2/27/2020

El Monte y el guía de Munietsus 34


Los campamentos mineros eran estacionales, pero en algún lugar debían aprovisionarse de lo que necesitaban y dado que estamos haciendo numerosas comparaciones vamos a hacer una más.
Las primeras explotaciones madereras en Munietsus y alrededores (Mual, Oubachu), iniciadas en 1772 con destino al arsenal naviero de El Ferrol, hizo que se instalaran en Muniellos no menos de 200 operarios, traídos de fuera porque los lugareños no conocían las técnicas necesarias para apear, preparar y trasportar las rollas de los árboles.
En Las Tablizas hubo que crear un lugar que los albergara; nada del otro mundo, unos vulgares barracones de toscas tablas de madera, muy parecidos a los destinados a los animales de tiro que había a su vera.
Las Tablizas tuvieron que adaptarse a la nueva situación. Como ocurrirá posteriormente durante las grandes cortas de mediados del siglo XX, algunos operarios preferían pagar por la comida en vez de tener que preparársela ellos mismos. Para ellos hubo que habilitar comedores colectivos y crear cocinas que pudieran abastecer esta demanda y también es probable que existiera una tasca. Pero la mayoría se vieron obligados a hacerla pues en mucha ocasiones tenían que comer "a pie de obra", diseminados por los Montes de Mual, Oubacho o el propio Munietsos.
Como en Las Tablizas no se producían ni los alimentos ni los textiles que los operarios necesitaban, ¿de dónde se surtirían de ellos?, y sobre todo ¿dónde surtirse del vino?, una bebida básica para aquellos esforzados hombres, con el que reponer fuerzas y que les ayudara al final de la jornada a poder evadirse de su dura realidad.
Al calor de aquella efervescencia económica, un avispado miembro de la familia propietaria del Monte, los Condes de Toreno, decidió construir en la confluencia entre el Ríu Munietsus y el Ríu Rengos (Narcea) una "venta" y arrendarla a quien pagara su renta.
Las ventas, de larga tradición en todos los lugares del mundo, eran unas instalaciones donde se podía comer. beber e incluso, en alguna de ellas, pernoctar cuando las personas, lugareños o foráneos, se desplazaban por el territorio durante uno o varios días.
En esta además había una fragua para herrar a los bueis y arreglar las ruedas de los carros que estos arrastraban, cargados con las pesadas rollas de roble.
Como la villa de Cangas, en donde había mercado una vez a la semana y alguna tienda, distaba algo más de veinte km. de Las Tablizas a los trabajadores no les quedó más remedio que surtirse de lo que necesitaban en "La Venta", que pronto incrementó su oferta, con vituallas , textiles y bebida.
Siendo Cangas una zona vitivinícola desde muy antiguo, Plena Edad Media, sorprende que el vino que se bebía y se compraba en La Venta fuera del Bierzo, lo que nos indica que su producción estaba destinada al autoconsumo, sin capacidad comercial. Era además un vino muy malo, o muy adulterado, que hacía enfermar a quien se propasara con él.
Hubo protestas por ello y por el abusivo precio de las cosas y los obreros decidieron aprovisionarse ellos mismos a través de un tercero, pero la "justicia" local lo prohibió, presionada por la familia de los Condes ya que al aumentar el negocio de La Venta podían aumentar su renta.
Establecimientos similares o parecidos, solo que en mayor número, jalonarían todo el entramado minero y cabe suponer que algunos fueran regentados por indígenas y otros trabajaran en ellos como empleados, al tiempo que otros se encargarían de transportar los productos de unos lugares a otros.
A los artesanos venidos en un principio de fuera, pronto se les unirían operarios indígenas, primero como ayudantes y aprendices y luego como auténticos maestros, en distintas ramas de la producción y presumiblemente cabe suponer que algunos regentaran su propio negocio.
Y por último la demanda de alimentos también haría incrementar su producción en zonas cercanas a las minas, como en la ya mencionada zona de Sierra, posibilitando la aparición de pequeños propietarios locales que irían aumentando su fortuna personal al ir aumentando la producción de unos productos muy fáciles de comercializar.
En resumidas cuentas, ¿en qué se parecerían los "nuevos ciudadanos" de principios del siglo III a los antiguos Ástures?, me temo que en muy pocas cosas.
Corta a cielo abierto con forma de concha. El Castro de Tsamera. Valle de Cibea. Foto Google
El Castro de Tsamera y su entorno. Nótense en El Castro los aterrazamientos de la corta a medida que iba ascendiendo. Foto Google
Explotaciones auríferas de El Castro y el Ríu la Cárcaba de Tsamera. 2019
Desmontes en la braña de Tsamera. Foto google
Ídem anterior. 2020

La desaparición de la minería aurífera también acarrearía profundas transformaciones. Es lógico suponer una primera etapa marcada por un profundo vacío demográfico, un cierto despoblamiento, provocado por la marcha de los mineros y las huellas dejadas en el terreno por las cortas a cielo abierto y toda su infraestructura.
En realidad el Imperio romano nunca superó del todo la profunda crisis del siglo III, sobre todo su zona más occidental. Poco a poco se fue desintegrando y su economía fue girando, de nuevo, hacia el viejo modelo del autoabastecimiento. Los circuitos comerciales se rompieron, las urbes se colapsaron, provocando su reducción y acarreando las crisis del sector artesanal.
Gran corta situada enfrente de Villar de los indianos. Valle de Cibea Foto Google
La Fana de Fonte Leiro (pera invertida) y la Cárcaba la Fuécara (surcos convergentes). cortas auríferas de Las Tiendas. Valle de Cibea. Foto Google.
La Muruxa, encima de Corveiru y otra corta cercana. Valle de Cibea. Foto Google
Zona de Xinestosu con excavaciones  similares a las auríferas pero posiblemente de origen natural (erosión glaciar). Foto Google.

