11/15/2021

El Monte y el guía de Munietsus 72

El Chanu La Cutsada y La Carril de Moncóu cuyo trazado continuaba hasta La Veiga Moncóu por encima de El Cutsáu La Siecha y El Muntecín desde donde está hecha la foto. 31-julio 2020.

 En la Veiga Moncóu también pasé algún momento, cuanto menos incómodo. En el monte, como en cualquier otro sitio, siempre hay luces y sombras, es el sino de nuestra existencia y de la vida misma. Recuerdo una de mis últimas visitas, posiblemente la última pues después, ya de guía, las mejores sensaciones me las producía el interior del bosque y en eso Munietsus no tenía rival.

Estaba en Cangas y hacía un tiempo de perros, debía de ser primavera avanzada, no hacía frío pero no paraba de llover. Tenía unas ganas locas por salir al monte y como dice el refrán "nunca llovió que no estenara". Acordándome de la cabana que había en la Veiga Moncóu pensé que la podía utilizar como refugio y campo base de una excursión por su entorno. La cabana siempre estaba abierta y suponía que nadie me reprendiera por usarla. 

Gogí comida para varios días, no más de tres, dos sacos de dormir, por si acaso, mi mochila, el frontal y alguna que otra cosa más y me pertreche lo mejor posible para aguantar la lluvia: otras botas militares negras, no tan suaves como las que había estropeado en otra excursión de la que ya os he hablado. En aquella no había botas de goretex, flexibles y a las que no les entra el agua, las había de montaña pero eran muy rígidas y lo más importante, muy caras, lejos de mi alcance. Utilicé también una amplia capa verde que mi hermano Naciu se había traído de la mili (como las botas), un cubre pantalones de plástico o goma y, por supuesto, un paraguas.

Monté en el autobús de ALSA que hacía el trayecto Cangas-Xedrez y le pedí al conductor que parara para apearme en la carretera junto a la pista de acceso al pueblo de Moncóu, entre La Venta y El Pueblo. No había parado de llover y lo seguía haciendo copiosamente. Me acoplé la mochila y desplegué la capa tapándome yo y también la mochila, abrí el paraguas y lentamente, como hay que hacer en cualquier subida, inicié la ascensión, primero al pueblo de Moncóu, luego al Chanu La Cutsada y finalmente hasta La Veiga. 

La Carril de Moncóu en el faéu que precede al Cutsáu La Siecha, uno de los lugares más reconfortante de su recorrido y con acceso a La Fonte Lus Cantarinus, por debajo de ella. 31-julio 2020.


Tras superar El Cutsáu La Siecha La Carril de Moncóu inicia un repecho camino de La Veiga, atravesando un faéu afectado por talas madereras (Pires) y aprovechamiento de leña. 32-julio 2020.

No paré ni un momento en todo el recorrido, manteniendo aquel ritmo lento. Por suerte no hacía viento y la lluvia caía a plomo sobre el paraguas y parte de la capa. El mal tiempo hizo que me aislara del exterior, centrándome en mí mismo, en mi organismo y en pensamientos peregrinos. No miraba más allá del camino que recorría, pues si lo hacía la lluvia era como una cortina que lo tapaba todo. Iba como metido en un globo, pero lo cierto es que me encontraba muy a gusto. Cuando noté que mi cuerpo empezaba a sudar, reduje aún más el ritmo de la marcha para no acabar mojado por dentro.

En mis excursiones no suelo marcarme una meta, simplemente voy disfrutando de todo lo que me sale al paso, desde que salgo de casa hasta que vuelvo a esta. Incluso cuando tengo un destino marcado para analizarlo, estudiarlo o simplemente conocerlo, no menosprecio nunca el itinerario y despliego mis sentidos pues nunca sabes donde se agazapa la magia que esconde cada paisaje. Pero en esta ocasión sí que tenía marcado un lugar como meta. 

La Veiga Moncóu donde una cabana me esperaba con las puertas abiertas.

Cuando llegué a La Veiga todavía seguía lloviendo. Rápidamente me metí en la cabana y me despojé de la capa, de la mochila y del cubre pantalones que al no ser transpirables mantienen la humedad corporal dentro. No había goteras y lo primero que intente fue hacer una foguera para que su calor me secara por dentro y por fuera e hiciese lo mismo con las partes de la ropa y del equipaje más expuestos a la lluvia. La cabana, de un solo habitáculo, era relativamente espaciosa, tanto en anchura como en altura y sin nada en su interior, pero no encontré absolutamente nada de leña o madera, así que me quedé con las ganas. 

