6/04/2019

El Monte y el guía de Munietsus 23

El verdadero pistoletazo de salida para que los árboles salieran masivamente de sus refugios se dio con la llegada del Holoceno. En torno a 9.850 años a.C. las temperaturas comenzaron a subir, aumentando también la humedad.
De todos los árboles presentes actualmente en la Reserva, sería el bedul  (Betula celtibérica) el primero en asentarse, de hecho ya había alguno instalado a fines del Tardiglaciar, y enseñorearse del terreno, manteniendo su dominancia durante las dos primeras etapas climáticas del Holoceno: el Preboreal (9.850 años a.C.- 8.189 años a.C.) y el Boreal (8.189 años a.C.- 7.000/6.776 años a.,C.). Por su parte los robles también llegaron pronto pero su expansión fue bastante lenta, en parte debido a que su semilla, la tsande o bellota, es pesada, teniendo además que hacerlo hacia arriba.
En el Boreal aumentaron de nuevo las temperaturas y las precipitaciones líquidas, que provocaron un gran crecimiento del ablanu (Corylus avellana), que además lo hizo en los peores suelos, estabilizándolos y mejorándolos, pasando a ser un pionero de la colonización arbórea.
En la siguiente fase climática: el Atlántico (7.000/6.776 años a.C.-3.700 años a.C.) caracterizada,tras un inicio frío y árido, por alcanzar los máximos térmicos de todos los tiempos recientes (unos dos grados centígrados superiores a los existentes antes del reciente calentamiento global) y con muchas precipitaciones en verano, los robles desplazaron a sus competidores y pasaron a ser los árboles dominantes en todo Munietsus.
Nuestra reina de los bosques, la Fagus sylvática, especie de faya reciente surgida a finales del Tardiglaciar a partir de otros ancestros y mejor adaptada al frío, se hizo de rogar. También salió de los refugios y ya desde el Preboreal habría algunos grupetes por la Reserva, pero su expansión se retrasó hasta que el clima no cambió, abandonando el periodo del óptimo climático.
La tendencia al enfriamiento, iniciado en el periodo Subboreal (3.700 años a.C.-728/476 años a.C.) la benefició pero la presencia de sequías limitó su expansión. Será en el periodo siguiente el Subatlántico (476 años a.C.- actualidad) en el que aumentan las precipitaciones (aunque también hay etapas de extremas sequías) cuando se inicie su mayor expansión. A las nuevas fayas provenientes de la zona oriental de la Cordillera Cantábrica se unen las procedentes de la gran migración del Este de Europa, procedentes de los antiguos refugios de los Cárpatos y los Balcanes y que se extienden por el Centro y Norte de Europa, atravesando los Pirineos por sus valles y finalizando su periplo un poco más al Oeste de Munietsus.
Pero claro, las zonas por las que se expandió la faya ya se encontraban colonizadas por otros tipos de árboles y ya se sabe que la sustitución de una agrupación o tipo de bosque por otro puede ser extraordinariamente lenta si las diferencias de adaptabilidad no son muy grandes.
En estas circunstancias la faya ha demostrado ser la especie más competitiva de todos los árboles planocaducifolios de la Europa atlántica, húmeda y umbrosa. Posee una gran ventaja sobre sus competidores, que radica en que es capaz de nacer y desarrollarse con muy poca luminosidad; puede hacerlo recibiendo solo un 1% de la radiación solar disponible, después ya conseguida la igualdad en altura con sus rivales pronto se beneficiará del ambiente más oscuro creado por sus hojas e ir eliminando al resto de árboles que no pueden sobrevivir con poca luz.
Fagus sylvatica en el Ríu Munietsus haciéndose la dueña de todo su entorno. Foto Ástor. 2017

En la Cordillera Cantábrica le toco a la faya lidiar con otro gran árbol, el roble albar (Quercus petraea), al que consiguió desalojar en numerosas áreas. Solo se le resistió la parte más occidental, zona en la que se encuentra nuestro Munietsus. Aquí también amplió su población y creó alguna masa pura, pero no pudo desplazar al roble de la mayor parte del Monte.
La causa es debida a la existencia de un fenómeno meteorológico que afecta a esta zona. En verano el anticiclón de las Azores se desplaza hacia el Norte y se coloca enfrente de Galicia, provocando que se acentúe la sequedad en esta época del año. La faya transpira más agua que el roble, por lo que necesita un mayor aporte de esta y si no lo consigue en una época del año el roble tiene mayor adaptabilidad y no se deja comer el terreno, queda pues la faya constreñida a aquellas laderas con una orientación más norteña, los avesíus, donde tiene asegurada la humedad por su menor insolación.
En Munietsus solo hay un sitio en el que el faéu sale de esa "encerrona" y se da, no podía ser de otra manera, en la selva de Munietsus,en donde la faya campea no solo en el teso de Sestu Gordu sino en ambos de sus lados, aunque con una estrecha franja por el lado de Refuexu. Pero por lo general la faya solo prospera en los avesíus, y no en todos.
Es esa influencia meteorológica la que explica la mayor adaptabilidad del roble albar y la que hace que Munietsus sea, en su mayoría, un bosque de robles.
Lo que ocurre en Muniellos también ocurre en su entorno, tanto en la cuenca del Narcea como en la del Ibias.
En los bosques de Rengos las fayas abundan o predominan solo en los avesíus. Incluso en la zona de Monesteriu d´Ermu, donde se sitúa el mayor faéu de Asturias, ocurre lo mismo. Ahí el río que crea el valle discurre de forma ladeada, siguiendo una dirección Este-Oeste. Su ladera izquierda tiene una orientación al Norte y es ahí donde se halla instalado el faéu. Pero incluso en esa ladera surcada por varios valles hay zonas solanas donde abundan los robles y si la ladera derecha estuviera arbolada, como en su día lo estuvo, el árbol dominante sería el roble albar.
Montes de Rengos con sus grandes faéus. Foto Google
Faéu de Monesteriu d´Ermu. Foto Google

El faéu de Monesteriu cuenta con otra ventaja para la faya, aparte de su orientación, su sierra meridional tiene una mayor altitud que la de Rengos o Munietsus, lo que incrementa el efecto pantalla contra la que se estrellan y descargan los frentes oceánicos cargados de agua.
Más evidente aún es la influencia del anticiclón en la cuenca del río Ibias. En su nacimiento, bueno en uno de ellos, está el vatse de Degaña, que es también un valle ladeado como el de Monesteriu, pero en su avesíu el faéu existente ya no es tan compacto como en aquel y abundan más los robles; ni que decir tiene que su ladera derecha, la de solano, sería un inmenso robledal si estuviese arbolada.
Valles de Monesteriu y Degaña. Foto Google
Valle de Degaña. Foto Google

A medida que descendemos por el valle los efectos son aún más evidentes: en el vatse Cunqueiru y en el de Luiña, en la zona cabreira y el valle hasta Alguerdo, los faéus son más escasos y son los robles los auténticos señores de la zona.
Valle Cunqueiro y zona cabreira. Foto Google
Ladera del Ríu Ibias en la sierra de Tablau, En vez de ser un faéu es un robledal. Foto Google

Más abajo, en Cecos o S. Antolín si mantuvieran sus bosques originarios, que no mantienen porque o están pelados o con plantaciones de pinos, también serían de robles, en este caso de la especie róbur. Valdebóis, la mejor masa boscosa del concejo también posee insignificantes masas de fayas.
Más al occidente, los tramos finales de la Cordillera Cantábrica: Los Ancares y El Caurel, donde las fayas se habían instalado durante el último milenio, representan el límite occidental de la especie, pero solo ocupan pequeñas zonas topográfica y microclimáticamente favorables.
El panorama cambia si nos desplazamos por la Cordillera Cantábrica de occidente a oriente. A medida que nos alejamos del área de influencia del anticiclón los faéus, en las zonas donde aún hay bosques, son más frecuentes. Las estrechas bandas que ocupan los faéus en el occidente, son aquí más anchas. Estoy pensando en los grandes faéus por ejemplo de Valdeón y Riaño, en donde ocupan por completo las dos vertientes de algunos valles y en donde incluso han volteado la Cordillera, ya que Valdeón está al Norte y Riaño al Sur de esta.
Zonas de Valdeón y Riaño. Foto Google