Las vueltas que da la vida, y también la Historia, de nuevo se volvía a un mundo muy ruralizado y muy aislado, donde se iría formando una nueva identidad. Un sistema parecido al prerromano, pero que partía de unas nuevas bases.
Solo un pueblo peninsular, el vasco, logró mantener una conexión con lo prerromano y ello a pesar de que sufrió una romanización mayor de lo que normalmente se viene creyendo. Su revitalización es muy contemporánea, ligada al papel desempeñado por su burguesía local, derivado de su temprana industrialización. En una pelea entre sus deseos de proteccionismo económico, que compartía con Cataluña la otra zona tempranamente industrializada, y el cerrado librecambismo imperante en la Corte madrileña, lugar en el que se tomaban las decisiones. En el resto, incluida Asturias, la evolución estaría muy ligada a lo dejado por la romanización, siendo las "lenguas" el caso más paradigmático.
Este aislamiento y autarquía perduraría durante toda la Alta Edad Media, y en zonas tan marginales como la nuestra hasta tiempos relativamente recientes.
El impacto de la minería aurífera sobre el Medio Natural fue tambiém brutal. Una minería, en su mayoría, a cielo abierto sobre la que no se realizó ninguna posterior "restauración" medioambiental como la realizada sobre la del carbón, eso sí, con fondos públicos sufragados por todos nosotros, como en el caso ya visto de Tsaciana. Parece que algo hemos avanzado, ¿no?, aunque tengo mis propias dudas.
Corta de el Chano los Corros, pegada a la Carrilona del Pando. Veiga´l Castro. Valle del Narcea. Foto Google

El cielo abierto del carbón es una miniatura comparado con el cielo abierto aurífero. El volumen de terreno removido por una y otra actividad no admite comparación alguna, es como comparar una rata con un elefante.
En 1985 se calculaba en torno a 600 millones de metros cúbicos el terreno removido por las explotaciones romanas en el noroeste de la Península Ibérica de las que 75 millones se realizaron en la actual Asturias.
Pero entonces el censo de explotaciones no era completo, algo que todavía sigue ocurriendo en la actualidad. En el Concejo de Cangas, zonas tan extensas como el Ríu Tsuiña (Naviegu y Cibea) no tenían censada ninguna, cuando en realidad hay unas cuantas. Lo mismo ha ocurrido en muchos otros sitios, por lo que esas cifras estarían muy por debajo de las reales. Incluso han aparecido explotaciones en lugares algo alejados, como el Norte de Palencia, donde ya llevan evaluados unos 12 millones de metros cúbicos.
De arriba hacia abajo: La Veiga las Cabenas, la Excavancina 1 y 2 y la Cárcaba. Samartino. Valle del Narcea. Foto Google
La Veiga las Cabenas y La excavancina importantes cortas de Samartino. Foto Google
Detalle de La Excavancina Samartino. Foto Google

Ya sabréis que en los lavados de terrazas y en las grandes cortas a cielo abierto sobre depositos terciarios, la energía utilizada era la del agua. En la "ruina montium", quizás la técnica más espectacular, la zona que se quería desplomar y trabajar era horadada por diferentes túneles, verticales y horizontales, con diferentes diámetros. Luego, al mismo tiempo, se soltaba de golpe el agua de los diferentes embalses que bordeaban la explotación. El agua, al inundar y anegar los túneles y avanzar sobre ellos, movía tal presión que era esta, la presión, la que hacía que la montaña se viniera abajo.
Posteriormente, con más agua, se encauzaban los lodos hacia la zona donde estaban instalados los "agogae", los canales donde se retenía el oro y de los que ya hemos hablado. Los lodos tenían que estar muy aguados (diluidos) y el agogae tenía que ser lo suficientemente largo para que el oro se fuera depositando en las ericas que cubrían su fondo y el resto de impurezas, por su menor peso, pasaran de largo.
Cada cierto tiempo se retiraban cuidadosamente las ericas y su contenido y se quemaban, para que las cenizas vegetales marcharan en un último lavado y quedara el oro libre de impurezas.
Incluso en las cortas sobre primario (roca) se usaba el agua. Combinada con otros elementos como el fuego, para provocar cambios bruscos de temperatura, o el uso de ácidos, vinagre o cualquier sustancia u objeto, como las cuñas, que hiciera resquebrajarse la roca, amén del trabajo de los mineros con barras, mazos y picos con la misma finalidad. Y luego más agua para lavar el mineral triturado y tostado.
Y en las cortas de grandes dimensiones, sean del tipo que sean, era frecuente la existencia de canales y más agua para evacuar los estériles.
En los pequeños lavados de terrazas fluviales, las piedras sueltas se retiraban a mano y se acumulaban en montones, que han perdurado en el tiempo con topónimos del tipo "murias" o sus derivados y que aluden precisamente a su naturaleza pétrea y que se caracterizan por ser cantos redondos, fruto de la erosión recibida en los procesos de arranque, transporte y sedimentación. Por su parte los estériles finos de los lavados se dejaban a la acción del río, que por si mismo los iban evacuando río abajo.
En las pequeñas cortas en roca, mediante trincheras, zanjas o pequeños túneles, el poco material trabajado no hacía necesario nada de especial para los residuos, depositándolos en lugares que no molestaran.
Penas Padrún, minería aurífera a cielo abierto y subterránea, tanto del lado del Arganza como del Couto, con abundantes canales y embalses. Foto Google.
Zonas bajas del ríu Gillón con muchas cortas auríferas y castros pero muy desfiguradas por la minería del carbón. Foto Google

