importancia decaería posteriormente cuando la ganadería bovina fue orientándose cada vez más hacia la producción de leche.
Ni que decir tiene que la edición del mapa del 83 levantó numerosas críticas, en concreto desde el Cuelmu Ecoloxista Pésicu protestamos y nos ofrecimos a la Consejería de Agricultura y Pesca del Principado  a la que el ICONA había transferido las competencias sobre la Reserva, de forma desinteresada, para revisarlo y poner la toponimia auténtica. La Consejería aceptó, aunque nunca nos reconocieron la labor.
Dentro del Cuelmu el mayor especialista en bable era mi hermano Naciu; con el hicimos alguna visita al Monte Munietsus y en Mual consultamos con algunas personas que más o menos lo conocían. Pero el asunto nos superaba, el que más sabía del Monte era yo, pero no lo suficiente; comenzábamos por una ladera e íbamos valle por valle, los informantes nos confirmaban o no los nombres del mapa y con Naciu debatían sobre su correcta pronunciación, pero pronto surgieron problemas, los topónimos no coincidían ni de lejos y nos acabábamos perdiendo, el informante y nosotros, en aquella marabunta de vatses y vatsinas.
A pesar de que teníamos dudas no nos quedó otra que aceptar muchos nombres como válidos y buscar su equivalente en bable occidental, también suprimimos algunos muy dudosos y añadimos y cambiamos algunos que teníamos muy contrastados. 
Remitimos a la Consejería un mapa como el del 83 con los topónimos "reales" y en el 85 el Principado editó un precioso mapa topográfico con curvas de nivel y colores hipsométricos, a escala 1:20.000 de la Reserva Biológica de Munietsus, que abarcaba algo de su entorno y con la toponimia en bable occidental, nosotros la enviamos con la grafía "ts" pero alguien se encargo de transformarla en la aceptada por la Academia.

Mapa de 1985

Detalle del mismo mapa
Como el mapa del 83 este también se plegaba y en el reverso también venían algunos datos sobre la Reserva y en donde no se corrigieron una serie de errores que habían aparecido en el primero, como el clima en el que se sigue diciendo que "es de carácter centroeuropeo". En lo relativo a la flora ya no se afirma, como hacía el primero, que la especie dominante es el carbayu (quercus robur) y solo se dice que el árbol dominante es el roble, sin especificar más. El roble dominante, como todos sabéis, es el albar (quercus petraea) y junto a él en numerosos avesius hay importantes faéus. Por contra la presencia de tejos es muy reducida y localizada en un único punto.

Mapa del 85. Reverso

Mapa del 83.Reverso
Recientemente se ha editado un nuevo mapa, del que nada puedo decir porque no he tenido aún la oportunidad de hojearlo.

6/13/2018

El Monte y el guía de Munietsus 6

Cuando, más o menos, acabé el trabajo de campo de la tesina tenía en mi poder no solo un censo de castros y minas romanas sino también otro de los bosques del Concejo.
Lo cierto es que los bosques, a simple vista, suelen engañar. De lejos todos se parecen: una mancha forestal más o menos grande, pero cuando los recorres y analizas, ves las enormes deferencias que hay, y no me refiero a que unos sean robledares, otros faéus...sino al de su calidad, al de su estado. En muchas ocasiones me ocurrió que veía un bosque desde lejos que parecía excelente y luego al recorrerlo me veía decepcionado: arboleda joven, arboleda vieja pero muy deteriorada, huellas evidentes y otras menos conspicuas, que solo con el tiempo fui descifrando, de incendios y de talas madereras.
Puedo decir con rotundidad que no existe ningún bosque, al menos yo no lo conozco, que no haya sido talado. Que nadie quiera venderos la película de "bosques milenarios", "vírgenes" o expresiones similares, porque es falso; es falso para toda la Cordillera Cantábrica y creo que también lo es para cualquier punto de la piel de toro que conforma España. No hay ningún rincón donde la sierra, los árboles no se cortaban con hachas sino con sierras mecánicas movidas a mano por dos operarios (los celebres tronzadores), no haya estado presente. La leyenda esa de "zona preservada por su difícil acceso" es eso , una leyenda, como mucho contribuyó a que el esquilme no fuera total y favoreciera la regeneración natural.
De todas formas por degradado que se encuentre un bosque, este siempre es interesante y que duda cabe que enriquece el paisaje, ademas de cumplir con las funciones biológicas que le son propias.
Pero el conocimiento de los bosques del Concejo, a algunos aún les debo una visita, no me hizo sentir satisfecho, sino todo lo contrario, azuzó en mi el deseo de conocer otros. Empecé a anotar los más emblemáticos de los que entonces había información, primero de Asturias en la Cordillera Cantábrica, luego de Navarra...Intenté inculcarle mi pasión por la naturaleza a mi compañera Miry y ya desde Oviedo habíamos realizado alguna excursión: el Sueve, el Aramo, el Macizo Occidental de Los Picos de Europa, los desconocidos montes y bosques de la zona de Sobrefoz... y ya instalados en León largas visitas, con tienda de campaña, a los bosques de Sajambre, entrando desde los de Valdeón; al mítico bosque del Monte Peloño, a varios hayedos navarros y a su renombrado bosque de Irati. Pero mi compañera sufría mucho por las largas caminatas, cargando con pesadas mochilas y se fue desvinculando del tema. Seguí saliendo al monte con algunos amigos, pero no tan frecuentemente como antes.
Amigos del Cuelmu, desde Asturias, me informaron de que había salido a concurso una plaza de Guía de la Naturaleza en la Reserva Biológica de Muniellos, era de corta duración, unos siete meses, pero era interesante. Con escepticismo preparé mi "currículum" y presenté la solicitud. Pero creía que la plaza ya estaba dada de antemano debido al "enchufismo" que existe en la Administración. Pero inopinadamente fui yo el elegido, aunque tal vez influyó el que el Cuelmu, y yo entre sus miembros, había colaborado desinteresadamente con la Consejería de Agricultura y Pesca en la corrección de los topónimos de un mapa de la Reserva.
La labor consistía en recibir, guiar y asesorar a los alumnos-as de colegios e institutos que previamente habían solicitado realizar esta actividad. Se le entregaba un cuaderno-libro, en el que iba incluido un excelente mapa de la Reserva, a cada asistente; había dos tipos de libro, uno para los alumnos-as y otro, algo más amplio, para los profesores. En dicho cuaderno-libro había que ir anotando el resultado de una serie de actividades, primero visitando un robledar del solano, en Decutsada, luego un faéu, el de enfrente mismo de Las Tablizas, un corte en el suelo, el que cortaba el Tesu L´Armadina, y una visita al bosque de ribera, internandonos un poco por el Ríu Munietsus.
Estaba previsto recibir al personal en Las Tablizas mismo y así lo hice, pero pronto surgió un problema: desde Mual a Las Tablizas había una pista de tierra con buen suelo pero con algunas curvas difíciles y algunos autobuses grandes las pasaban canutas para llegar y otro tanto, luego, para salir. Lo curioso es que era el segundo año que se realizaba esta actividad y que el problema ya se tendría que haber detectado con anterioridad pero...