Esta anchura del faéu no solo se da en la línea de la Cordillera sino que incluso afecta a cotas más bajas, en el extremo oriental de Asturias aparecen fayas muy cerca de la costa, a cinco kilómetros del mar Cantábrico; no llegan al mismo mar como ocurre en paises más nórdicos, pero se acercan, algo impensable en la zona occidental.
Con todo, hasta tiempos bastante recientes, la faya seguía en plena expansión por toda Asturias bajo la cubierta de otras especies arbóreas. Según los censos del ICONA las fayas, desde 1980 a 1995 habrían crecido un 36% y seguirían haciéndolo de no ser por el cambio climático reciente provocado por el aumento de los gases de efecto invernadero que han elevado ya más de un grado la temperatura media del planeta y cuyo aumento parece no tener fin.
La subida de las temperaturas ya de por sí provocan un clima más seco, excepto si se produce un aumento significativo de las precipitaciones, aspecto que no parece darse o está aún por comprobarse. Un clima más seco no beneficia precisamente a las fayas, en esas condiciones otros árboles pueden competir con ellas en condiciones más ventajosas.
La expansión primero del robledal y posteriormente del faéu repercutió sobre el abedul, que se vería cada vez más relegado a las zonas altas, a las más altas de los avesíus, pues robles y fayas seguramente llegaran  a más altitud de lo que lo hacen en la actualidad.
Como veis el bosque que hoy es típico en Munietsus tardó un cierto tiempo en conformarse, aunque en términos generales es bastante reciente. ¿Qué son 12.000 o 2.000 años en la larga cadena evolutiva de los seres vivos o en la más larga aún historia geológica?. Yo, en mi juventud, creía que los orígenes del bosque de Munietsus se perdían en la noche de los tiempos, su grandiosidad me hacía pensar que su existencia era antiquísima.
Pero el Munietsus del 87, o el actual de 2.019, está lejos aún, muy lejos, del pongamos por ejemplo año cero, el del nacimiento de Cristo, cuando la influencia antrópica, o sea del ser humano, sobre el Monte era todavía insignificante.
En extensión toda su cuenca estaría colonizada por árboles, siempre y cuando hubiera suelo donde asentarse. Las altitudes máximas de la sierra casi llegan a los 1.700 m. (zonas de la Bovia de Teleyerba 1.685 m., Pico Candanosa 1.680 m.) que es precisamente la máxima altitud a la que pueden ascender nuestros árboles autóctonos, por lo que hasta la sierra estaría poblada. La historia ganadera y frecuentes incendios han hecho que la mayor parte de la sierra y los fondos de valle estén sin arbolado.
Por debajo de los 1.300 m. de altitud aún perduran los efectos de la historia ganadera y sobre todo de las talas madereras que se realizaron aquí.
En realidad la regeneración del bosque y aquella primera colonización del Muniellos postglaciar tienen algunos puntos en común. Algunos suelos tienen casi el mismo aspecto que entonces. En Munietsus hubo zonas que nunca debieron ser taladas; zonas pendientes o muy pendientes, con suelos muy pedregosos y rocosos pero que milagrosamente estaban colonizados, poblados por robles, fayas, bedules y otros árboles y arbustos que surgían de algunos resquicios y con un volumen maderero nada despreciable.
La búsqueda del beneficio inmediato y la rapiña que caracterizaron la mentalidad de los propietarios y empresas madereras que azotaron este Monte hizo que se talaran todas las zonas donde había buen arbolado, sin atender a las repercusiones que ello podría acarrear. En algunas zonas el problema, a largo plazo, no suponía el fin del bosque, pues este, si le dejaban, podría volver a regenerarse, pero en esas zonas que mencionábamos de suelos glaciares y periglaciares muy erosionados, con numerosos tseirones y roca madre aflorada, la tala podía suponer su extinción y una recuperación imposible o a muy largo plazo. Pero se talaron y el suelo se estropeó aún más con las labores necesarias para sacarlos de allí, echándolos monte abajo. Por fortuna algunos árboles rebrotaron de sus raíces-tronco pero en muchos lugares esto no se produjo. La acción de los agentes atmosféricos, algunos incendios o la repetición de las cortas condujeron a aquellos suelos a una situación similar a la que poseían cuando los glaciares y la erosión periglaciar abandonaron la zona.
De poco habían servido la docena de miles de años en los que la vegetación había ido mejorando los suelos. Se volvía casi al punto de partida, pero con un clima distinto que puede comprometer el futuro. Los casi cincuenta años que lleva descansando el Monte han mejorado mucho las cosas pero aún queda mucho camino por recorrer.
Los fondos de valle o cabeceras de los ríos, como el que tenemos en Los Pradallos en el entorno de la senda y sobretodo por encima de esta, son vastas extensiones de terreno; es como si este, el terreno, se extendiese, se abriese hasta culminar en los altos de la sierra. Aquí el rey es el abedul y su corte de capudres, acebos...
Aquí las talas madereras solo afectaron a sus partes más bajas y la deforestación que aún padece hay que relacionarla con la ganadería vacuna y el intenso pastoreo que padecieron sus suelos. Cuando esta terminó la recolonización vegetal se vio retardada por frecuentes incendios provenientes, la mayor parte de las veces, de Ibias que volteaban la sierra y penetraban en Munietsus, degradando los suelos.
La reducción de los incendios, al menos dentro de nuestro Monte, provocó el desarrollo del matorral, proceso ya evidente en el 87.
Recuerdo una excursión que organicé con unos amigos de León. El caso es que no tenían permiso y sabedor de que sus gustos giraban más en torno a las alturas que al interior de los bosques, les propuse un itinerario alternativo para llegar a Las Tsagunas que era el lugar al que querían ir. Sabía de la existencia de una ruta "pirata" que aún utilizaban las personas de la zona para llegar rápido a ellas y sin necesidad de permisos.
Pasado el Puerto del Counio dejaríamos el coche en la zona del valle de Pena Belosa; desde allí por una senda subiríamos a la sierra, la bordearíamos un rato hasta quedar encima de Las Tsagunas o bajaríamos por alguna de las vatsinas del fondo del valle de La Candanosa, Bovia o Pielago, a coger la senda que venía de Fonculebrera y continuar por ella hasta la primera y luego volver subiendo al resto de tsagunas y a la sierra.
Comenzó mal la excursión pues pronto perdimos la senda de Pena Belosa, es más creo que no conseguimos ni localizarla, pues los bordes de la campera de la braña estaban surcadas por una y mil sendas; siguiendo una de ellas pronto llegamos a estar metidos en el monte, pero sin senda. En vez de volver atrás y reiniciar la subida, decidimos hacer como se supone que hace el jabalí, tirar de frente, monte a través, eso sí, siempre hacia arriba.
Hubo tramos duros en que teníamos que pelearnos con grandes ganzos (ericas) para poder pasar, pero como no llevábamos pesadas mochilas, mal que bien conseguimos llegar al alto. En vez de descender a la senda, mis amigos prefirieron continuar por la sierra pues las vistas eran espectaculares.
Llama la atención el contraste que existe entre las laderas "hermanas" de esta sierra, con una misma litología y una misma historia geológica pero que presentan un estado totalmente opuesto; solo las partes más altas se parecen algo, con preciosas crestas y torres rocosas cuarcíticas que resaltan en un paisaje totalmente desarbolado, sonde solo los arbustos parecen crecer, y a veces ni eso
Luego en cotas más bajas mientras que del lado de Munietsus ya empiezan a aparecer bedules, cada vez más densos que preceden a grandes masas arboladas, el lado ibiense sigue pareciéndose al de arriba. Con todo, incluso esta zona tiene su propio encanto; los tseirones parecen haber frenado en algunos enclaves con menor insolación la acción destructiva del fuego y en donde los robles albares y los orocantábrica han iniciado  la recolonización, con preciosos grupetes. Los tseirones sobrecogen el espíritu y meten "fiebre" en el cuerpo con solo verlos; algunos, como el que hay en el regueiro los Molinos de Oumente, cubren una amplia superficie , incluido el propio cauce, y es precisamente en este, donde gracias a la mayor afluencia de humedad proveniente del encauzamiento de la escorrentía hay una delgada hilera de arbolado; un ejemplo perfecto del alto poder vital del agua.
Regueiro Los Molinos de Oumente. Foto Google
Tseirón ampliado de la foto anterior. Foto Google

Es una pena que todas las laderas ibienses que lindan con Munietsus, salvo Valdebóis, no gocen de ningún tipo de protección. Villar, Oumente y Alguerdo, hermanados históricamente con Munietsus, deberían vincularse de nuevo a este y a su futuro.
Laderas del Ibias colindantes con Munietsus. Foto Google

En las partes más bajas, de un lado hay bosques y del otro enormes grandas y plantaciones de pinos, que la Administración sigue empecinada en promover pese a que solo sirven para propagar los fuegos, además de poblaciones y todo lo que ello implica, aunque con poquísima gente durante todo el año y un leve aumento en verano.
En los montes de Alguerdo y Oumente también hubo buenos robledales pues en definitiva la misma tierra produce los mismos frutos, pero aquí la presión humana además de ser más antigua ha sido más fuerte. También hubo cortas madereras, algo que visto los suelos que hay nunca debieron realizarse y por último a una orientación más soleada se le une el azote que supusieron, y suponen. los incendios. Voraces incendios que calcinaban no solo los pinos plantados , sino las grandas y algunos incipientes bosquetes y que llegaban hasta la sierra, volteando en más de una ocasión, como ya dijimos antes, contra el lado de Munietsus.
Tras ascender al Pico La Candanosa pasamos por encima de "as Laguas" y continuamos sierra adelante. También podíamos bajar a coger la senda larga de Penas Negras y volver por ella a Las Tsagunas. Andar por la sierra, entonces, era fácil y rápido, supongo que ahora con la reducción de los incendios en esa zona y la recuperación arbustiva no lo sería tanto.
Cuando estábamos por la zona del Portelín les dije que si queríamos bajar y coger la senda no podíamos continuar porque si no esta iba a ser larguísima, y ¡hala! otra vez la técnica del jabalí, en esta ocasión monte abajo. A pesar de que predominaba la brecina había trozos con grandes ganzos y escobas y teníamos, no nos quedaba otra, que ir muy despacio.
Anduvimos por el entorno de la Braña los Pradallos, pero la senda no acababa de aparecer y al final mis amigos decidieron volver a la sierra, pero la vuelta fue peor. Cuando llegamos, por fin, a la cumbre estábamos todos sudorosos y nos salían "gorbizos" (semillas de los brezos redondas y diminutas) hasta de las orejas.
Volvimos por donde habíamos ido, no pudimos bajar a Las Tsagunas porque habíamos hecho el día peleándonos con los ganzos. En la bajada por Pena Belosa tuvimos la fortuna de pasar por su "Lagua", que no es tan clara como las de La Candanosa, es una zona encharcada con algún trozo donde el agua es más abundante y forma charcos y en donde pudimos deleitarnos observando algunos preciosos nenúfares flotando sobre sus tranquilas aguas. Cuando llegamos al coche uno de mis amigos se volvió hacia mí y me dijo: "¡vaya guía tas hecho! y todos nos reímos con ganas.