Para disponer de tales concentraciones de agua a media y alta ladera, tuvieron que trazar canales que fueran a buscarla a las partes medias y altas de riachuelos, regueiros y fuentes del entorno y construir embalses para almacenarla.
Los canales, en si, no eran nada del otro mundo, eran simples presas abiertas en el terreno, con forma de cajón (canales cajoneros) utilizando lo extraído para reforzar y hacer más alta la parte inferior (recordad que estamos en laderas a la hora de entender cual es la parte inferior y cual la superior). Con poco más de medio metro de profundidad por su parte superior y algo más de un metro de anchura, era suficiente.
La tierra se apisonaba a conciencia para evitar filtraciones y hacerlos más consistentes y si tenían que atravesar tseirones o suelos muy porosos de gravas, algo muy frecuente en nuestros montes, se recubrían con capas de arcilla.
En la zona de captación del agua bastaba con hacer una represa o estanquillo enlosado, conectada al canal. Si la fuerza del agua era fuerte, se reducía esta con unas terrazas escalonadas curso arriba. Pero claro de estas obras no han quedado restos, aparte de algún que otro bloque de grandes dimensiones, pues el poder erosivo de aguas en movimiento es demoledor, y más teniendo en cuenta el largo tiempo transcurrido.
No es lo mismo, sobre todo por la altitud y el caudal, pero sirva como ejemplo lo ocurrido con el banzáu que captaba el agua del Ríu Munietsus, que todos podéis ver, para alimentar la central hidroeléctrica de Las Tablizas; y eso que estaba hecha de hormigón armado. La fuerza del agua, que en las crecidas de invierno o primavera es algo tremendo que incluso causa temor a cualquiera que la observe, ha acabado por romperlo, desapareciendo por ello el buen pozo para bañarse que había por encima. Queda algo de la base, que no tardará mucho en deshacerse, y en el lado por el que se desviaba y encauzaba el agua, los restos perduraran más pues el "furor" del río no le afecta tanto.
Lo que sí tenían que tener los canales era la inclinación justa para que el agua se deslizara pero sin erosionar el conducto. Se partía, obviamente, de la altitud a la que se encontraba el yacimiento aurífero y a la que se hacía llegar el agua. Desde allí se iba trazando el canal o canales necesarios.
Conseguir esa inclinación necesaria no constituía ningún problema para los ingenieros y topografos romanos que los trazaban. Disponían de los artefactos necesarios para tal fin: la Dioptra, la Libra Acuaria y sobre todo el Chorobate. Piénsese por ejemplo en la precisión y maestría con la que construían los acueductos que llevaban el agua a las ciudades utilizando estos aparatos.
Desmontes entre Tresmonte y Gillón
Posibles cortas auríferas en el Regueiru Rucueva. Caldevitsa de Rengos. Foto Google

Tampoco eran muy allá los embalses, a pesar de las diferencias existentes dependiendo de su funcionalidad y su tamaño. También variaba su forma pues tenían que adaptarse al relieve menor que presentaba el terreno. Los más fáciles de hacer eran los que se instalaban en cutsáus (collados) o en rellanos naturales existentes en las laderas, que podían adoptar cualquier tipo de forma: redonda, cuadrada...Por contra los instalados en ladera y debido a su pendiente solían tener una forma rectangular, alargada, a los que el agua les llegaba por un lado corto y les salía por el contrario.
Su funcionalidad se puede resumir en dos tipos de embalse: embalses de almacenamiento, más o menos alejados de la corta, y embalses que podríamos llamar de "ataque" porque ya vierten sobre la la propia explotación. Como quiera que fueran había que excavar unos metros, con un par era suficiente pues la tierra extraída también se utilizaba para acentuar el hoyo, con treinta o cuarenta metros de largo por cinco o seis de ancho.
Los embalses no tenían ningún dispositivo especial de apertura o de cierre, de forma manual se quitaba o se ponía tierra para abrirlo o cerrarlo. Como veis seguimos hablando de tecnología puntera.
Pero el asunto se complejizaba en las grandes cortas en las que no bastaba el agua de las zonas cercanas y había que construir una auténtica telaraña de canales, algunos de extensiones considerables, como uno de Las Médulas de 143 Km. Por cierto ahí en Las Médulas el total de kilometraje acumulado por todos los canales supera los 600 Km. y no cesan de aumentar con nuevos descubrimientos.
Esta profusión de canales llevaba parejo también el aumento de los estanques intermedios, tanto en número como en extensión, destacando de nuevo uno de Las Médulas (por algo era la mayor mina de la antigüedad con 240 millones de metros cúbicos removidos) de 220 m. de largo por 40 m. de ancho y 3 m. de profundidad, ¡ahí es nada!.

2/26/2020

El Monte y el guía de Munietsus 33


Otros historiadores hacen recaer el peso de la mano de obra en las propias comunidades indígenas, con la ventaja que ello suponía ya que los indígenas además de procurarse su propio sustento con sus explotaciones agrícola-ganaderas, tenían la obligación de trabajar sin remuneración alguna en las minas, con lo que el oro conseguido por los romanos les saldría casi gratis. Arguyen en su defensa que la utilización de esclavos o de personas asalariadas en las explotaciones podía ocasionar más gastos que beneficios.
Parece innegable que la población indígena del entorno de las explotaciones tenía la obligación de trabajar gratis en las minas, unas determinadas horas diarias, o mejor aún un periodo de tiempo establecido: una semana al mes, un mes al año o el tiempo determinado que sus dirigentes locales les exigieran a petición de las autoridades romanas.
Este sistema podría bastar para aquellas explotaciones de modestas dimensiones. Las aplicadas a yacimientos primarios en donde había que arrancar la roca, a cielo abierto o en galerías subterráneas siguiendo los filones, triturar, tostar y moler en cazoletas de piedra dichas rocas hasta reducirlas a una especie de harina y posteriormente lavarlo para separar el oro. O las aplicadas a terrazas aluviales que solo había que lavar a mano o utilizando canales de madera, con su base cubierta de brotes de "ganzo" y por donde se hacían pasar los sedimentos, disueltos en abundante agua y en donde el oro quedaba retenido.
Lo que ya no está tan claro es que esta mano de obra indígena bastara para las grandes o grandísimas cortas a cielo abierto en las que se utilizaban técnicas como la "ruina montiun" y que en Asturias combinaban lavados de sedimentos y tratamiento de rocas auríferas, mientras que en León predominaban las de lavado de sedimentos, como en la emblemática de Las Médulas. Estas inmensas cortas de las que en Cangas tenemos varios ejemplos, sobre todo en la zona de Las Montañas y en el Ríu Tsuiña (Naviego y Cibea), necesitaban mucha mano de obra, lo que hace pensar en la utilización de mano de obra foránea, mineros profesionales.
En donde fue necesario la presencia de mineros profesionales, el hábitat castreño que sobrevivió a los cambios tuvo necesariamente que conjugarse con otro, de carácter abierto, para albergar a los nuevos mineros.
Castro de Trescastru, importante centro colector del alto Naviego. Foto Google
Los dos grandes castros de Villar de los Indianos (Entre los Castros de Sorrodiles), relacionados con la minería del Cibea. Foto Google.
En el centro castro de Pena la Vara (el Castietso de otardexugu) relacionado con la gran corta de penafurada de Xilán y sus progresiones. 2020
Gran corta de Penafurada de Xilán. 2020