Cabana de La Veiga Moncóu, de jfccamina.es.


El Cabrón desde una esquina de La Veiga Moncóu. Se accede a él por El Escanín, siguiendo la cresta serrana, de jfccamina.es

Fuera el mal tiempo dio una tregua. Había llevado hasta un pequeño machete que Naciu se había agenciado y con él salí a buscar algo que pudiera arder, pero no había manera. Los subarbustos bajos estaban completamente mojados, empapados en agua. Busqué en los árboles cercanos alguna rama muerta (las vivas al circular por ellas la savia no sirven para encender, pueden mantener un fuego pero no iniciarlo) y con el machete corté algunas de ellas, pero estaban tan húmedas que desistí de hacerlas astillas finas.

No se me da mal hacer una foguera, pero con la materia prima mojada no hay nada que hacer. Aquello sí era un contratiempo importante y más cuando descubrí que uno de los sacos de dormir estaba húmedo. Por lo visto la capa militar no era totalmente impermeable. Este material te aísla muy bien siempre que haya un espacio entre ambos, pero habiendo contacto la humedad se acaba filtrando. Las modernas prendas, con una capa de goretex, sí te aíslan y es probable que en aquella época hubiera algo parecido, pero no al alcance de todos, al menos no del mío.

Lo peor fue para dormir. El otro saco también tenía húmeda la parte inferior y no me quedó más remedio que utilizar la parte cabecera del más húmedo para cubrirlo. Tardé en dormir y luego cada poco me despertaba y notaba fríos mis pies. Al día siguiente ya tenía tomada una decisión. Sin una fuente de calor con la que secar los sacos humedecidos de nada serviría colgarlos de palos, la humedad del ambiente era tan elevada que no se secarían absolutamente nada. Aquel mismo día acabé, de nuevo, delante de la cocina de mi tía Nieves en Mual, calentito y lamiéndome las heridas. 

Cerca de El Cabrón está la braña más conocida y acaso la más importante de todas las de Mual. Si la conocierais seguramente os extrañaríais de considerarla tan importante, pero vayamos por partes.

Hasta hace muy poco tiempo creía que el nombre de esta braña estival era La Veiga Vieja de Fontuteiru, pero resulta que estaba equivocado. Ya he comentado en otra parte que la recopilación de topónimos me obligaba a rehacer una y mil veces los mapas donde los localizaba, tras comprobar más fehacientemente tanto su nombre como su localización y parece que lo tendré que seguir haciendo. "No me duelen prendas" tener que hacerlo pues lo que busco es ser fiel con la memoria de los que me precedieron.

La Veiga Vieja si existió, era una braña estival más que los de Mual tenían en esta zona serrana. Estaba en un pequeño rellano del Tesu´l Páxaru a una altitud en torno a los 1.330 metros. Una camperina, de ahí que algunos la llamaran veiguina en vez de veiga, con una cabana de piedra del tipo de las existentes en Munietsus. Por cierto. al estar en el deslinde con Munietsus, habrá que sumar esta braña a las cuatro catalogadas en sus bordes.

Localización ,en el puntín, de La Veiga Vieja. Foto del mapa topográfico de Asturias de Escala 1: 5.000


La Veiga Vieja, justo en el deslinde Munietsus-Mual, en un rellano de El Tesu´l Páxaru antes de llegar a la cima de El Cabrón. 27-julio 2018.

 Los deslindes de Muniellos siempre han sido polémicos. Sus propietarios antiguos, los Señores condes de Toreno, siempre trataron de ensancharlos lo máximo posible, algo favorecido porque tenían muchas partes (varas) en los montes comunales de los pueblos colindantes. En la zona que ahora nos interesa el "coto redondo de Muniellos" de 1559 decía que el deslinde iba por El Pontigo de Rucavo, Braña de Fonte Otero, Pico Cabrón aguas vertientes, por cuya parte pega con términos de las aldeas de Moncó y El Pueblo de Rengos.