5/16/2019

El Monte y el guía de Munietsus 22


Petraea de Decutsada. 2016

Albares buscando el cielo. Decutsada. 2016

Acabábamos  el anterior capítulo con la despedida de los periodistas y enpezaremos este con una divertida anécdota en la que también participaron periodistas, otros periodistas.
No se si fue en Las Tablizas o en Mual habían contactado conmigo diferentes periodistas, preguntando por José de Casín, un personaje que había estado en "las Americas", en Argentina para más señas. Allí había conocido al multimillonario Onasis, pero cuando aún era pobre, un ascensorista que trabajaba en el mismo hotel que José y se jactaba José de haberle dejado, en alguna ocasión, una propina por su labor con el ascensor. Ya lo habían entrevistado con anterioridad y en el sesenta y ocho había salido en La Nueva España una de ellas, pero había pasado bastante tiempo y querían hacerlo de nuevo.
Les dije que José ya se había muerto, pero que su mujer y un hijo aún vivían. A un periodista lo acompañé a casa Casín y allí lo dejé entrevistando al hijo de José, Saturno. Con otro periodista hice lo mismo, pero Saturno no estaba en casa; su madre nos dijo que estaría en el bar y allí lo encontramos, en el bar del medio del pueblo.
Yo sentía un gran aprecio por Saturno, era una gran persona, todo inocencia y con un gran corazón, de la gente más sana del pueblo, pero le gustaba beber,  a veces en demasía. Había varias personas en el "chigre" y el periodista tan pronto atendía a las repuestas de Saturno como a las del resto de la concurrencia y ¡cómo no! surgió el tema de la caza.
El periodista le preguntó si era buen cazador y cuántos animales habría matado en su vida y él dijo: "bueno, corzos habré matado diez", y mientras el periodista anotaba la cantidad en una libreta, Castaño, el propietario del bar, le dijo: "pero ¿cómo que diez?, si tu el único corzo que mataste fue el de Bisnuevo". Se hizo el silencio, todos miramos a Saturno, este mantuvo un rato el suspense y luego soltó: "serán entonces once, pues se me olvidaba ese". Todos estallamos en sonoras carcajadas ante su ocurrencia, porque todos sabíamos que Saturno no era cazador, sí lo había sido José, su padre, famoso por haber matado algún oso.
Volviendo a la ruta larga, decíamos atrás que acompañando a visitantes, guiándolos por una senda que es muy difícil de perder, si es de día y teniendo la precaución de no coger el ramal al Cutsau, había sido con los periodistas del reportaje hasta Sestu Gordu. yo, en solitario, sí lo recorrí hasta las Tsagunas unas dos o tres veces.
Volteando Sestu Gordu se accedía al valle del Ríu Refuexu, el valle del medio de la Reserva, pues esa es la posición que ocupa. A diferencia del valle de Tixeirúa que es muy alargado, longitudinalmente y sobre el que van vertiendo las diferentes vallinas, este es doble, conformado por dos grandes valles que a su vez se desdoblan en varias cabeceras y que están separados por el imponente Serrón de Las Berzas y que es disimétrico en el sentido de que el valle del Ríu Las Gallegas es más extenso que el de Refuexu, casi el doble, al estar formado por dos valles: los regueiros Pradallos y Trousín, separados por otro potente serrón, el de Los Pradallos.
Valle longitudinal del Ríu Tixeirúa. foto Google

Valle del Ríu Refuexu, desde la sierra hacia abajo. Foto Google

Tiene, más o menos y como ocurría con el Ríu Rengos, la forma de un grandioso triángulo invertido, correspondiendo el vértice inferior con su desagüe en el Ríu La Candanosa, llamado a partir de ahí y hacia abajo Ríu Munietsus; los lados serían los dos cerros más importantes de todo Munietsus, el ya mencionado de Sestu Gordu y el Serrón del Niu L´Aigla, mientras que el lado superior vendría marcado por los altos de la sierra, en sus deslindes con el Monte Oumente.
Forma triangular del valle del medio. Foto Google

Topónimos de las partes altas del Ríu Refuexu

El exuberante faéu de Sestu Gordu se prolonga un rato hacia el Ríu Refuexu, aunque en el entorno de la senda lo hace sobre el Ríu Las Gallegas, en concreto sobre las partes altas de la Regueirona de Sestu Gordu.Luego empiezan a aparecer los robles y durante un rato vuelven a coquetear con las fayas como hacían en Tixeirúa, para pronto pasar a ser dominantes, conformando preciosos y excelentes robledales en la Vatsina Los Fierros.
Seguimos maravillados pues aún estamos en la "selva de Munietsus", que llega hasta el centro de esa vatsina. Continúa habiendo buen arbolado hasta la siguiente vatsina y eso a pesar de la aparición de Tseirones que desde lejos apenas se ven porque están muy colonizados por la arboleda.
A partir de aquí el arbolado empieza a ralear, en parte debido a un gran tseirón que ocupa una gran parte, hacia arriba, de la ladera derecha del Regueiro Los Pradallos y también por el pasado ganadero de la zona. Atravesamos este regueiro y llegamos a la llanada que provoca una vatsina que sube a la Braña Los Pradallos. La braña esta instalada en la parte superior, en donde probablemente hubiera instalado en su tiempo un pequeño circo glaciar. La braña aprovechó el cuenco del circo, en donde había una imprescindible, para toda braña, fuente, y el cerro, que aquí es un teso redondeado y con buen suelo que contrasta con el resto de los cerros de esta zona del Ríu Refuexu.
Desde la senda nada vemos de la braña, estaremos sobre los 1250 m. de altitud, cerca del límite superior de robles y fayas. Contra Sestu Gordu se ve un buen bosque de bedules, bastante denso, pero por encima de nosotros están mucho más raleados; para abajo se ven buenas matas de fayas y robles contra el Serrón.
En general en este valle del medio los restos de la actividad glaciar son menos evidentes que en los otros dos grandes valles de la Reserva; pero sin duda los hay. Aquí en la parte alta del Regueiro Los Pradallos, desde algo por debajo de la senda y llegando hasta la sierra y el lomo de Sestu Gordu hubo un circo glaciar bastante grande, remarcado por la erosión periglaciar en sus bordes superiores y laterales, sobre todo los que dan contra la vatsina de la braña, pero que no consiguió crear un rellano tan grande como en otros sitios.
Regueiro Pradallos coronado por la Cimeira de Sestu Gordu. Confluencia con el Regueiro Trousín y Ríu Las Gallegas. Foto Google
También hay algo de rellano en la zona de la otra braña de Oumente, en la de Las Gallegas, Mientras que en el cauce del Ríu Las Gallegas y su continuación hacia arriba por el Regueiro Los Pradallos parece haber actuado un glaciar de valle con su tendencia a formar valles en "U".
Zona de A Veiga as Galegas y su entorno. Foto Google