Estos campamentos, muchos de los cuales eran estacionales ya que en invierno se paralizarían la mayor parte de las actividades extractivas, hechos con materiales perecederos (las murallas y defensas pétreas ya no tenían funcionalidad alguna) no han dejado resto alguno y estarían compuestos solo por población masculina y contarían además con otra particularidad puesto que toda su actividad productiva estaría centrada en la minería (mineros profesionales, evidentemente remunerados) por lo que había que surtirlos no solo con los materiales y útiles necesarios para realizar sus labores si no con todo lo necesario para su subsistencia.
Algunos productos de consumo los podrían obtener en las vecinas comunidades indígenas, pero hubo que recurrir a circuitos comerciales más amplios, importando alimentos de zonas cercanas en donde no hubiera minería y contaran con mayor producción agroganadera.
En el Concejo de Cangas, por ejemplo, hay una zona donde, al menos yo, no he encontrado ninguna explotación aurífera y que siempre ha gozado de una larga tradición cerealícola y una gran personalidad propia que le ha valido para ser conocida como "el Partíu de Sierra". En una mera hipótesis esta zona podía ser el "granero" de alguna zona minera cercana.
Algo parecido ocurriría con el aporte de útiles (no exclusivamente mineros pero sí mayoritariamente). En Cangas también hay una zona con una larga tradición, en este caso metalúrgica. Nos referimos a Bisuyo, donde no solo había yacimientos de hierro si no todo lo necesario para su elaboración y transformación. En otra mera hipótesis tal vez Besullo fuera "el horno y la fragua" de parte del utillaje utilizado en las minas del área de Las Montañas.
A día de hoy desconozco si las escorias que encontré en el castro de Tremáu de Carbatsu tienen o no relación con lo que estamos comentando.
Entre el Castietso de Otardexugu y el Covatón de Tabláu hay numerosas y pequeñas cortas a cielo abierto. Foto Google.
El Covatón de Tabláu. Valle del Naviegu. Foto Google

Pero los circuitos comerciales tuvieron que llegar más lejos, abarcando zonas de la Asturias Central (en Galicia y La Meseta ocurriría algo similar con las áreas cercanas pero fuera de sus zonas mineras) o incluso de zonas aún más alejadas, de donde importar útiles específicos o aceite y vino, alimentos básicos de la dieta mediterránea.
Las minas actuaron como motor de cambio económico y social abarcando áreas que sobrepasaban ampliamente el de su emplazamiento.
El tradicional aislamiento de las comunidades ástures saltó por los aires, su economía de subsistencia se hizo añicos y dio paso a otra capaz de producir excedentes y con una finalidad básicamente comercial y en donde ya se daba cierta especialización por zonas.
Estos cambios y el continuo trasiego de personas y de mercancías favorecieron cruces étnicos y culturales que acabaron rompiendo y transformando el propio sustrato indígena y acoplando a las sucesivas generaciones a una realidad nueva, plenamente romanizada, totalmente diferente a la de antaño.
Bosque de Canáu, a la izquierda corta de Penas Furadas Valle del Naviegu. 2020
Penas furadas de Canáu, debajo de la braña vaqueira de Saldepuesto. 2020
Braña de Bimeda y sus explotaciones en forma de concha, típicas en la Sierra de San tsuao. Al fondo a la derecha se aprecia claramente la corta de Penas Furadas de Canáu. Foto Google
Detalle de la corta de Penas Furadas de Canáu, detrás el Covatón de Tabláu. Foto Google.

Nosotros, me refiero a las personas de mi edad, pertenecemos a la segunda generación de una época también marcada por una profunda transformación, social, cultural y económica. ¿En qué se parece el mundo que conoció mi padre en su juventud con el que nos toco vivir a nosotros?, posiblemente en pocas cosas.
Todo el andamiaje cultural: ideas, costumbres, creencias...viene, en última instancia, derivado de nuestra vida material, modelada en su totalidad por el sistema económico imperante; cuando este cambia, los otros lo hacen en cascada.
La tradicional cultura de nuestros padres se tuvo que acoplar a la cultura castellana, una cultura más evolucionada, con una lengua, ciertamente, parecida pero diferente, con nuevas costumbres y nuevas formas de vida, propiciadas por un brutal cambio en las actividades económicas. De una economía agroganadera arcaica y básicamente de autoconsumo, de mera subsistencia, se pasó a otra ya típicamente industrial como fue la minería del carbón.
Nosotros ya fuimos educados en una sociedad distinta, ¿en qué nos parecemos a nuestros padres?, ¿o mejor aún a nuestros abuelos?. Nuestros ancestros, los ástures, padecieron unos cambios similares, solo que estos perduraron durante más tiempo, alrededor de diez generaciones, a razón de cuatro por cada centuria, que fue lo que duró aquella segunda "fiebre minera asturiana" (la primera fue la del cobre y la tercera, de momento la última, la del carbón).
Tal vez algunos-as de vosotros-as penséis que los cambios no son comparables, que los experimentados por los ástures fueron de mayor calado a los experimentados recientemente. Estáis en lo cierto, pero no por ello hay que menospreciar estas últimas transformaciones.
Cambios que hoy vemos como algo normal, ejercieron sobre nuestros padres y abuelos un poderoso impacto, ¿Qué supuso para ellos ver la primera televisión?, aquella caja abombada en la que salían personas hablando, que parecían estar allí, metidas en aquel receptáculo, con un tamaño liliputiense y en donde incluso aparecían paisajes variopintos y realidades ficticias. Algunos desconfiaban y miraban por detrás de la "caja" para ver si había alguien.
Los únicos que no nos sentíamos perturbados éramos los más jovenes, los más niños, pues nuestra mente aún estaba abierta a todo lo posible, todo nos parecía normal.
Grandes cortas a ambos lados del Outeiro: Las Cuevas de la Veiguitina, Las Murias, la Fonte´l Mouro, Penafurada y otras que quedan por encima y no aparecen en la foto de Google, Valle del Naviego.
Detalle de las cortas de un lado del Outeiro. 2020