Portada libro del profesor y mapa


Interior libro y mapa

De común acuerdo con el encargado de la Consejería decidimos que los autobuses se quedaran en Mual y subir andando. Yo los esperaba junto a Casa Abel, donde había espacio para darle la vuelta y aparcar el autobús. Allí comenzaba el camino que atravesaba el pueblo y que se separaba de la carretera que subía al Puerto del Counio con destino a Ibias.

Entrada de la Reserva. 1987

Mismo lugar con otro cartel

Era una larga caminata de unos cinco Km. hasta Las Tablizas y otros cinco para volver, aquello trastocaba totalmente los planes. Tras darle muchas vueltas al asunto decidí hacer una serie de paradas durante el recorrido: una panera del pueblo pegada al camino, un cortín de colmenas en Prau Nuevu, la Vallada del Palenque, el bosque de ribera de Burduceu y otras cosas que iban surgiendo. Tuve que documentarme sobre todas estas cosas pues algunas me eran poco conocidas hasta dominarlas más o menos, al fin y al cabo la etnografía y la naturaleza están muy relacionadas entre sí y disfruté mucho con su estudio.
En Las Tablizas habían construido, especialmente para estas visitas, del otro lado del río en la llanada de la serrería, una especie de gran tendejón cubierto que nos servía de campo base y que cuando el tiempo era lluvioso valía su peso en oro, ¿dónde si no podrían guarecerse y disponer de espacio cuarenta o cincuenta personas como las que a veces nos juntábamos?.

Fuera del tendejón
Ídem anterior
Dentro del tendejón, día lluvioso

Seguíamos utilizando el cuaderno-guía pero cada vez cobró más importancia la improvisación. Me esforzaba por hacerles comprensibles las cosas y que todo lo teórico lo pudieran comprobar "in situ". A veces tenía que adaptarme a las apetencias de los grupos, si eran de institutos y preferían andar más, dejábamos de lado el cuaderno y alargábamos más la visita por el robledar, el faéu o río arriba. Cada poco parábamos y les explicaba lo que estábamos viendo o simplemente andábamos y que cada cual sacara sus propias conclusiones, según desearan. La verdad es que las cosas funcionaban de bien a muy bien.