Pero son, sin duda, los restos que hay en Las Berzas y en la Vatsina Refuexu, que veremos más adelante cuando la senda llegue a sus inmediaciones, los más notorios de la zona.
Nunca se ha remarcado lo suficiente el impacto que tuvo la glaciación WURM, la única glaciación que afecto a la Península Ibérica, en zonas como Muniellos. Siempre se ha pensado que la poca altitud de la zona, por debajo de los 1700 m. y su también baja latitud, en torno a los 43 grados Norte (de los 90 grados que hay hasta el Polo Norte, medidos desde el Ecuador), la había librado de sus mayores efectos.
Por la latitud a la que se está aquí solo se dieron glaciares de montaña, pero no se pueden minimizar sus efectos. Lo mismo que en la actualidad en la que los frentes del Norte chocan contra la barrera que forma la Cordillera Cantábrica, provocando copiosas lluvias, debió de ocurrir en el pasado.
El efecto pantalla de la Cordillera hizo que en Munietsus, y en toda la vertiente norteña de dicha cordillera, nevara mucho más que en otras zonas. Las bajas temperaturas existentes permitían que esa nieve se mantuviera (se derretía menos nieve que la que caía) y aumentara de volumen, incluso en cotas bajas. Pero es que además la glaciación WURM duró mucho tiempo, cerca de cien mil años que se dice pronto, una eternidad, aunque no fue de continuo frío pues dentro de ella hubo breves periodos de subida de temperaturas, los llamados interglaciares.
El modelado glaciar actúa sobre un relieve en el que sus unidades básicas (sierras, valles, picos...) ya estaban definidas con anterioridad, por lo que podríamos hablar de un modelado más o menos superficial.
Durante todo ese largo tiempo, el hielo y las rocas que arrastraba fueron limando por aquí, excavando por allá y modelando formas, a veces semejantes a las cortas auríferas romanas o las más recientes excavaciones de carbón a cielo abierto, en ocasiones afectando a numerosos metros del subsuelo, como en las cortas que ya analizamos en los "cortados" de Tixeirúa o las cubetas, que ya veremos, en las Tsagunas de La Candanosa, o los "Fuexus" de Refuexu. Primero afectando hasta altitudes bajas y más tarde, ya en retirada,  a zonas más altas.
Esta actividad erosiva tuvo que vérselas con un poderoso rival: los suelos de Muniellos son, en su mayoría, de origen cuarcítico. pronto apareció la roca madre, la cuarcita, una roca extremadamente dura y que a pesar de ello cedió en numerosos lugares pero que logró preservar esas variadas formas para que nosotros podamos deleitarnos con su observación y análisis.
Por su parte la actividad periglaciar afectó prácticamente a todo el suelo de la Reserva. Obra suya son los llamados glaciares de roca que afectaron a las paredes rocosas excavadas por los circos glaciares y que ya vimos en Tixeirúa, y también las formas de "lengua", valle abajo por debajo de los circos o avanzando lateralmente, formas ambas muy presentes en toda la Reserva y que se pueden observar en Pradallos y Trousín.
Lo que en la zona llamamos "tseirones" son los detritos rocosos, las escamas, de esa actividad. Los hay de grandes placas, como ya vimos en la Tseirona, en el vatse Tseirón o en las Vatsinas Riusecu, el Regueiro La Boizuna y en otros muchos de la zona de solano que ya veremos a su tiempo. Los tseirones de los circos y otros muchos están conformados por escamas más pequeñas y abundan mucho en este valle del medio y en el valle de La Candanosa. Son fáciles de diferenciar no solo pisándolos "in situ" sino también viéndolos desde lejos, por su color extremadamente blanco que resalta en medio del verde arbolado.
En realidad todos los tseirones eran originalmente blancos, lo que ocurre es que los de cantos más gruesos, y por lo tanto más estables a los movimientos y remociones, y los más antiguos en su formación, están muy colonizados por líquenes y "mofos" (musgos) que ocultan ese color. Los de creación más reciente, cuando los circos glaciares fueron disolviéndose y los que están en terrenos muy pendientes y sujetos a muchos movimientos y que siguen a rajatabla aquel refrán que decía: "piedra movediza nun cría mofo", siguen con su color a la espera de ser tapizados.
No se ven ya prácticamente otros tseirones más finos, de grava fina o arena, también producidos por esta erosión porque ya han sido colonizados.
Se ande por donde se ande en Munietsus siempre se acaba uno topando con tseirones. Si fuéramos capaces de ver a través del arbolado, los arbustos y los mofos, nos daríamos cuenta de que la mayor parte del suelo de Munietsus está ocupado por estos tseirones y otra parte importante lo está por la roca madre.
A veces pienso que la existencia de bosques como los de Muniellos constituyen un auténtico milagro natural. ¿Cómo ha hecho la vegetación superior, es decir los árboles, para colonizar un suelo tan inhóspito y agreste?.
Los bosques de la zona, antes de la glaciación WURM, parece ser que ya eran mayoritariamente caducifolios y contaban con una variedad de especies mayor que la actual. La brusca bajada de las temperaturas y su duración provocó su desaparición y su sustitución por un paisaje estepario. Donde no había nieves perpetuas solo crecían hierbas y algún matorral bajo.
Para Europa se habla de varios "refugios" donde sobrevivieron muchos de los vegetales existentes; otros muchos desaparecieron para siempre. Estos refugios eran zonas situadas en latitudes más meridionales y alejados de los efectos de la glaciación, como el sureste de los Cárpatos, los Balcanes, la Italia al Sur  de los Apeninos o la Iberia del Sur y, por fortuna para nosotros, la zona cantábrica, en valles por debajo de los 500 m.,cercanos a la costa, húmedos y menos fríos.
Durante el WURM hubo tres interglaciares, más otros dos de corta duración en su etapa final. En ellos al aumentar las temperaturas y la humedad disponible se producía una salida de la vegetación desde esos refugios y su expansión por las áreas vecinas e incluso por otras muy alejadas.
Muchos de vosotros-as os preguntaréis como hacían los árboles y otros vegetales para desplazarse y cómo lo siguen haciendo en la actualidad. Los vegetales no tienen "patas" para caminar; no hay entre ellos ningún "Ent", precioso personaje del Señor de los anillos, pastor de árboles, que sí lo podía hacer.
El desplazamiento de los árboles podríamos decir que es intergeneracional, una generación de árboles, anclada en un lugar determinado, no puede moverse de ese sitio, pero sus descendientes sí; el viento, el agua y muchos animales pueden transportar sus semillas a ciertas distancias, en radios de hasta dos kilómetros. Allí, si las condiciones son propicias, se asentará una nueva generación que pasados unos años producirá semillas con las que vuelve a ocurrir lo mismo. De esta forma consiguen desplazarse los árboles.
La vuelta a un clima glaciar volvía a hacer desaparecer el bosque y a recluirlo en sus refugios.
Durante el Tardiglaciar (aprovecho aquí para rectificar la fecha que le adjudicábamos a este periodo en el capítulo 13, reduciendo las fechas de su comienzo y su final en unos dos milenios, yendo del 16.000 al 10.000 a.C.) la mayor parte de la Reserva estaría desarbolada y con unos suelos muy degradados. Hacia el 15.000 a.C. los hielos fueron desalojados de los últimos circos glaciares y a partir de esa fecha comenzaría a desarrollarse un nuevo suelo; es de suponer que las cotas más bajas conocieran una reactivación en fechas más antiguas.
Pero la última fase del Tardiglaciar conoció un nuevo cambio climático, con un aumento muy notable del frío y una disminución de las precipitaciones que sin duda afectó negativamente a los árboles que se atrevían a salir de sus refugios, pero el suelo, mal que bien, continuó evolucionando.
Rebotsus albares y fayas en el cauce del Regueiru Decutsada. 2016

4/25/2019

El Monte y el guía de Munietsus 21


La "selva de Munietsus" ya era en 1987 un bosque maduro, podríamos decir que centenario, como mínimo, de robles y fayas al que se une por encima y algunos bordes las más recientes colonizaciones de bedules, que no admite comparación alguna.
Solo he conocido algo superior, pero a una escala infinitamente más pequeña. En mis últimos años de estudiante en Uviéu trabé amistad con otro "loco por la naturaleza", Manuel, al que apodábamos significativamente "El Montañés"; era de un pueblo de la otra Cangas de Asturias, la de Onís y era un gran conocedor de los Picos de Europa, donde había trabajado como guía. Nos intercambiábamos los papeles: si yo iba a Picos él era mi guía particular, si él venía a Cangas del Narcea el guía era yo.
Conocedor de mi pasión por los bosques, él prefería más la peña, me dijo que conocía una hondonada, cerca de Cabrales, donde existía un grupo de robles y fayas espectaculares, pero que una gran "ventolera" había derribado unos cuantos y no sabía como estarían entonces. No tardamos en ir a verlos y efectivamente quedaban muy pocos en pie, no llegarían a la docena, pero eran más grandes que los de Sestu Gordu y aledaños. Imponían con sus grandes copas creciendo sobre un terreno calizo inexistente en Munietsus. Supongo que se habían salvado de las últimas cortas por estar en un sitio con difícil acceso y ser un grupo reducido ya entonces, por lo que hacer una vía de acceso podría resultar más costoso que los beneficios obtenidos de la tala.
Bueno, al final llegamos a Sestu Gordu, ya bien avanzada la tarde. Mis compañeros ya no podían más, posaron los trastos y la mochila en la misma senda y se sentaron a su lado. Yo, tras despojarme de la pesada mochila, busqué un lugar idóneo para la acampada; estábamos en el mismo teso de Sestu Gordu, a unos 150 m. de desnivel respecto al Chanu Sestu Gordu que era, sin duda, el lugar más apropiado para acampar, pero sería temerario subir a él dado el estado de los periodistas. Investigué por encima de la senda y no tardé mucho en dar con un buen rellano, pues a pesar de estar en pendiente el teso es muy ancho y tiene varios.
Enfrente del ganzo, en la sombra el Chanu Sestu Gordu. 2018