Recuerdo que de pequeñín, cuando en Mual todavía no había ninguna televisión, que los domingos, muy temprano, todos en mi casa salvo la abuela y alguno de los más peques de mis hermanos-as, nos preparábamos y bajábamos andando a La Venta (Ventanueva) y como si fuéramos a un gran acto, entrábamos en el único bar que había entonces, nos sentábamos y quedábamos boquiabiertos viendo y oyendo la TV que allí había. Era en blanco y negro pero era como un poderoso imán que atraía nuestras miradas y exigía nuestra atención.
Repetimos varias veces tan atractivo suceso, entusiasmados todos con él y deseando que llegara pronto el próximo domingo. Al final mi padre y mi madre decidieron comprar un artilugio similar, la primera TV particular de todo el pueblo (en el bar de Abel ya habían hecho lo propio) y que constituyó durante un cierto tiempo un foco de atracción al que acudían numerosos vecinos.
También recuerdo, más nítidamente porque fue ya estando de guía en Muniellos, cuando instalaron el primer teléfono público en Mual, en el bar del medio del pueblo, el de Castaño.  La gente hacía cola o esperaba una llamada pactada con anterioridad. Todos muy serios delante de aquel poderoso artefacto que permitía hablar con alguien que podía estar a centenares o millares de kilómetros de allí.
Todos hablaban con voz muy alta, como si la distancia con su interlocutor exigiera ese volumen. Los contertulios del bar se callaban y permanecían como petrificados tratando de seguir lo que se hablaba y casi sin respirar para no interferir en tan asombroso hecho.
Luego la rutina fue haciendo aquellas cosas como algo normal, pero las primeras veces el impacto tuvo que ser enorme y alterar profundamente los sentidos.
El Cotrión y Fonte del Furisiaco (1). Fonte de Xuan del Coutu (2). El Chanu Cruces (embalse). El Cuevo. Prau Doiro y otras explotaciones en primario y terciario en el entorno de Ratu. Valle del Coutu. Foto Google.
Caborno de Cagatseito, zanjas que convergen en la Vatsina del Agua abiertas en roca pura con muchos sedimentos en sus partes altas. Foto Google.

En las explotaciones de Ratu, algunas llegan hasta abajo a la veiga del couto. Foto Google.
Visión de conjunto de las anteriores. Foto Google.

Los ástures que más nítidamente percibieron el cambio, como ya dijimos líneas atrás, fueron los de las generaciones que vivieron el proceso de conquista romana. Su mundo probablemente no era el mundo ideal, pero al menos gozaban de independencia y de un grado de libertad ya nunca más conseguido por nuestros ancestros.
No eran todos iguales, las jefaturas locales ya llevaban un tiempo existiendo y habían logrado jerarquizar la sociedad. Una serie de familias gozaban de mayores privilegios; tenían mayores y mejores tierras, lo que les proporcionaba mayores excedentes agrícolas y ganaderos y asimismo eran los encargados de tomar muchas decisiones. Pero necesitaban la colaboración y aceptación del resto de la comunidad.
Su propia evolución interna seguramente les habría llevado a una sociedad plenamente clasista, con grandes diferencias sociales. La romanización lo que hizo fue acelerar bruscamente esa tendencia, haciendo mucho más evidente esa fragmentación social, con unas élites indígenas con unos derechos equiparables a la de los romanos dirigentes y que pronto se irían desligando de las labores productivas, y el resto de la comunidad en una situación de total dependencia.
La existencia de la minería aurífera lo que hizo fue aumentar la carga que recaía sobre sus espaldas. La vida de los indígenas era mucho más dura en los distritos mineros que en el resto de lugares. Cada vez que surgía un conflicto entre los intereses romanos, centrados en la explotación aurífera, y los locales, estos se resolvían inexorablemente en favor de los primeros. si un lugar poseía oro en cantidades significativas, este era explotado sin importar que fuera una zona usada por los indígenas o que incluso  vivieran sobre ellos.
Sierra de San tsuau, en primer término Los Castitsos  de Vatsáu a 1320 metros de altitud, un castro relacionado con las "conchas" auríferas a cielo abierto de esta vertiente. 2019