Debajo de la casa de Las Tablizas

Pero la labor de guía llevaba pareja otras obligaciones, algunas ya previstas en el contrato firmado y otras a discreción de los encargados de la Consejería. Entre las primeras figuraban informes sobre los dos Montes recientemente unidos a Muniellos: Valdebois  y La Vilietsa, con especial atención al trazado de sendas para posibles visitas a estos lugares; informes sobre la labor de monitor con los colegios. Me entregaron copia de los informes que el anterior monitor había realizado para que me sirvieran de guía y un estudio histórico de Muniellos que había realizado, así como un mamotreto de fotocopias de documentación sobre el tema para que intentara rehacerlo.
Entre las segundas se me pidió un informe sobre las zonas desarboladas que había en los Montes de Valdebois y La Vilietsa con vistas a una posible repoblación forestal, obviamente con aquellas especies autóctonas que deberían existir si en vez de una "granda" hubiese un bosque, o sea con la vegetación potencial de cada zona. También  tenía que consultar a los habitantes de ambos pueblos en que terrenos se podían hacer sin perturbar la utilización que del monte hacía el ganado que poseían.
En Valdebois quedaban muy pocos vecinos pero se mostraron reacios sobre el tema, excudándose en que el ganado utilizaba todo el monte. En La Vilietsa había muy poco ganado y nadie puso ningún reparo.
Presenté el informe, acompañado de un mapa con la localización de las grandas o calvas, pero el proyecto terminó en eso, en proyecto, creo que en la Consejería acabó triunfando la discutible idea de que era mejor dejar que fuera la propia naturaleza la que marcara su destino, que fuera ella misma la que se repoblara.
Para realizar este informe y para ir preparando los otros tuve que ir desplazándome a dichos lugares. Seguía sin tener vehículo y aprovechaba días sueltos en que no tenía visitas.Pero pronto me di cuenta de que así me iba a resultar muy dificil, por no decir imposible, completar los informes. Decidí programar visitas más largas y quedarme a pernoctar en ambos pueblos, para no perder tiempo en traslados.
Me levantaba antes de que amaneciera y regresaba al pueblo cuando empezaba a oscurecer. ¡Qué gozada!, realizar una actividad remunerada que al mismo tiempo constituía mi verdadera pasión; las horas hábiles de cada día eran insuficientes, si por mi fuera estas deberían durar mucho más, por las noches me dormía esperando con ansiedad que amaneciera y luego me perdía por los bosques. Bueno, lo de perderme es una metáfora, no podía permitirme ese lujo, tenía que ir tomando notas, tenía que estudiar, en la medida de mis posibilidades, el paisaje.
Analizar el paisaje no era algo nuevo para mí, durante el trabajo de campo de la tesina ya lo había tenido que utilizar y al principio me había dado más de un quebradero de cabeza, sobre todo el referente a las explotaciones auríferas romanas, pues estas no siempre tienen una forma explícita. A veces no sabía exactamente que es lo que buscaba; se trataba de desmontes, de formas producidas por la mano del hombre, pero en muchos casos estas son difíciles de diferenciar de las producidas por causas naturales, una "fana" o un "argayo" natural tiene muchas semejanzas con una explotación aurífera a cielo abierto pues en resumidas cuentas ambas son producidas por la acción del agua sobre terrenos pendientes. Aplicarlo al bosque era algo más nuevo para mí.
Por lo general siempre he tomado alguna nota de mis excursiones, pero hasta entonces eran mínimas y muchas veces la emoción y el deseo de ver y sentir me hacían desistir; era una pérdida de tiempo anotar la belleza de un árbol, de un recodo, de un rincón, además con que palabras podía hacerlo. El vocabulario y la palabra escrita tienen muchas limitaciones, al menos las que yo puedo utilizar; siempre quedan sin plasmar las emociones y las profundas sensaciones que provocan; no se pueden transmitir, solo se pueden sentir. Cuando describes, por ejemplo, una senda y luego lo relees, notas que es algo frío, escribes que gira, que sube, que baja...y cuando lo escribes tú, realmente, estás allí, viendo y sintiendo ese giro, esa subida y todo el entorno. Pero alguien ajeno cuando lo lee solo ve lo que está escrito y piensa que es un plomazo.
Esto es precisamente lo que me hace a veces dudar de la utilidad de este blog. Si quieres sentir realmente la naturaleza de nada sirven las descripciones, las fotos, los vídeos, los...simplemente sal al campo, deja que la brisa roce tu cuerpo, en silencio y en soledad siente la quietud o la algarabía que bulle a tu alrededor; olvídate de todo y preocúpate solo de sentir, déjate llevar, no tengas miedo el viaje merece la pena y te reconfortará. Toca, abraza a un hermano árbol y percibirás su energía, prueba si no a hacerlo con una piedra y notarás la diferencia. Es fácil, no se necesitan conocimientos de ningún tipo, no dejes que te lo cuenten, siéntelo.
Decíamos que de nada sirven las descripciones, las ...esperemos que en este caso no sea así. Sentir la naturaleza es sencillo y complicado al mismo tiempo; la puedes percibir utilizando los sentidos, como hacen todos los animales, pero para sentirla tienes también que utilizar la mente. La mente es ese prodigio natural que solo posee el ser humano, algo que nos permite, entre otras cosas, abstraernos, viajar y estar en otro sitio sin necesidad de movernos. Sentir que sentimos es una facultad exclusivamente humana.
Además de percibir el entorno el ser humano ha procurado , desde su origen, entenderlo, y a raíz de ello ha surgido la cultura, o al menos una rama de esta, interesada en responder a la eterna pregunta del porqué. Sin duda el conocimiento y comprensión de la naturaleza hace que la podamos amar y sentir más a fondo.
Esa doble vertiente, la más natural y la cultural, es la que ha guiado, a partir de entonces, mi relación con la naturaleza y en especial con los bosques. Sentirlos, pero también analizarlos, y es entonces cuando este blog cobra algo de sentido.