El deslinde era erróneo y robaba un buen trozo al Monte Mual. El verdadero fue el reconocido por el ICONA cuando compró el Monte Munietsus y el seguido por la actual Consejería del Principado de Asturias: sube por el Tesu´l Páxaru y deslinda con el Monte Mual, no en la Braña Fontuteru si no en La Veiga Vieja, continuando por el teso arriba, ahora ya muy difuminado, hasta un picueto poco marcado al que le pusieron el nombre de Pico Cabrón (1.454 m.) pero algo alejado de la cota geodésica de El Cabrón (1.471 m.) al que el ICONA también llamó Pico Cabrón. 

El Tesu´l Paxáru (puntos rojos) el auténtico deslinde, culminado en un picueto alejado de El Cabrón


Aunque se sale algo del Tesu´l Páxaru y de la línea de cumbres (curiosamente siempre en beneficio de Muniellos) el deslinde de este mapa se acerca más al real

Es curioso, en el mapa del ICONA de agosto de 1.979 en el lugar ocupado por La Veiga Vieja, no aparece esta, pero sí aparece el nombre de "Chabaña de los Barredoiros". Buscando información en la red (internet) sobre las brañas de Mual me encontré con un trabajo de Jose Manuel Collar Álvarez para el Tous pa Tous, un interesante y meritorio catálogo de las brañas de nuestro concejo (lleva ya 217 censadas). En él aparecen dos brañas asignadas a Mual: Los Barradoiros y Folgueirosa. La llamada Folgueirosa supongo que se refiera a donde estaba la cabana de la Veiga La Chunal, solo que su topónimo auténtico es La Fulgueirina (sí hay una braña con el otro topónimo, La Veiga La Fulgueirosa, pero muy lejos de aquí, en el Ríu Tixeirúa del propio Munietsus). 

Foto del mapa del ICONA. Esacala 1: 10.000

Por su parte Los Barradoiros se acercan, en lo que a su nombre se refiere, a la Chabaña de los Barredoiros del mapa. Chabaña seguramente fue un desliz de la persona que realizó el trabajo de campo para el mapa o más posiblemente del que lo trasladó a este, por lo que Cabaña de los Barredoiros sería lo correcto ya que allí si existía una cabana, la de La Veiga Vieja. Pero el topónimo "Barradoiros" me es desconocido, el único que se le parece es Esbarradoirus, un vatse de Reiduz que llega hasta El Cabrón. El nombre correcto de esta braña sería La Veiga Vieja del Tesu´l Páxaru.

La Braña (o Veiga) de Fontuteiru está situada en el cerro que divide las partes altas de Reiduz de las del Vatse Lus Putseirus, en un gran rellano entre los 1.230 y los 1.290 metros de altitud. Una  franja estrecha y alargada donde la roca aflora en numerosas partes. Un terreno "bueno pa cabras", que sin duda serían sus principales usuarios si retrocediéramos en el tiempo. 

En color más claro la campera de La Braña Fontuteiru. según fotos de vuelo de 1996, reducida por el paso del tiempo. Un poco por debajo el resto del rellano.

Pero no creáis que a las vacas de aquella época les disgustaban los terrenos quebrados, con pocos pero jugosos pastos y donde el ramoneo era casi tan importante como el pasto. Tenían que ser "vacas secas", llamadas así porque no daban leche y con una orientación hacia la producción de carne. Vacas que si pudieran elegir entre una vega repleta de abundante pasto y una zona más quebrada y arisca, habría ocasiones en que preferirían esta última, lo que provocaba que de cuando en cuando alguna se despeñara cuando se aventuraba demasiado. Vacas del país, seguramente más pequeñas y flexibles que las actuales, adaptadas al terreno en el que les había tocado vivir. Nada que ver con las torpes vacas lecheras importadas de fuera, que fueron cobrando protagonismo cuando la leche pasó a ser el producto estrella.

La toponimia nos ayudará a entender mejor esta zona. La braña tiene a cada lado del cerro una vatsina. La que vierte hacia el Vatse Esbarradoirus, de Reiduz, se llama Vatse La Veiga y la que lo hace hacia el Vatse Lus Putseirus recibe el nombre de Vatsina La Veiga. Nombres que remarcan y resaltan la importancia de la braña.