Sierra de San Tsuao en la vertiente del Naviegu con numerosas explotaciones auríferas. Foto Google
La vida tuvo que ser muy dura para nuestros ástures, con actividades no exentas de peligros; algunos de ellos morirían sepultados en las bocaminas previas a un cielo abierto, o arrollados por un derrubio mal calculado. Y todavía hay historiadores actuales que ven en todo esto un avance respecto a la situación anterior, que propiciaría un avance en el nivel de vida. Pero en realidad los más beneficiados fueron el Estado romano y las élites locales, parásitos que vivían gracias al sudor y la sangre de los nuestros.
En los distritos mineros, las relaciones entre los indígenas y sus descendientes, con los mineros, los técnicos romanos, los comerciantes...fueron ineludibles. Los indígenas además de atender a sus necesidades, tenían periódicamente que acudir a trabajar en las minas. Allí trabaron contacto con personas de muy diferentes lugares, con otra cultura, otras ideas, otras costumbres.
El trabajo en grupo, realizando las mismas o parecidas labores, acaba, en cierto modo, haciendo iguales a sus participantes, por mucho que unos lo hicieran por dinero y otros obligados a ello. Los prejuicios que pudiera haber en un principio pronto quedaban diluidos, estableciéndose relaciones personales en las que realmente lo que importa es la persona, su calidad humana, no si esta es de aquí o de allá. Relaciones que podían desembocar en verdaderas amistades y que ampliaban estas fuera de las meramente laborales.
Algo parecido se ha venido dando, ya más recientemente, en las cuencas mineras del carbón. A las minas acudían personas de muy diversa procedencia; a la llegada de personas de lugares del entorno, concejo o región, pronto se unió la nacional e incluso la internacional.
En Tsaciana, por ejemplo, se produjo, después de la llegada de muchos portugueses, la de Caboverdianos, procedentes de una antigua colonia portuguesa que había accedido a la independencia y provocado un gran éxodo de personas. Eran de piel negra, tanto como el carbón y al principio levantaron cierto recelo en la población residente.
Empezaron a trabajar en las minas porque entonces se necesitaba mucha mano de obra. Los mineros pronto comprobaron que los "negros" eran como ellos: realizaban las mismas tareas y tenían los mismos problemas y aspiraciones. Además la población residente procedía en su mayoría de fuera, por lo que su situación era parecida.
No hubo problemas de aceptación y pronto se dio una integración entre ambas etnias y el desarrollo de una cultura de base minera y castellanizada que difería mucho de aquella Tsaciana del "tseite, tsume tsino, tsana" (leche, lumbre, lino, lana).
El Cortinal de La Pica de Murias de Pontarás. La Bolera los Moros y otras explotaciones como La Carnera con minería subterránea. Foto Google.

Con el tiempo surgiría dentro de las comunidades locales un grupo que hoy se encuadraría en el de las clases medias, ligado a actividades artesanales y comerciales e incluso de agricultores y ganaderos con mejor fortuna que el resto.
Al calor de las minas tuvo que darse un imprescindible incremento de actividades terciarias. Los campamentos mineros no tendrían el poder de transformación sobre el entorno como el que tuvieron los campamentos militares romanos. Estos últimos permanecieron mucho tiempo asentados en el mismo lugar e hicieron crecer en su entorno lo que acabaría siendo, en algunos casos, ciudades, en donde vivían familiares de los legionarios, artesanos y numerosos comerciantes, con "tascas", tiendas de víveres, textiles y también, hay que decirlo en honor a la verdad, "lupanares" donde se alquilaban cuerpos humanos.














1/19/2020

El Monte y el guía de Munietsus 32

Quercus orocantábrica con sus hojas y su tsande

El panorama cambiaría sustancialmente con la romanización, el proceso más o menos largo de acoplamiento de las estructuras indígenas (economía, sociedad, cultura, mentalidades...) a las implantadas por los romanos.                                                                                                              Aún hay quien cree que el cambio no se daría en todo el territorio peninsular y que habría zonas, sobre todo las norteñas, que si bien no gozaban de independencia el sustrato indígena sería impermeable y permanecería igual al que había existido con anterioridad.
Ese pensamiento me recuerda al que poseían algunas personas que, desconociendo el Monte, creían que había zonas en Muniellos en las que el ser humano no habría puesto jamás sus pies.
Incluso hay quien ve la romanización del Norte Peninsular como una simple ocupación romana que duró un tiempo y que luego desapareció con su marcha. Es frecuente leer u oír frases del tipo: "¿cuánto tiempo estuvieron los romanos en Asturias?". Pero, ¿de qué romanos hablamos?.
Salvo la generación que vivió la fase de conquista romana, o a lo sumo sus hijos, para el resto de generaciones, nacidas ya en una sociedad y una cultura romanizada, el contraste entre independencia y dependencia ya no eran palpables. Es increible como el ser humano se acaba acostunbrando a todo y admitiendo como normal el sistema en el que vive.
Es cierto que los indígenas Ástures pasaron a ser "peregrinos", un estatus social de segunda clase. Eran libres pero con muy pocos derechos y estaban sujetos al pago de una serie de impuestos y a la realización de ciertos servicios.
Había dos tipos de impuestos: uno "per cápita", por persona, y otro "predial", por el uso de la tierra, ya que la tierra conquistada por Roma a través de la guerra pasaba a ser propiedad del Estado, el "ager públicus", que luego devolvió una parte, en torno al 50% , a sus antiguos propietarios, a cambio de su sumisión y tributación. Los servicios a realizar eran variados: mantenimiento de las calzadas y vías de comunicación, trabajos en las minas...
Esta tributación y realización de servicios marcaban las diferencias porque los ciudadanos romanos estaban exentos de ellas. Obviamente la situación de los Ástures empeoró a todas luces, no eran esclavos pero poco les faltaba para ello. Incluso tenían que pagar una tasas si querían que sus ganados pastaran en los antaño terrenos comunales, terrenos que ahora ya no les pertenecían. La explotación del hombre por el hombre había llegado y ya no les abandonó, persistiendo hasta nuestros días y sabe Dios hasta cuando.
Los romanos, maestros de la dominación y explotación ajena, con el objetivo de obtener la sumisión y la colaboración de las sociedades preexistentes, utilizaron a las élites locales. Élites que ya existían en las comunidades indígenas al haberse iniciado en ellas los procesos de jerarquización (jefaturas) inherentes al nacimiento de clases sociales.
Los romanos utilizaron estas élites locales como correa de transmisión de sus intereses. Les concedieron la ciudadanía romana, mayores lotes de tierras y el control sobre el autogobierno de las "cívitas peregrinas", la nueva unidad administrativa implantada por Roma.
La élites locales recolectaban y enviaban al gobernador provincial los tributos, designaban quienes realizarían los servicios mencionados y resolvían las disputas internas utilizando en un principio el Derecho consuetudinario tribal, que no tardaría en ser sustituido por el Derecho romano, más acorde a su condición de Ciudadanos romanos pudientes y dirigentes. Roma evitaba así incrementar su burocracia y conseguir al mismo tiempo asegurarse la sumisión de los nuevos territorios.
 La extensión de la ciudadanía romana en el 212 a todos los habitantes del Imperio eliminó esas diferencias. Eran romanos tanto los habitantes de Gigia (actual Xixón), capital de los Lugones, como los de Roma o la futura Constantinopla, capitales del Imperio. Las diferencias venían marcadas, como ahora y como siempre, por las riquezas que atesorara cada familia o individuo.
Contrariamente a lo que parece indicar la palabra cívitas y que a veces lleva a confusiones a los propios historiadores y a no pocos lectores, esta no tenía por que hacer referencia a la existencia de una verdadera ciudad, urbanísticamente hablando. Pese a todo la sociedad romana seguía siendo básicamente rural, más del 80% lo era.
La cívitas es una extensión territorial en la que podían existir, o no, una o mas ciudades y muchos terrenos y localidades dependientes de ella. Vendría a ser, salvando las distancias pero para entendernos, como la organización de los concejos asturianos. Cada concejo está conformado por un solo Municipio, en él hay una capital (a veces un simple pueblo) donde residen las autoridades locales y los centros administrativos, y luego una serie de pueblos y algún caserío aislado.
Ea muy probable que los romanos respetaran, en la nueva reorganización territorial, algunas de las gentílitas (agrupación de familias con lazos de parentesco) y gens (agrupación de gentílitas) ya existentes. La razón fundamental sería que así se lograría una mayor sumisión de los indígenas al seguir contando con las élites locales a las que todos conocían y debían respeto y obediencia.
Pero a la larga la cívitas aceleró la progresiva desaparición del sistema gentilicio. Los habitantes de una ciudad o localidad eran todos los que vivían en ella, sin necesidad de tener que poseer lazos de parentesco entre si; la residencia y vecindad sustituye a los lazos de sangre.
Hojas, tsande y cúpulas de quercus robur