5/31/2018

El Monte y el guía de Munietsus 5

La excursión al faéu de Monesteriu-Xedré fue una semana inolvidable, lejos del mundo conocido, sin ver a ninguna persona en esos seis días. La prospección arqueológica dejo de existir, solo tenía, y no era poco, el bosque. Como ya he insinuado, aquí fue la primera vez, aunque no sería la última, que me sentí plenamente integrado en la naturaleza, era una parte más del bosque. Se había despertado el instinto más básico del ser humano, era un animal más, deambulaba por el faéu atento al más mínimo ruido, moviéndome instintivamente; solo despertaba mi espíritu racional cuando algo llamaba poderosamente mi atención y exigía una interpretación.
Utilizaba unos mapas del Instituto Geográfico y Catastral de escala 1:50.000 y a pesar de que se ven en el pocos detalles descubrí un error de bulto. Desconocía y aún desconozco los topónimos reales de este monte y solo puedo mencionar los que traía el mapa. Al primer gran valle lo llama Arroyo de Cerezaléu (Creizaléu en bable occidental) y al segundo Arroyo Ordalecha y ambos aparecían como valles individuales, cada uno con su propio desagüe al río Narcea. Pero lo que yo veía y recorría en la realidad era diferente: ambos arroyos se juntaban y desaguaban en un único punto. La controversia creada me obligó a recorrer varias veces la zona hasta certificar el error del mapa. En una edición posterior pude comprobar que el fallo se había corregido.

Mapa con errores


Revisando actualmente los mapas de la tesina advertí que en ellos aparecía el mismo error, pues aquellos mapa del Instituto habían sido la base para la creacíon de los míos y como en esa zona no tenía nada catalogado se me había olvidado su corrección.
También llamó mi atención la existencia de unos teixus (taxus baccata) pequeños, con una disposición muy rara; parecían más un arbusto que un árbol, salían en matas delgadas y de poca altura y ademas abundaban bastante. Dudé de si eran teixus y dándole vueltas al asunto me acordé de una conversación con Collar, el amigo de Xedré, que tuvo un rebaño de cabras y que había tenido que deshacerse de el porque se comían todos los árboles que estaban naciendo. Era evidente que hasta allí no habían llegado las cabras, pero si sabía que en la zona había una abundante población de corzos y rebezus y llegue a la conclusión de que eran estos los que ramoneaban los teixus e impedían su crecimiento.
A este impresionante y enorme faéu, a las 1500 ha de Monesteriu hay que sumarle las de Xedré, había algo que le quitaba valor: la existencia de minas de interior de carbón; con alguna me topé durante mis recorridos. La minería no solo supone la bocamina, sino que lleva pareja una serie de transformaciones del entorno, provocado por las pistas por donde circulan los camiones, las escombreras...No recuerdo haber visto lavaderos de carbón que son los que más contaminan (estos estaban cerca del río pero en la ladera derecha del Narcea, un poco por debajo del pueblo). No había nadie trabajando pero creo que aún estaban en activo. Lo cierto es que cortaban la magia del bosque porque estaban incrustadas en el, a medio camino entre Xedré y Monesteriu.
Años más tarde en una visita a las partes más altas del valle que aún desconocía, pude ver algunas, ya abandonadas, cercanas a la braña de Fuentes del Narcea, en las cercanías del nacimiento de este río y de las camperas de La Veiga´l Palo de Cabuatses D´Arriba, donde también las había y que han acabado cerrando este año. No eran bocaminas muy grandes, pero había grandísimas escombreras ladera abajo, por entre el abedular.
Recientemente he vuelto a visitar la zona donde estaban las minas bajas y me vi gratamente sorprendido. Alguien que no lo sepa de antemano es probable que no se de cuenta de que allí las hubo. Las fayas desmochadas (tala maderera alzada del suelo) han rebrotado con potentes guías y la abundante hojarasca ha acabado tapando los escombros; queda algún resto pero la recuperación del bosque es sorprendente.

Faya desmochada.2017
Restos relacionados con la minería. Foto Ástor. 2017


Ya estando de Guía en Munietsos, como no disponía de tanto tiempo libre, me conformaba con ver, de vez en cuando, este mar arbolado y para ello nada mejor que subir a La Penona de Xalón, el mejor mirador natural de toda esta zona. Con algún amigo que disponía de vehículo nos acercábamos al pueblo de Xalón y luego tras una breve caminata ya estábamos en aquel risco, impresionante farallón calizo con una brutal caída por la parte de abajo, pero con el atractivo de una colladina, eso sí diminuta, por la parte de arriba. Allí sentados, dejando volar nuestros pensamientos, solíamos pasar toda la tarde oteando el grandioso faéu y el resto del entorno.