Dejé que mis acompañantes siguieran descansando y subí mi mochila y la tienda de campaña. Acumulé un gran montón de hojas secas para hacer más mullido el suelo, luego sobre ellas monté la tienda . Mientras lo hacía mis compis, con un último esfuerzo, cogieron sus bártulos y llegaron hasta el rellano donde se volvieron a sentar y observar como terminaba yo la tarea, sacar las esterillas, extenderlas y colocar encima los sacos de dormir.
Entre los dos techos había sitio para instalar los artilugios, cosa que hizo el ayudante de Cámara, que puso algo debajo para evitar posibles humedades. Solo faltaba una cosa y pedí su colaboración. El rellano era amplio, así que un poco alejado de la tienda les pedí que acumularan algo de leña; con unas piedras gruesas hice un pequeño círculo y en su interior pronto empezaron a danzar las llamas de una hoguera, la tarde terminaba y la noche se nos echó encima.
En el pie de la niebla del centro, en el teso, fue donde acampamos. 2018

Me coloqué el frontal que había tenido la precaución de llevar por si era necesario un foco de luz. Sacamos la comida y cenamos; es curioso pero no recuerdo nada de la comida del mediodía que inevitablemente tuvimos que realizar. Poco a poco el trío fue reviviendo. No habíamos dejado de hablar durante toda la ruta y ahora el tema giraba en torno a donde estábamos.
Todos coincidían en que nunca habían estado en un sitio así, tan dentro de un bosque, tan alejados de todo lo que conocían; no había otros sonidos que los naturales, ni sonidos de coches, ni de gente, solo el crepitar de la leña y esporádicos sonidos emitidos por algún pájaro. Yo, posando la vista en las atrayentes, bailarinas y sosegantes llamas, me iba dejando impregnar por la sensación de estar en semejante sitio y les dije que éramos unos privilegiados de poder estar allí, en el corazón de Muniellos y ellos, olvidando momentáneamente su cansancio, asintieron.
Seguimos en torno a la hoguera tras recoger la comida y meter las mochilas junto a los bártulos y continuamos charlando. Poco a poco me fui dando cuenta que uno de ellos, creo que el Ayudante de Cámara, no participaba en la conversación y se aislaba. Le pregunté si se encontraba mal y me contesto que sí, que le había salido un fuerte dolor en un costado, por encima de la ingle.
Nos preocupamos todos y más cuando con el paso de los lentos minutos la situación empeoró y empezó a mostrar abiertamente su malestar; no podía estarse quieto, se levantó y empezó a moverse en torno a nosotros y al ámbito iluminado de la hoguera. Se nos cortó a todos el rollo y fueron unos momentos horribles pues no sabíamos de que se podía tratar. Perdió los nervios y de vez en cuando gritaba; el resto estábamos en silencio, impotentes, atentos a su evolución.
Empezó a repetir una frase: "¿Por qué a mí?" y otras del estilo "¡ay, qué dolor, me voy a morir!", que me empezaron a sonar familiares. Yo ya había pasado por una experiencia similar y además en primera persona, sufrida en carne propia. Le pedí que me señalara donde le dolía exactamente, le palpé la zona y le dije que creía que tenía un cólico nefrítico.
Como no sabía que era eso se lo expliqué: un cálculo renal, una "piedra", al intentar salir al exterior expulsada por el organismo, queda atrapada en el ureter, se clava en sus paredes porque el conducto es muy estrecho, provocando un dolor insufrible, algunos le llaman "el parto masculino", que era muy doloroso pero que no tenía otras repercusiones físicas.
"¿y cuánto me va a durar?" me preguntó y le dije que eso dependía del tamaño de la piedra, de si había más de una y que el dolor cesaría cuando estas fueran expulsadas. Traté de tranquilizarlo y le confesé que yo había tenido más de uno.
Entonces dijo que teníamos que bajar a Las Tablizas para ir a un médico. Intenté dialogar con él, le dije que eso era casi imposible, que pensara en lo que había tenido que andar para llegar allí y que desandar lo andado siendo de noche era una locura, con un solo foco de luz podíamos perder la senda sin querer y acabar perdidos, teniendo entonces que esperar a que fuera de día para arreglar el entuerto; que era mejor esperar allí a que amaneciera.
Pero siguió insistiendo en que teníamos que bajar, le dije entonces que no estaba en condiciones de andar y que si no me creía que intentara hacerlo. Y lo cierto es que lo intentó, pero tras dar una docena de pasos dijo: "tienes razón no puedo andar" y rompió a llorar como un niño; tratamos de consolarlo y fuimos los tres a abrazarlo y yo le recordé "duele mucho pero no te vas a morir", pero el dolor no cesaba.
De pronto se separó de nuestro abrazo, se bajó la cremallera del pantalón y orinó. Cuando oí el sonido de que estaba meando dije en voz muy alta "¡ya está, la piedra ha salido!"; quedamos a la expectativa de su reacción. Su cara demacrada se fue iluminando y mirándonos, uno a uno, esbozó una gran sonrisa y dijo: "¡hostias que bien, ya no tengo ningún dolor!". Nos fundimos los cuatro en un gran abrazo; luego lo sentamos en el suelo y lo mimamos algo, secándole  las lágrimas que aún tenía y acariciándole el pelo.
La pesadilla había terminado, estábamos en la gloria, además el hecho de haber tenido la experiencia en común había logrado unirnos, apenas si nos conocíamos pero nos sentíamos hermanados. Hablamos un rato, él me preguntó más cosas sobre los cólicos, le dije todo lo que sabía. "¿y por qué se producen las piedras?" y yo, medio en serio, medio en broma, le contesté: "por beber muchas cervezas" y el dijo con sinceridad "pues no pienso volver a beber una en mi vida". Nos reímos desenfadadamente los cuatro.
Era bastante tarde y les aconsejé que se acostaran y que por la mañana ya decidiríamos que hacer; no se hicieron de rogar pues los tres estaban exhaustos. Yo permanecí ante la hoguera hasta sus últimos rescoldos y mientras traté de serenar mi espíritu, olvidarme de todo y solo sentir el bosque, pero con todo lo ocurrido no resultó fácil.
Cuando las últimas luces de las brasas se apagaban me pareció ver otras, a través del denso faéu, en dirección a Mual o por encima de Pousada. Fueron momentos sublimes, me sentía relajado tras la dura experiencia vivida y además estaba en el lugar más querido por mí de todo Muniellos; pensé que al día siguiente aún podríamos continuar hasta Las Tsagunas, pero desistí de hacer planes pues la decisión no me atañía a mí.
Luego removí los rescoldos de la hoguera hasta comprobar que no quedaba ninguna brasa, me metí en la tienda y en el saco y no tardé en dormirme.
Dormimos como tortolitos, el mullido de hojas había sido una gran idea y despertamos cuando la vida volvía a bullir en el bosque.
Todos nos interesamos por el estado del "accidentado", pero él dijo sentirse bien, aunque aún cansado, creo que sus dos colegas también lo estaban, el único entero parecía ser yo.
Desayunamos y empezamos a recoger todo, hablaron un rato entre ellos y me dijeron que la excursión-reportaje acababa allí, que aún quedaba la vuelta y que esta iba a ser como había sido la ida, muy larga. Sin duda primaba en su decisión el miedo al estado de su compañero; yo, para tranquilizarlos, les dije que el cólico no tenía efectos secundarios, que nuestro compañero, una vez expulsada la piedra, volvía a estar normal y que tampoco era necesario reposo ni nada especial, pero obviamente respeté su decisión.
Pensaban que teníamos que volver por donde habíamos venido y me confesaron que les asustaba, pensando en lo mucho que habían andado. Viendo que su deseo era acabar cuanto antes con la visita, de hecho creo que no volvieron a filmar nada más, les informé que intentaríamos acortar, y mucho, la vuelta, bajando cerro abajo.
Ya he mencionado que aún andaban terminando y arreglando la senda una cuadrilla cuando comencé como monitor. En aquel momento esa actividad se había acabado, pero quedaban practicables una serie de atajos, hechos para acceder y luego volver más rápido; en los tramos más cercanos a Las Tablizas iban y volvían por la senda, pero ir por ella hasta el Regueiro La Boizuna, el Regueiro Trousín o Sestu Gordu y luego volver por la misma les llevaría mucho tiempo, dejándoles poco para trabajar. Téngase en cuenta que el tiempo empleado en los traslados entraba dentro de la jornada de trabajo, contaba como trabajado.
Uno de estos atajos se encontraba aquí , en el teso de Sestu Gordu, pero tenía un problema, la mayor parte de su recorrido lo hacía por zona boscosa, donde no fue necesario arreglar nada; pero también tenía zonas desarboladas, con muchos arbustos, donde tuvieron que rozar y otras donde tuvieron que arreglar suelos quebrados y rocosos. Aunque iba por el teso, a veces se metía algo contra Tixeirúa y otras, los menos, contra Refuexu; pero el teso era ancho y no era tan fácil conectar los trozos trabajados con los que no lo estaban.
Por el mismo teso Sestu Gordu bajaba el atajo. 2018
Lo sabía por experiencia propia pues había utilizado en repetidas ocasiones este atajo para acceder a la por mí tan querida "selva de Munietsus".
Sestu Gordu, desde La Queiruela hasta el Chanu Sestu Gordu. 2017