Ya sabréis que los romanos, como antes los griegos, basaban su agricultura en la famosa trilogía mediterránea: trigo, vid y olivo y que la implantaron a gran escala en todo su Imperio, en función de la capacidad de cada zona o región respecto a dichos productos. Un poderoso comercio, terrestre y marítimo, trasvasaba esas producciones y las de una pujante actividad artesanal, de unos lugares a otros y el crecimiento urbano fue de tal magnitud que después del hundimiento del Imperio, Occidente tardaría más de cinco siglos en volver a igualarlo.
En poco tiempo la agricultura y la ganadería desplazaron las otras fuentes de alimentación. Los cereales arrinconaron la recolección de frutos silvestres.
Paralelo a la desaparición de la cultura de los Ástures también se produjo la desaparición de muchas de sus manifestaciones. El pan original de tsande ya nunca volvería a confeccionarse; comer bellotas y sus derivados estaba mal visto y era un signo de barbarie, lo propio era comer pan de cereal. El uso de bellotas quedaría restringido a su utilización con la ganadería porcina.
Joven carbatsu
Detalle del roble anterior
Ídem. Al ser tan joven, no más de 15 años, tiene poca tsande, pero la tiene.

De todas formas, la vuelta a su uso en épocas de penuria, aunque siempre mezclándola con cereal para hacer pan, nos demuestra que no había sido olvidada del todo. La penuria crónica de los indígenas quizás motivó que se siguiera utilizando en algunas comunidades apartadas como complemento del poco cereal recolectado y que su uso no fuera olvidado hasta tiempos muy recientes. Mi abuela y gente mayor aún se acordaban de que durante la guerra civil del 36 y algún año posterior, el pan de centeno llevaba incorporado farina de tsande porque el centeno solo no llegaba para todo el año.
Con la romanización la hora del cereal había llegado. Su implantación a gran escala provocó un cambio en el paisaje debido a la deforestación que supuso la roturación de la tierra agrícola, a la que hay que unir la provocada para la obtención de pastos para el ganado.
El proceso se aceleró durante la Plena y Baja Edad Media, la Edad Moderna y culminó con las desamortizaciones liberales del siglo XIX en la que los últimos terrenos, llamémosles bravíos, de los montes comunales de los Concejos y Ayuntamientos fueron subastados y cultivados.
En este proceso de acelerada deforestación intervinieron otros elementos: el desarrollo de las ferrerías que usaban, como materia prima y como combustible, carbón vegetal, obtenido de la madera de árboles y de cepas de ericas; las grandes rollas para mástiles, piezas y tablamen utilizados en la construcción naval y que afectó principalmente a los robles; la utilización de traviesas, también de robles, vinculadas al transporte por ferrocarril; la obtención de duela de roble para elaborar toneles y barricas de vino, con un amplio mercado nacional e internacional y por último la madera destinada a la industria del mueble y de la construcción.
Pero en una economía de base agroganadera en la que la industrialización se dio muy tardíamente, década de los sesenta del siglo XX, el elemento principal fue este, el agrario.
El paisaje ya no se parecía en nada al preexistente, las manchas boscosas se vieron reducidas a grupetes puramente testimoniales o recluidas a zonas de topografía accidentada, donde sería la ganadería la que incidiría sobre la cubierta arbórea. Los llanos fueron prácticamente desarbolados y los lugares donde antes campaban los quercus y otras especies, pasaron a ser ocupados por cultivos, destacando los cereales, que han ido esquilmando los suelos, acelerando la erosión y favoreciendo la desertificación de algunos lugares. Todo el mundo lo puede comprobar a día de hoy viajando por nuestra piel de toro, llanuras peladas donde hasta es difícil encontrar una sombra donde refrescarse o encontrar agua digna de tal nombre.
Quercus rubra, roble rojo así llamado por que en otoño sus hojas adquieren un tono cobrizo
Tsande y cúpula de quercua rubra
Este árbol ha sido muy plantado en parques y jardines e incluso en nuestros montes. En Las Tablizas había varios.
La tsande del roble americano es sumamente amarga.
Las hojas del roble americano son grandes y con los lóbulos rectos