La Penona de Xalón. Foto Ástor.2017

De todos los castros inventariados en la tesina , solo uno de ellos esta enclavado en un auténtico bosque: Los Castietsos de Rengos.
Es curioso pero en Cangas cuando se habla del Ríu de Rengos todo el mundo entiende que este es el que llega a la villa procedente del oeste, cuando en realidad el nombre de este río es Narcea.
La zona de Rengos es un tramo donde la confluencia de varios ríos (Munietsus, Gillón, el propio Narcea, Riumulín y Regueira Lus Praus) ha creado una gran vega, que va desde Ventanueva a Pueblo.
A diferencia de Riumulín, un largo valle con una cabecera doble, Regueira Lus Praus, de 1200 ha., es como un gran triángulo invertido cuyo vértice sería Pueblo de Rengos, aunque también tiene dos cabeceras: Lus Pusadoiros y la propia Regueira Lus Praus y que a pesar de que sus lados, constituidos por laderas, están muy desarbolados todo el resto esta cubierto por un tupido faéu.
Este faéu, en realidad, es la continuación del de Monesteriu-Xedré, que incluso desborda la Sierra del Rañadoiro para ocupar un trozo del Monte de Tsarón, y que luego continuará aun con potentes manchas en Munietsus y que ira difuminándose en las partes altas del Ríu del Coto, con algún que otro pequeño reducto y que rebrotará en Fuentes de Las Montañas, para acabar desapareciendo.
Aquí el faéu no es tan maduro como en Monesteriu, porque sufrió talas más intensas y recientes. En la parte de Lus Pusadoiros, la zona por la que ascendía la vieja carretera que llevaba al Puerto del Rañadoiro (hoy abandonada por la creación de un tunel que atraviesa la Sierra) se plantaron árboles foraneos, coníferas de crecimiento rápido. Esta misma idea también estuvo a punto de ser una realidad en el Monte Munietsos aunque al final, afortunadamente, se optó por preservar el bosque autóctono. Por aquí se ven abetos, cipreses, algunos en tan altas densidades que apenas permiten andar entre ellos y que hacen imposible la regeneración del faéu. También hay algunos alerces, curiosa conífera que es la única que pierde sus hojas a mediados de otoño y que ofrece bellas estampas cuando sus acículas empiezan a amarillear antes de caerse.

Lus Pusadoiros.2000

Un aspecto destacable de este faéu es el de presentar amplias y numerosas superficies alomadas con numerosos tesos, que hacen que al recorrerlo por dentro te puedas perder fácilmente al no saber el punto exacto donde te encuentras, sobre todo cuando el arbolado te impide ver puntos de referencia; entonces lo mejor es dejarse llevar, sabiendo que al final y tirando para abajo acabarás saliendo a Rengos.


Paisaje alomado.2000

El causante de este relieve alomado es la Sierra del Rañadoiro que bordea todo el lado superior del triángulo. La parte de Lus Pusadoiros tiene altitudes muy moderadas, en torno a los 1200m., que suben a los 1400m. en la parte de Regueira Lus Praus.
Separando ambas zonas hay un gran "tsombu", conformado por la sucesión de pequeños tesos y es precisamente en el último, antes de una zona donde el terreno ya es realmente pendiente, donde está el Castietso, un prominente castro, con dos antecastros en su borde inferior y superior, uno a cada extremo, con profundos fosos que se han ido rellenando con el paso del tiempo. El protector faéu que lo cubre enmascara su estructura pero aún se ven restos de potentes murallas, grandes piedras amontonadas cubiertas de "mofo" (musgo) y hojas.
Es, sin duda, un castro romanizado, relacionado con la red viaria que enlazaría Rengos con la zona Cabreira de Tsarón (donde hay otro castro, el único excavado en todo el Concejo de Cangas) por la zona más baja que hay en la Sierra y que a su vez estaría relacionada con las importantes minas auríferas del Curralín y todo su entorno.
Al encontrarse tan alejado de los pueblos y estar en pleno bosque, este castro no sufrió la reutilización de las piedras que conforman su estructura, su estado de conservación parece ser excelente y sería merecedor de una excavación arqueológica en condiciones.
Cuando descubrí este castro ya llevaba varios años de relación con los montes de Rengos, de hecho ya desde mis primeras salidas al monte esta era una de las zonas preferidas. A ello contribuía su cercanía a Mual y el que fuera muy sencillo acercarse a ella en autobús desde Cangas ya que había Línea en ambos sentidos desde las primeras horas del día hasta las últimas; subía tempranín, me perdía por el faéu y regresaba por la tarde, todo en el mismo día. Casi siempre optaba por internarme por las vatsinas de Regueira Lus Praus, porque el faéu era más espectacular y más desarrollado por esta zona. Por Lus Pusadoiros lo hice más tarde, utilizando en ocasiones un camino que salía cerca del Puerto de Rañadoiro, que atravesaba todo el faéu y que llegaba, aunque luego continuaba, a Campubraña, situado en un rellano del teso que separa esta zona del valle de Riumulín. Un camino sin muchos desniveles y muy facil de recorrer gracias a que el faéu lo mantenía muy limpio, pero cuyo tramo final era más dificil de realizar al estar la ladera izquierda de La Regueira muy desarbolada.