El atajo era más fácil de recorrer, sin perderlo, si se iniciaba desde abajo, pues al ser peor terreno estaba más marcado, luego más arriba aunque lo perdieras no importaba tanto porque poco a poco el bosque se iba enseñoreando del terreno; seguías teso arriba hasta llegar a la senda, que constituía una buena marca para desplazamientos posteriores. Pero en sentido contrario, o sea desde arriba hacia abajo, las cosas cambiaban. Al menos en tres ocasiones yo la había perdido, aunque entonces eso era lo de menos y me servía para conocer a fondo rincones desconocidos.
La primera vez creo que decidí bajar a la pista de Tixeirúa, el tramo de la "selva" una gozada, pero la pista ya estaba bastante mal, tomada en muchas partes por el río y con muchos espinos de gran tamaño. Creo que fue su mal estado el que motivó que la cuadrilla, aconsejada por los guardas que eran quienes realmente mandaban dada su condición y su mayor conocimiento del terreno, optaron por utilizar el menor tramo posible de esta pista.
En las otras dos pérdidas opté por bajar a la pista de Refuexu, mucho mejor conservada pero que para llegar a ella había que salvar zonas muy agrestes, con procesos de repoblación iniciales y pobladas aún por arbustos que me sobrepasaban en altura y que retardaban y hacían costoso avanzar. Honestamente creo que mis compañeros no estaban preparados para ninguna de esas dos "salidas".
Así que tuve que extremar las precauciones, cuando llegábamos a un sitio dudoso les mandaba parar, me quitaba la mochila e iniciaba una rápida exploración hasta encontrar la continuación del atajo. Esta operación la tuve que realizar varias veces y nos retardó bastante. Más abajo el bosque desaparecía del teso o era muy raquítico aflorando, cada vez más frecuentemente, la roca madre, con la ventaja de que el atajo era mucho más visible. De reojo veía que mis compañeros volvían a estar realmente cansados, menos mal que habían decidido regresar, ir a las lagunas y luego bajar, en aquel estado, hubiera sido un suicidio.
Aspecto reciente de las Partes bajas de Sestu Gordu con zonas aún arbustivas. Foto Ástor. 2017

Pronto dejamos el teso de Sestu Gordu que termina en un terreno con forma de triángulo y cuyo lado izquierdo (La Queiruela) se prolonga en un largo y estrecho espolón rocoso que deslinda el valle del Tixeirúa no ya del de Refuexu sino del propio Ríu Munietsus ya que entre ambos valles hay un gran espacio y el espolón es como un ramal de Sestu Gordu.
Final o inicio de Sestu Gordu con su forma triangular y cuyo lado izdo (La Queiruela) se prolonga en un espolón. Detalle ampliado foto Ástor. 2017

Seguimos descendiendo por el entorno del Vatsigato La Queiruela hacía el Ríu Tixeirúa. Aquí el atajo estaba muy trabajado, no solo habían rozado si no que el suelo estaba adaptado, con piedras colocadas y otras apartadas.
Antes del espolón rocoso del fondo de Sestu Gordu Vatsigato La Queiruela. Foto Ástor. 2017

Un guarda forestal me había dicho que estos atajos no se hacían de una "tacada", que era una labor diaria, un día hacían algo, al siguiente otro poco y así sucesivamente hasta dejarlos más o menos transitables. El tiempo que se perdía con esta labor se recuperaba con creces posteriormente; algunas veces me crucé con la cuadrilla en mis excursiones en solitario, ¡tendríais que ver la rapidez con la que se desplazaban por aquella somera senda!, sobre todo cuando acabada la tarea se emprendía el regreso; lo que a nosotros nos pudo llevar unas tres horas, ellos lo hacían en menos de una.
Personalmente yo habría optado por un atajo ligeramente diferente. En realidad el peor tramo de la pista de Tixeirúa era el primero, muy pegado e incluso sobre el borde mismo y casi a la misma altura que la corriente de agua y con unos espinos enormes que había que bordear como buenamente se pudiera, teniendo a veces que meterte en el propio río; pero más arriba mejoraba bastante al estar más separado del cauce.
Yo lo había recorrido algunas veces entrando desde abajo y recuerdo una vez que lo hice en sentido contrario. Veréis, cuando me enteré que el topónimo de la vatsina que bordea la Braña La Boizuna era Vatsina´l Cándanu, y no Vatsina Tixeirúa como creía hasta entonces, me empezó a atraer por el nombre. La parte cercana a la braña, por debajo y sobre todo a los lados y por encima hasta los altos de la Bovia de Teleyerba, estaban muy pelados por su pasado ganadero. Pero hacia abajo, después de un cuenco glaciar que poseía, había un potente bosque con bastante presencia de fayas, aunque predominaba el albar. Allí se iniciaba la "selva de Munietsus".
Vatsina´l Cándanu. Foto Google

Pensé que su nombre podía derivarse de la presencia en él de un grandioso cándanu (roble seco) y un día que andaba gozando de la selva, a la vuelta, decidí inspeccionarlo para tratar de dar con el cándanu, si es que aún existía. Ya sé que era una ingenuidad pues los topónimos suelen ser muy antiguos y el cándanu en cuestión haría mucho tiempo que habría pasado a mejor vida, pero en realidad los propósitos de cualquier excursión por el bosque no dejaban de ser una excusa para poder disfrutar de este, al menos en mi caso.
 Recorrí la vatsina como siempre solía hacer, trazando zetas para tratar de ver y sentir lo máximo posible; la gran arboleda existente y los buenos suelos que se iniciaban por esa zona lo permitían, aunque también había ganzales, herencia de los aclarados de origen ganadero vinculados en este caso a la Veiga La Folgueirosa y a otros ligados a entresacas madereras. Allí en los bordes de ambos casos si había candanus, incluso vi uno de gran tamaño. Ya en el valle no tardé mucho en conectar con la pista, por la que descendí sin ningún tipo de problema.
Yo habría utilizado, para el atajo, la pista un poco más, hasta la Vatsina La Piesca, en donde ascendería a sestu Gordu por la vertiente derecha de esta vatsina, cubierta al principio por albares y luego por el gran faéu proveniente de La Chada, donde habría que limpiar muy poco terreno al discurrir todo el atajo por un buen bosque. Solo habría que limpiar a fondo el tramo de la pista.
Vatsina La Piesca. Foto Google

Cuando finalmente llegamos a la pista del Ríu Tixeirúa y decírselo, vi aflorar en el rostro del grupo una pequeña sonrisa, que se hizo más amplia cuando les anuncié que nos quedaban menos de tres kilómetros para llegar a Las Tablizas.
No recuerdo exactamente si fue allí mismo, o cuando llegamos a donde este río desemboca en el Munietsus, en el entorno de la Ponte La Zreizal, aunque me inclino por este último, de forma intuitiva, sin decirnos nada, nos quitamos los bártulos y mochilas de encima y a continuación toda la ropa y nos metimos en el río, en "porricas" o en "pelota picada" como se suele decir; más que nadar nos "chapuzamos", quitándonos el sudor y el polvo acumulado.
Fue un rato muy gratificante, mis amigos dieron rienda suelta a toda la tensión acumulada. Éramos cuatro pero metíamos más "bulla" que un regimiento y eso que el agua, pese a ser verano, estaba muy fría.
Las aguas de Munietsus son balsámicas, aunque creo que en realidad cualquier agua de bosque lo es. El agua de fría a muy fría hace entrar en funcionamiento todo el aparato circulatorio del cuerpo humano, pues acude presto a las partes que sufren una repentina bajada de temperatura; si se repite la operación y yo creo que estuvimos un buen rato metiéndonos y saliendo del agua, la sangre "vuela" por el cuerpo. Cuando el cuerpo vuelve a recuperar su temperatura normal, la sensación que experimentas es de un gran bienestar; un gran relax se apodera de todo el cuerpo y los dolores y el cansancio que sentías desaparecen, al menos durante un buen rato.
Nos comportábamos como chiquillos, salpicándonos los unos a los otros, empujándonos al agua, riéndonos sin parar. Hubo un momento en que pensé en la impresión que le podríamos causar a alguien que pudiera estar paseando por la Reserva y observara la escena, pero pronto lo olvidé, en el fondo ¿a quién le importaba?.
Nos secamos superficialmente con algo de ropa que llevábamos de repuesto y nos vestimos, entonces vi en sus rostros el efecto del chapuzón, era como un milagro, parecían totalmente repuestos; el que había padecido el cólico creo que fue el que más disfrutó y ahora estaba resplandeciente e irradiaba paz y tranquilidad.
Realizamos el último tramo de la excursión muy animados y disfrutando de ella. Luego en Las Tablizas con un cálido abrazo y un apretón de manos nos despedimos.