Pero el proceso de romanización, que inició el declive forestal, no afectó a todos los lugares del mismo modo y además se produjo de formas diferentes.
En algunos lugares las comunidades indígenas se vieron envueltas en una serie de cambios y transformaciones de tal calado que pronto provocaron la desmembración y posterior desaparición de la cultura de los Ástures. En otros esta cultura también acabaría desapareciendo, de una manera más gradual, con un sustrato indígena más marcado y con una mezcla de dos mundos: el propio y el romano aunque con una clara preeminencia del segundo.
Se han esgrimido diferentes motivos para explicar las causas que llevaron a Roma a conquistar los últimos reductos indígenas del Norte Peninsular. La de mayor peso parece estar relacionada con el oro. Los romanos sabían que la zona de los Ástures y los Galaicos tenían oro y Roma necesitaba, en ese momento, grandes cantidades de ese metal  , y de plata que extraería en la Bética, para regularizar definitivamente su sistema monetario.
Augusto, el primer emperador romano, el mismo que al frente de su ejercito había conquistado la zona, creó el "Aureus", moneda de oro y el "Denarius", moneda de plata. Monedas muy fuertes que por su propio contenido garantizaban el valor que se les atribuía y que estabilizaron las transacciones comerciales en cualquier rincón del Imperio, e incluso fuera de él. Además la explotación y obtención de estos metales era competencia exclusiva del Estado, ejerciendo sobre ellos un férreo control.
La zona aurífera ocupaba una amplia superficie en el Oeste asturleonés y oriente gallego, con ramales en el Tras Os Montes portugues, Zamora y Palencia.
Tras la conquista, pacificación y reorganización del territorio los romanos procedieron a una exhaustiva y minuciosa prospección minera; no quedó río ni riachuelo que no fuera bateado.
El procedimiento era sencillo: en anchos cuencos (bateas) se depositaba unos puñados del sustrato del río y se le imprimía un movimiento circular que con el agua del río permitía que los elementos menos pesados salieran, quedando en el cuenco solo los más pesados, entre ellos el oro, el más pesado de todos. Se proseguía hasta que solo quedara el oro. Eran arenillas de oro puro, libre de otros minerales. Cuando la proporción de oro aumentaba de forma notoria era síntoma de que estaban ante un, llamémosle, "criadero"  de oro.
El siguiente paso era evaluar su volumen y riqueza para determinar si la explotación merecía la pena. Si el oro estaba libre y depositado en sedimentos (yacimientos secundarios) mediante pequeñas zanjas hasta las que se hacía llegar agua, se lavaban dichos sedimentos haciéndolos pasar por un dispositivo trampa que retuviera las partículas de oro aprovechando su mayor peso.
Si por el contrario el oro estaba en la misma roca madre y mezclado con otros minerales, en venillas o filones o más diseminado (yacimientos primarios) el proceso era más complejo pero necesario por que muchas veces el oro no se veía a simple vista, haciéndose pequeñas catas, reduciendo y tostando la roca hasta partículas tan diminutas que separaran el oro y permitieran su evaluación.
Con una tecnología tan puntera fueron los romanos detectando las zonas mineras, procediendo luego a su explotación, algo que les llevó más de 200 años, desde inicios de la Nueva Era (nacimiento de Cristo) hasta mediados del siglo III, en la que la crisis que afectó al Imperio, provocó su paralización y desaparición.
Lo que sorprende del tema es la enorme extensión de la zona minera y la cantidad tan exagerada de minas existentes y que a día de hoy no cesan de aumentar con nuevos descubrimientos. Su presencia en lugares actualmente remotos y apartados nos hace sonar a cuentos para niños aquella idea de "zonas no holladas por los romanos".
En Asturias la zona minera ocupa la franja occidental, estando el concejo de Cangas del Narcea dentro del ojo del huracán, aunque se alternan en él zonas de mucha concentración de minas con otras donde están más diseminados o parecen no existir.
Creo que está sin analizar el impacto que la minería aurífera provocó tanto en las comunidades indígenas como en el Medio Natural afectado.
No se sabe claramente aún la composición de la mano de obra utilizada en esta actividad ni el papel que pudo desempeñar en ella las comunidades indígenas. Tradicionalmente se ha venido defendiendo que dado que la sociedad (economía más bien) romana era esclavista, la mano de obra minera estaría formada, en su mayoría, por esclavos, dirigidos y vigilados por legionarios que actuaban a su vez como técnicos, ayudados por técnicos ya propiamente dichos cuando las explotaciones eran más complejas.
Penafurada de Xilán, la mayor corta en primario del Ríu Naviego.
Con sus progresiones laterales es, sin duda, la mayor explotación aurífera de todo el concejo de Cangas
Progresión por encima de Penafurada y entre San Romanu y Vitsar de Rogueiru
Penafurada en otoño para apreciar mejor el relieve
Castro de Pena La Vara (el Castietsu de Tardexugu), vinculado a la gran corta de Penafurada de Xilán

La Ruta a Las Tsagunas 47. Dos teixus monumentales de Caguatses d´Arriba y otros árboles notables.

  El interior del teixu de Caguatses d´Arriba, un lugar donde poder soñar. 25 agosto 2.025. De los teixus de Caguatses d´Arriba cabría desta...