Vatsinas de Regueira lus Praus. 2000

Pero también había otro motivo distinto del puramente botánico y paisajístico y que era de índole más personal. Mi padre era natural de Pueblo y ya desde pequeños mis hermanos y yo habíamos oído de su acongojada voz como su padre había sido asesinado por los fascistas en Campubraña. Toda la zona occidental de Asturias cayó relativamente pronto en poder de los Nacionales durante la Guerra Civil, debido al avance de las Columnas Gallegas. Entonces comenzó una brutal represión hacia todos aquellos que se habían mostrado partidarios de la República (republicanos, comunistas...) o los que aspiraban a una revolución social que transformara realmente el sistema (socialistas, grupos comunistas al margen del P.C., anarquistas, anarcosindicalistas...) y que en la zona de Cangas eran bastante numerosos. No se les hacía juicio alguno, eran lisa y llanamente asesinados; se juntaba un grupo de ellos y se les llevaba en camiones a las salidas de los pueblos donde eran fusilados. En Mual contaban que lo habían hecho varias veces por encima del pueblo, por la carretera que iba al Counio y que en una ocasión uno consiguió huir lanzándose monte a través y perdiéndose por la ladera de enfrente y que desplazándose por los montes había conseguido llegar a Francia y salvar su vida. Todos los niños sentíamos un profundo temor cuando pasábamos por aquel sitio.
Los "fugaos" fueron aquellas personas que temiendo ser represaliados huyeron al monte; algunos se organizaron en grupos guerrilleros pero la mayoría lo hacían esperando que las cosas se calmaran y pudieran, al menos, salvar su vida. En Pueblo de Rengos se refugiaron en la braña de Campubraña, en donde periódicamente recibían ayuda y alimentos de familiares y vecinos del pueblo. No eran guerrilleros, simplemente esperaban, pero alguien los delató y allí acudieron los "salvadores de la Patria" y a tiro limpio truncaron sus esperanzas; mi abuelo, cuando estaba a punto de escabullirse hacía le espesura de Riumulín, recibió un tiro mortal por la espalda. Aquella era la forma preferida de actuar de aquellos "valerosos" falangistas, asesinar a alguien indefenso y por la espalda, por si acaso.
Mi propio padre a punto estuvo de correr la misma suerte, por dos veces lo colocaron contra un paredón, amenazándolo con fusilarlo sino decía donde se escondía José, su hermano mayor al que buscaban. ¡Qué huevos tuvo Sabino!, mi padre, el bien sabía donde se escondía su hermano, pero siguió negándolo. José estaba en la propia casa familiar que tan concienzudamente habían registrado los facciosos sin resultados, en un doble fondo tan hábilmente camuflado que solo la familia conocía. En la segunda amenaza parece que aquella iba a cumplirse de no ser por la intervención de un oficial con algo más de sentido común "¿pero qué hacéis, no veis que es solo un crío?".
Recorrer Regueira Lus Praus y visitar Campubraña era para mí como hacerle un pequeño homenaje a mi abuelo y una forma de mantener viva su memoria. Quien ignora su pasado no tiene futuro, así que para mí "ni olvido ni perdón" y acabo con dos versos del gran músico argentino León Gieco del 2001
                          "Todo está clavado en la memoria
                           refugio de la vida y de la historia".

5/21/2018

El Monte y el guía de Munietsus 4

Una serie de circunstancias me llevaron a aceptar la realización de una Memoria de Licenciatura, la conocida como "tesina", de arqueología prospectiva de la Edad Antigua. Dos motivos primaban sobre el resto: por un lado el área geográfica se centraba en el Concejo de Cangas y por otro ello supondría un mayor acercamiento a sus montes, y como no,a sus bosques.
Lo que empezó siendo una verificación de un censo sobre castros se fue ampliando al aparecer ligado a ellos los restos de explotaciones auríferas romanas, vías de comunicación, etc. Téngase en cuenta que "mi" Concejo es el de mayor extensión de Asturias y uno de los mayores de España por lo que el trabajo de campo fue enorme, y yo seguía sin tener un medio de locomoción. Bueno para ser sincero, la parte del Río del Coto la hice en bicicleta, saliendo y volviendo a Cangas en el mismo día. Para el resto de zonas combinaba el autobús con larguísimas caminatas, incluyendo acampadas con tienda de campaña, vivacs, o durmiendo en casas de amigos de los pueblos.
Descubrí  muchos rincones, muchos castros sin censar, muchos restos de minería aurífera romana, muchas vías de comunicación y, para lo que aquí nos interesa, muchos bosques. Cada vez que aparecía un bosque este ejercía sobre mí una poderosa atracción, me llamaba y yo casi siempre cedía a la tentación de visitarlo.
En más de una ocasión la excursión giraba en torno a un bosque, quedando el resto relegado a un segundo plano, como cuando después de encontrar un castro en Monesteriu D´Ermu se alzó enfrente de mí el impresionante faéu (hayedo) que hay en el avesíu (umbría).
No era esta mi primera relación con este faéu, años atrás ya lo había visitado; recuerdo dos excursiones con amigos del Cuelmu, alguien se agenció un coche y para evitar las explotaciones mineras de carbón que había en el valle decidimos internarnos en el bosque un tramo por encima del pueblo, donde parecía que no las había. Fue un error porque acabamos adentrándonos por un bosque que, mas que un faéu, era un abedular, y obviamente este no nos sorprendió pues carecía de la magnificencia y monumentalidad que le suponíamos al faéu.
Pero ahora era diferente. Subir a Monesteriu, sin tener vehículo propio, no era nada sencillo porque las líneas de ALSA finalizaban en Xedré. No me quedó otra que hacer el tramo "a pata", y ello me permitió tener otra visión del entorno del faéu muy diferente de la obtenida cuando lo había realizado en coche. En el avesíu se veían excelentes fayas y cuando el valle se encajonó formando un desfiladero el faéu lo inundaba todo, tanto el solano como el roquedo.
Desde el Castitso, a 1350 m. de altitud, con su precioso sistema defensivo de fosos, el paisaje que se veía era deslumbrante: el avesíu estaba completamente repleto de arboleda y se apreciaba que desde enfrente de Monesteriu y valle abajo las fayas eran dominantes, al menos hasta cierta altitud. Tal fue la impresión que me produjo que preparé una visita de varios días.
Con mi ligera tienda de campaña, una india de dos plazas, establecí el campo base en la recientemente abandonada braña de Xedré, en el avesíu ya que era esa zona la que iba a explorar; allí combiné la tienda con una cabana medio derruida.