4/08/2019

El Monte y el guía de Munietsus 20

Siguiendo con la ruta larga, en la práctica no había necesidad de acudir a las mencionadas razones pues esta, la ruta, era descartada desde un principio por todos los visitantes , dada su gran longitud. Solo la volví a utilizar, con gente, una vez.
Desde la Consejería me avisaron de que iban a ir unos periodistas de la televisión regional para hacer un programa sobre la Reserva, que los acompañara y que dispondrían de total libertad de movimientos y de tiempo para poder realizarla. Pregunté sobre lo de la libertad de movimientos y si eso incluía la posibilidad de dormir dentro de la Reserva ya que así dispondrían de más tiempo para filmar, evitando perdidas de tiempo en desplazamientos desde la entrada de Las Tablizas y desde el sitio donde pernoctaran; tras pensarlo un rato me contestaron que sí.
Planeé una visita a la Reserva que permitiera una visión de conjunto a partir de las particularidades existentes en las zonas que se visitaran; pero el problema era cómo comunicarme, previamente a la visita, con los periodistas. Afortunadamente unos amigos míos de León conocían el círculo de amistades de estos en Uviéu y gracias a ello les hice saber que llevaran material para comer y dormir para por lo menos dos días, incluyendo una tienda de campaña ligera ya que la que yo tenía era solo para dos personas, sus sacos de dormir, esterillas y demás.
Se presentaron el día señalado, temprano. Eran tres chicos jóvenes: un reportero, un cámara y un ayudante de cámara, de cuyos nombres ya no me acuerdo, que traían con ellos unos grandes artilugios, una cámara de filmar grande, un gran trípode para apoyarla y un zum bestial, amén de innumerables cables y clavijas. Menos mal que yo disponía de una gran mochila, en ella metimos todo lo que pudimos; el resto lo metimos en otra mochila que tenía que llevar el reportero,quedando para los otros dos cargar con los aparatos y no creáis que salieron ganando pues estos eran incómodos de llevar.
Tras saludarnos y repartir la carga les expuse mi plan. Iríamos por la senda larga con la intención de llegar por la tarde a Las Tsagunas, para dormir allí y desde allí que hay buenas y despejadas vistas filmar el amanecer. No me acuerdo por donde tenía previsto la bajada, si por el río o por Fonculebrera. Obviamente durante el recorrido se podían hacer paradas para filmar el bosque desde diferentes perspectivas.
A mí el plan me parecía el idóneo para hacer un gran reportaje, mostrando la variedad de paisajes de la Reserva, pero cometí un error casi de novato: no tener en cuenta el fondo físico de mis acompañantes, personas acostumbradas a la vida urbana pero desconocedores y no preparados para hacer una gran excursión por un entorno natural pero muy agreste. Uno, de forma natural, no se da cuenta de ello, piensa que lo que él puede hacer lo pueden hacer los demás.
Surgió entonces un problema, y gordo, con el guarda de Las Tablizas; Benjamín, fiel a su seriedad, se negaba a permitirles el acceso hasta que no le entregaran un permiso que lo autorizara. Aquello rozaba el absurdo, tanto él como yo sabíamos lo de su visita, personal autorizado de la Consejería nos habían informado de ello e incluso lo habíamos comentado entre nosotros, pero bueno así era Benjamín. Los periodistas flipaban, pero Benjamín no daba su brazo a torcer. Y allí hubiera acabado la proyectada filmación; pero por fortuna en Las Tablizas había una emisora, con ella establecieron contacto con la Consejería y llegando a altas instancias los peridistas consiguieron el visto bueno del guarda, no sin antes conseguir este la promesa de remisión, por parte de los encargados de los permisos, de uno especial autorizando la dichosa entrada.
Tras salvar este inesperado escollo comenzamos el recorrido alegres y motivados, pero sin prisas; siempre soy partidario de ir suave y sin aceleraciones bruscas en los comienzos de una excursión y en esta ocasión más que nunca porque llevábamos mucho peso.
Cada cierto tiempo me adelantaba un poco, me volvía y observaba como iban mis compañeros y lo que veía me llenaba de intranquilidad. Tras la dura subida de los zigzags de Penas Negras, aún en los inicios de la excursión, los oía jadear y bufar y su andar era dubitativo, inestable, signos evidentes de fatiga y cansancio; decidí entonces hacer más paradas y de mayor duración y reducir aún más el ritmo de la marcha.
Yo, que sin peso solía desplazarme como un gamo por aquella senda y que en sus partes más llanas era como si corriera, ahora con el peso de la mochila y sobre todo por el estado de mis compis, descubría una nueva faceta del hasta entonces idílico paisaje conocido. Pensando en el impacto de la senda sobre ellos veía cosas que antes no advertía: cuestas, vaivenes, piedras sueltas y rocas, sudor en las zonas donde el sol "cascaba" de lleno, tramos realmente duros y exigentes...y hasta el paisaje presentaba, en algunos puntos, un bosque bastante degradado. gracias a los periodistas unía una visión, sin duda, más realista a la que ya poseía sobre el variopinto Monte Munietsus.
Vertiente derecha del Ríu Tixeirúa. De izda a dcha: Vatse Las Varas, Vatse Tseirón, Regueiro samartino con su Vatsina Fradalicos, La Regueirona con su Vatsina La Guvia, Vatsina La Bovia, Vatsina Riusecu  y regueiro La Boizuna. Foto Google

Mapa topónimos partes bajas del valle Tixeirúa

Mapa topónimos partes altas del valle Tixeirúa

En el gran canchal de la Tseirona les indiqué que era un buen lugar para obtener vistas amplias y despejadas, colocaron el trípode y la cámara y filmaron un rato. Pero pronto decidí seguir porque el sol pegaba de lleno y temí que el calor los desfondara del todo, cosa que suele ocurrir si estas cansado y abusas de él.
Una larga parada, para quitar la calentura del cuerpo, en el frescor del faéu del Vatse Las Varas y la imprescindible de los grandes robles, donde me hicieron una entrevista filmada. Continuamos , en el amplio Ganzal Samartino por el que la senda discurre durante lo que me pareció entonces un buen rato, les volví a indicar que era un sitio idóneo para filmar por las nuevas perspectivas que se tenían del valle de Tixeirúa y porque era el último sitio con vistas despejadas del valle, sin árboles que las cortaran. El Ganzal es una granda de origen ganadero al que le está costando mucho volver a ser bosque, pero que solo necesita tiempo para conseguirlo. Desde él ver las vatsinas de enfrente vuelve a ser espectacular, tanto o incluso más que las de enfrente de La Tseirona en el inicio del valle.
A partir de aquí, Regueiro Samartino, nos fuimos internando en un bosque mucho más denso y húmedo, como consecuencia del acercamiento al fondo del valle; en Fradalicos, La Regueirona y las vatsinas La Guvia y La Bovia la calidad del bosque había empezado a mejorar notablemente, aparecían fayas por aquí y por allá, entremezcladas con robles y algún que otro capudre, xardón...
Regueiro Samartino y su Varsina Fradalicos.Foto Google
De izda a dcha La Regueirona y su Vatsina La Guvia, Vatsina La Bovia y Vatsina Riusecu. Foto Google

El centro del fondo del valle: El Regueiro La Boizuna, y el anterior la Vatsina Riusecu, son bastante peñascosos, con grandes bloques de piedra, posiblemente arrastrados por la actividad glaciar. Por cierto todo lo que comentábamos del circo glaciar que hay por encima no es perceptible desde la ruta, solo lo es desde los altos de la sierra; solo vemos algo de la impresionante fuerza erosiva que los acompañaba y que a diferencia de la erosión fluvial o del viento, no hacía distingos entre trozos grandes y pequeños, arramblaba con todo hasta que iba perdiendo fuerza.
Fondos del Tixeirúa. Foto Google

Tseirones del Regueiro La Boizuna, la Braña (zona desarbolada), la preciosa campera que aún existe en la actualidad, y la Tsaguna. Foto Google

Es un tramo exigente pues la senda tiene que ondular salvando los obstáculos pero también es reconfortante, el de Boizuna baja agua durante todo el año y ahora libre de la carga ganadera que soportó en el pasado esta es pura y cristalina y la verdad es que nos vino de perlas, nos libramos de los bártulos, nos refrescamos externamente y bebimos abundantemente, además de rellenar las cantimploras que ya teníamos casi vacías.
Con mis compañeros reanimados, al menos momentáneamente, se fue abriendo ante nosotros la verdadera "selva de Munietsus". Antes de proseguir me gustaría hacer una aclaración sobre el término "selva". La selva, como ecosistema, no existe en las zonas de clima templado, entre los que figura Munietsus, lo que hay en estas son bosques templados. Las selvas son típicas en el entorno del Ecuador (el meridiano) y los trópicos, donde altas temperaturas y abundante humedad propician un gran desarrollo de la arboleda. A la variedad de especies le acompaña un grado de especialización en la captación de la radiación solar muy diferenciado que provoca una estratificación vertical muy marcada; es decir los árboles no crecen todos a la misma altura, los hay gigantescos, los hay altos, los hay medianos e incluso los hay bajos. La abundancia de recursos facilita esta variedad.
Los bosques templados no tienen tanta variedad de especies y la estratificación vertical se reduce a un único estrato arbóreo, con algunas matizaciones, y al estrato arbustivo. Los árboles compiten por asegurarse su ración de luz y solo se detienen o ralentizan su crecimiento cuando lo consiguen. Tendríais que ver las alturas que pueden llegar a tener árboles, aunque algunos les llaman arbustos, como los capudres (Sorbus auccuparia) rodeados por robles o fayas altos. Solo xardones (Ilex aquifolium) y teixus (Taxus baccatta) pueden crecer bajo dosel arbóreo. También lo hacen las fayas, pero de ellas ya hablaremos a su debido tiempo.
Por lo tanto cuando hablamos de selva de Munietsus lo hacemos para resaltar su grandiosidad, su magnificencia, su exuberancia, pero teniendo claro que es un bosque, no una selva.
La "selva de Munietsus". De izda a dcha: Vatsina´l Cándanu, Vatsina L´Astaca, Vatsina Los Ciervos y Vatsina La Chada. Foto Google

Toda la ladera izquierda del Ríu Tixeirúa es una auténtica maravilla. Las vatsinas que vamos atravesando: la grandiosa Vatsina´l Cándanu y las que le siguen L´Astaca y Los Ciervos, hasta el poderoso Teso Los Ciervos que bien podríamos decir que divide el valle en dos partes, presentan una sublime y preciosa alternancia. Las laderas derechas, más orientadas al Norte y que son las primeras que nos reciben en cada vallecillo, poseen un arbolado donde reina la faya, mientras que las otras, las izquierdas, están enseñoreadas por el roble.

Vatsina L´Astaca. Foto Google

Vatsina Los Ciervos. Foto Google
Vatsina La Chada. Foto Google
Quiebro del valle Tixeirúa provocado por el Teso Los Ciervos. Foto Google

En los tesos que deslindan las vaguadas robles y fayas presentan una gran promiscuidad, en bella armonía se acercan los unos a las otras, se alternan, creando estampas de belleza inigualable. Es hora de saborear el bosque desde dentro, de sentirlo, de hermanarnos con él, de meterle mano sin tapujos, acariciando pieles distintas a las nuestras y percibir su flujo, de mirarlo y remirarlo, de olerlo, de respirarlo, de ...
Muchos amigos me han preguntado en repetidas ocasiones cuál es mi arbol favorito, cuál me gusta más. Es una pregunta difícil de contestar. De los que hay en Muniellos y en general en nuestros montes, me quedaría con tres: el teixu, el roble albar y la faya, y no es que xardones, bedules, rebotsus sapiegos y orocantabricos, carbatsus, capudres, tileras, freinus, tsameras, ablanus, álamos, umeirus, castañales y un largo etcétera no me gusten, en realidad me gustan todos, pero en la tesitura de elegir...También influye en la elección el estado en que estemos acostumbrados a verlos (jóvenes- adultos- sanos- decrépitos).
El teixu es bello y merece todos mis respetos; es podríamos decirlo, un árbol totémico, pero cuesta mucho verlo en su estado natural original, libre de podas humanas que lo empequeñecen. Sin duda el ser superviviente de otras épocas y por tanto bastante escaso y su larga duración vital le hacen ser el árbol más importante de nuestra flora. Pero la belleza y fuerza que irradia un fuste de roble centenario que se alza varios metros del suelo, pongamos quince o veinte, sin ramas laterales, mostrando su corteza estriada y rugosa surcada de blancos brillantes que le prestan sus huéspedes los líquenes (que hacen honor a su nombre de albar) y cuya parte superior no siempre alcanzamos a ver, es algo que me llena de energía y que admiro alborozado.
Quercus petraea (Decutsada. 2.000)

Y qué decir de la faya de un solo fuste, similar a la del roble en fuerza y lozanía pero con una corteza más alisada y que a menor altura que el roble se engalana con ramas laterales que poco a poco van taponando la bóveda celeste.
Fagus sylvatica (Decutsada)

Aquí, en los tesos, mirabas un roble, mirabas una faya y el corazón se ponía a mil por hora, era como una imagen del paraíso, ¡nada podía existir tan bello y vital! ¿cómo elegir entre ambos cuando forman un maridaje tan perfecto?, ¿cómo elegir uno en perjuicio del otro?, ¡no!, el roble es mi señor y la faya mi señora, ¡tanto monta, monta tanto!, la guerra de sexos es solo para fanáticos-as, ninguno-a es mejor que el otro o la otra. Como en las sociedades humanas en donde ambos deberían de ser iguales, porque en el fondo lo son, cada uno con sus diferencias, virtudes y fallos, pero iguales.
Iguales, como lo son aquí, en el más esplendoroso lugar de toda la Reserva, robles y fayas con más de una centena de años sobre sus ramas y con una pujanza difícil de paladear en otros lugares.
En este largo tramo de ensueño la senda mejora notablemente pues discurre por los mejores suelos de toda la Reserva; te puedes salir de ella e ir monte a través porque apenas si hay arbustos, los suelos están limpios y mullidos y a pesar de estar en ladera las pendientes son llevaderas. Pronto se pierden las referencias pues no hay vistas despejadas , el bosque te envuelve y parece que estés a decenas de kilómetros del lugar del que partiste por la mañana, lejos, muy lejos de la civilización.
Eso, al menos, era lo que veía reflejarse en las caras de mis compañeros. Pero también veía que sus fuerzas estaban casi al límite. Hacia ya bastante tiempo que había desechado la idea de llegar en ese día a las Tsagunas, era sencillamente imposible pues por el medio quedaban los dos grandes valles del Ríu de Refuexu. Sobre la marcha decidí acampar en el para mí mítico teso de Sestu Gordu, si es que llegábamos a él.
Quedaba por recorrer Vatsina La Chada donde el bosque continua siendo majestuoso, estamos sin duda en el mejor y más extenso faéu de todo Muniellos. Enmarcado entre el Chanu los Ciervos y el Chanu de Sestu Gordu, se desparrama cerro abajo, con algo de progresión hacia Refuexu, pero sobre todo hacia La Chada, llegando hasta la ladera derecha de Vatsina La Piesca. Aquí la faya no solo es el árbol dominante sino casi el único.
La "selva de Munietsus" ocupaba y por fortuna ocupa, toda la ladera izquierda del Ríu Tixeirúa y Sestu Gordu (con una buena prolongación hacia el Ríu Las Gallegas que ya veremos a su tiempo), pero situándose solo en altitudes que van desde los 1.000- 1.200 metros hasta los 1.400 y presentaba dos zonas diferenciadas en función de la explotación a que había sido sometida.
En la zona de la alternancia robles- fayas la arboleda había sufrido entresacas madereras, pero estas eran antiguas ya que no padeció las terribles cortas de las décadas cincuenta y sesenta del siglo pasado, que fueron a matarrasa. Que predominen troncos o fustes "únicos" (un solo tronco) se debe a que no hubo rebrotes de las raices- base del tronco de los árboles cortados; tampoco hubo mucha regeneración natural por semillas porque los árboles que quedaron tras las entresacas tendieron a copar todo el espacio aéreo, imposibilitando la llegada de luz a los nuevos árboles, que en esas condiciones no podían medrar. Hay poca variedad de generaciones arbóreas, faltan los más viejos y escasean los jóvenes.
Para que os hagáis una idea de su grandiosidad os diré que hacia 1987 predominaban en esta zona robles y fayas de tres metros de perímetro a 1,50 m. del suelo, que era por donde yo entonces los medía, aunque más tarde supe que la medida estándar es a 1,30 m., y con unas alturas en torno a 30 m., bastante más bajos que en otras zonas porque aquí al estar más separados los árboles entre si hay menos competencia por la luz.
La segunda zona de la selva parece estar más relacionada con la, también antigua, actividad ganadera. El pastoreo intensivo proveniente de la Braña La Boizuna, y en menor medida de la de Pradallos, seguramente llegaba, por el teso, hasta el Chanu de Sestu gordu, a 1.427 m. de altitud, prolongándose a esa altitud por las laderas hacia el fondo del valle. Una banda de bedules la separaba de la selva y conformaba grandes camperas sin arbolado o con algún que otro bedul. Pero incluso dentro del arbolado, en la zona del teso y parte del faéu había muchas zonas aclaradas, las que en otra parte llamamos adehesadas, aptas para el pastoreo.
Aquí las fayas están más separadas entre si que en ningún otro sitio y a pesar de que son altas su crecimiento mayor se ha realizado hacia los lados, con grandes y potentes ramas que conforman gigantescos parasoles que tampoco permiten pasar la luz e inhiben el crecimiento de nueva vegetación, aunque en los claros más grandes si la hay.
Sin duda que a esta "potencia" arbolada contribuye, en amplia medida, la alta humedad de la zona, de las mayores de la Reserva y la ya mencionada calidad del suelo. Así las cosas sus árboles tienen asegurada la supervivencia pues tienen acotado el necesario espacio vital y solo los achaques del tiempo, naturales, contribuirán a la larga a una necesaria diversificación de las edades de sus miembros.

La Ruta a Las Tsagunas 47. Dos teixus monumentales de Caguatses d´Arriba y otros árboles notables.

  El interior del teixu de Caguatses d´Arriba, un lugar donde poder soñar. 25 agosto 2.025. De los teixus de Caguatses d´Arriba cabría desta...