Xedré, al fondo claro de la braña. Foto Astor 2017
Todos los días, en cuanto amanecía, me ponía en movimiento. Teniendo un campamento base solo llevaba en cada salida lo imprescindible para una jornada: algo de comida, una cantimplora que al fin me había agenciado, un mapa para no perderme del todo y unos folios en blanco con un boli por si tenía algo que anotar, ¡ah! y una navaja con la que uno podía procurarse algún objeto defensivo si se daba el caso. En fin iba muy ligero de equipaje, lo que me permitía recorrer grandes distancias cada vez que salía.
Desde la braña decidí internarme siempre valle arriba, pues las partes bajas, también cubiertas de arbolado, quedaban más a mano para excursiones cortas que no necesitaran de tanto tiempo como el que entonces disponía.

Faéu de Xedré, partes bajas. 2017

Las vatsinas eran cortas porque aquí el valle se encajona un tanto y porque la sierra del Rañadoiro y de su ramal que separa el Narcea del Rengos (Lus Pusadoiros) presentan altitudes relativamente bajas, en torno a 1200 m. y menos.
Las fayas eran dominantes pero en los tesos y laderas más soleadas compartían el espacio con robles albares. Aquí varié un poco la forma de recorrer el bosque, me ceñía a una vatsina y la iba recorriendo de abajo a arriba describiendo zigzags, pasando de un teso a otro; en la siguiente vatsina hacía lo mismo pero bajando, en la siguiente subiendo y así sucesivamente. Nunca llegaba a las partes cercanas al río pues estas eran, en muchas ocasiones, un auténtico desfiladero, muy vertical y peligroso. La vuelta la hacía tirando recto, a la misma altitud más o menos para no tardar tanto. Un suelo increíblemente despejado de arbustos permitía desplazarse de cualquier manera y rápidamente.
 Más arriba el valle se ensanchaba notablemente y las vatsinas se transformaban en largos valles que iban a nacer a las faldas de la impresionante Sierra de Degaña, con altitudes bastante mayores, en torno a 1800 m., que las del Rañadoiro a la que se unía. Desde algunos claros de divisaba la silueta de esta sierra, recortada por los potentes circos glaciares que tuvo en otros tiempos, con un paisaje rocoso, pelado y seco que contrastaba con el verdor en el que me hallaba inmerso.
Cada vatse secundario estaba repleto de vatsinas y era imposible recorrerlas como las anteriores, así que opté por desplazarme por los tesos que separan un valle de otro. Subía hasta los primeros cerros y luego continuaba por la loma que acababa bordeando cuando esta ascendía a cimas progresivamente más altas. Sospechaba que esas zonas altas serían bosques de abedules y que habría muchos claros, haciendo más dificultosa las caminatas.
Nuestros bosques tienen muy pocas zonas llanas o con poca pendiente, pues suelen estar enclavados en laderas de montaña donde las dificultades de acceso han permitido que no hayan sido totalmente arrasados como lo fueron en las zonas llanas. Solo en algunos valles largos se puede disfrutar de terrenos con pocos desniveles, que en la zona denominan "veigas" y que se ciñen al entorno inmediato del río.
Pero existen otros terrenos más o menos allanados: los cuencos y rellanos creados por la erosión glaciar, las colladas y los cordales de muchas sierras. También las lomas que mencionábamos antes; en todos los tesos o cerros , al lado de tramos con mucho desnivel siempre hay alguno más o menos horizontal, que por su forma alomada llamo lomas.
Aquí en Monesteriu tras atravesar el cauce del primer gran valle y subir un tramo largo y bastante pindio, se accedía a una amplia loma, tanto a lo largo como a lo ancho. En aquel tiempo no me importaba tener que afrontar grandes desniveles, bajo el dosel arbóreo una fuerza interior me impulsaba y solo necesitaba de breves pausas, que aprovechaba para empaparme del entorno, para recobrar el aliento. Pero llegar a aquellas "chanadas" era toda una bendición, la tensión física mantenida se atenuaba y poco a poco te ibas relajando, podías andar sin apenas esfuerzos, el cuerpo te dejaba de pesar y era como si levitaras al desplazarte.
El bosque, además, era inmejorable; la dama del lugar, la fagus sylvatica, se mostraba en todo su esplendor, con ejemplares que quitaban el hipo y que salvo Sextu Gordu de Munietsus no he tenido ocasión de volver a ver en ningún faéu ni de la Cordillera Cantábrica ni de Navarra y en un número realmente abrumador. Aquellos largos y gruesos fustes que se elevaban hacía el cielo y se perdían entre las ramas de las copas también conseguían levantarte el espíritu, daba igual que deambularas entre ellos o te quedaras boquiabierto y parado observándolos. Eran momentos de tanta plenitud que te pellizcabas para darte cuenta de que no estabas soñando; eran momentos en los que la magia natural se hacía palpable y tu tenías el privilegio de poder participar en ellos.
Lo curioso es que aquella exuberancia no te hacía sentir pequeño, tu también te expandías como hacían los árboles y te sentías, casi, como un gigante entre iguales; tocabas y palpabas los grandes troncos lisos y ningún árbol se molestaba por ello, porque quizás percibían que lo hacías con amor y ternura, tratando de percibir más de cerca la enorme energía que irradiaban, pero también aportando la tuya.
La loma tenía algo que la hacía diferente de otras "chanadas" y que contribuía a incrementar su atractivo: surcándolo todo a lo largo, por su centro, había como un suave vallecillo, que conformaba dos lomas y una vaguada, que se prolongaba hacía arriba durante un buen trecho. Era como una vatsina que pronto renunciara a su desarrollo, un vallecillo colgado.
Al día siguiente volví directamente a tan mágico lugar, recorriendolo ensimismado pensé que tan peculiar relieve podía estar relacionado con alguna actividad humana, tal vez con algún desmonte romano en busca de oro; busqué alguna prueba de ello pero no encontré nada y además tampoco insistí en ello porque las emociones que me hacía sentir aquel lugar superaban y desbordaban las capacidades racionales; prefería no pensar, dejarme ir, sumergirme, abandonarme, integrarme con el arbolado y preocuparme solo de sentir; ¡que gratificante es sentir la naturaleza y sentirte a ti mismo como parte de ella!.
Analizarlo hoy, sin aquella pasión, nos llevaría a considerarlo como un resto dejado por la actividad glaciar, que en su momento tanto afectó a este valle. Y es probable que en dicho lugar también existiera una antigua braña, pues es de sobra conocida la apetencia ganadera por lugares como este.
El teso asciende luego bruscamente y bordeándolo se llega  a una gran zona rocosa, de caliza, roca que aflora en muchos puntos, aunque la predominante es la cuarcita.

Bachongo  y su ladera izquierda rocosa.2017

No lo puedo asegurar, pues los recuerdos, a veces, se esfuman como una nebulosa, pero creo que en esa zona rocosa se hallaba la afamada cueva de Siqueiras, aunque no perdí el tiempo tratando de localizarla porque era el faéu el que requería toda mi atención y en el que más a gusto me encontraba.
Fue un tiempo más tarde cuando en compañía de mi amigo Collar de Xedré logramos encontrarla, pero no íbamos equipados, ni siquiera llevabamos linternas y no pudimos explorarla. Solo nos pudimos meter un poco en ella y esperar a que nuestra vista se acostumbrara a la oscuridad, pero tras conseguirlo y decidir continuar llegamos a un recodo donde la cueva giraba y allí tuvimos que acabar volviendo a la entrada porque la negrura era ya impenetrable.
Todavía quedaban otros dos grandes valles más arriba (Bachongo y La Carbazosa), también de faéu, y otro algo más pequeño, Barcachil, donde ya predomina el abedular, a los que no pude dirigirme porque el tiempo se me había acabado.

La Carbazosa.2017

Barcachil. 2017

Antes de oscurecer volvía al campo base, hacía una hoguerina y observaba, a medida que iba anocheciendo, como los murciélagos entraban y salían de la cabana que utilizaba; a veces pensaba que se iban a estrellar en mi cara, pero siempre viraban en el ultimo momento.
Es curioso el asunto de las hogueras; creo que siempre que he dormido en el monte, antes de pegar el ojo, si podía, he hecho una hoguera; como casi siempre lo hacía en solitario las primeras hogueras creo que tenían una función defensiva, protectora. De día el monte o el bosque nunca me han hecho sentir miedo, solo con condiciones climatológicas muy adversas lo he sentido, especialmente cuando hay rayos pues nunca sabes donde pueden caer. Pero la noche es otra cuestión, la noche despierta un temor instintivo en el ser humano, te sientes desprotegido y desvalido pues la seguridad y el equilibrio están muy relacionados con el sentido de la vista.
Cuando vas intimando con el monte, las hogueras pasan a cumplir otra función: al posar la mirada en las llamas y seguir su incesante danza, la mente se sosiega, se tranquiliza, queda ensimismada y visita rincones y pliegues interiores a los que normalmente no puedes acceder; ello te reconcilia contigo mismo, te hace soñar despierto. Son el final perfecto para cada jornada, te vacían la mente para que al día siguiente la tengas a punto.

Solano de Monesteriu, Zona del Castitso. 2017

La Ruta a Las Tsagunas 47. Dos teixus monumentales de Caguatses d´Arriba y otros árboles notables.

  El interior del teixu de Caguatses d´Arriba, un lugar donde poder soñar. 25 agosto 2.025. De los teixus de Caguatses d´Arriba cabría desta...