La parte superior del rellano estaba ocupado por la veiga, la campera de pastos, que se prolongaba un poco cerro arriba donde el terreno es más pendiente. Ocupaba el espacio más llaneado y con mejores suelos. En el borde del rellano contra Lus Putseirus está La Furcadietsa, una palabra derivada de "forcáu". No creo que aquí se utilizara este apero, tan relacionado con la yerba, pues la campera lo que ofrecía era hierba de pasto, no de siega. Su significado es más bien de tipo metafórico, de semejanza, relacionado  con la forma del terreno. La Vatsina La Veiga, en su final en la braña, tiene dos o tres ramales, marcados por imponentes farallones rocosos, y Furcadietsa puede hacer alusión a ello: dos o tres puntas que confluyen más abajo. Es como El Forcadín del Regueiro Caborno, una explotación aurífera de Las Montañas, estrecha y alargada en la base que arriba se bifurca. 

La Furcadietsa nombre de La Vatsina La Veiga en su parte superior ya rozando con Fontuteiru y que tiene forma de forcáu con tres o cuatro puntas. 27-julio 2018.

Más abajo, ya en los bordes del rellano está Fontuteiru, una contracción de Fonte Outeiru (Fuente del Otero). Nuestros predecesores acostumbrados a tener que ahorrar en todo no iban a hacer una excepción con la lengua hablada, siendo muy frecuentes las reducciones y uniones entre varias palabras, buscando además una más fácil pronunciación.

Lo de Outeiru ya lo hemos visto líneas atrás. Visto desde abajo el rellano resalta en la silueta del cerro aparentando ser un altozano, un otero. A ello también contribuyen las fuertes caídas de los farallones del lado de Lus Putseirus y algo de repecho en la parte de abajo del rellano. De las fontes también hemos hablado, a estas alturas eran muy importantes y a veces determinaban la ubicación de la braña.

Outeiru de Fontuteiru, un simple rellano en el cerro, como viene siendo normal en la aplicación de este topónimo ya que visto desde abajo sí lo parece. 27-julio 2018.

La campera de esta braña era de auténtica yerba y aún se la ve claramente desde la distancia. Dentro de Munietsus solo queda una braña tan remarcada como esta respecto a su entorno: La Boizuna, la veiga de El Villar (Villardecendias), y si acaso La Veiga Bisnuevo. El resto ya están ocultas en el paisaje, invadidas por los subarbustos, el matorral y algunas ya por el arbolado. Resaltan aún estas diminutas islas, con un verde más claro y una textura que las diferencia. Todavía estáis a tiempo de echarles un último vistazo antes de que desaparezcan del todo.

Ya solo subsiste un trocín de la antigua campera de Fontuteiru. Foto Google

 

Pese a reducirse también, la campera de la Braña La Boizuna aún es perfectamente visible, igual que la tsaguna del mismo nombre. Foto Google

A veces, hablando con algún paisano sobre la localización concreta de una braña de Munietsus, tras algunas dudas por mi parte, me decían: "¡sí home sí, donde hay como un prau grande!", pero "el prau" (la campera) ya hacía tiempo que se había transformado.

La campera de Fontuteiru era muy pequeña si la comparamos con su "prima" de La Boizona de Tixeiroa y no digamos si lo hacemos con las del Alto Naviegu y su entorno, pero no era la única zona donde pastaba el ganáu. Cerro abajo el terreno era más inclinado y se llama Lus Xardunzones, aunque los no tan viejos ya le llaman Los Sardones. Xardunzones es un aumentativo de xardón (acebo, ilex aquifolium) por lo que estos debían ser de buen tamaño, algo relativamente frecuente en los montes de la zona.

Me contaba mi padre, que estuvo trabajando, como tantos otros jóvenes de los pueblos cercanos a Munietsus, en la serrería de Las Tablizas, que a veces llegaban "rollas de sardones" de grosores increíbles y plenamente maderables y yo mismo he visto en Decutsada, por encima de La Brañina, algunos bestiales, con unos grosores de varios metros que luego se ramificaban enseguida en numerosos y más delgados ramales. Por no hablar del de Vatsina Da Eira, pegado a la senda de Las Tsagunas, que en 2018 perdió uno de sus múltiples "brazos".

Uno de sus numerosos "brazos" se desgajó en 2018, favorecido por algo de pudrición interna. Julio 2018.

 

"Brazo" arrancado. Al mantener las hojas durante todo el año, el peso de la nieve pudo más que él.

Estos xardones prueban una utilización por los pastores de las ramas superiores donde las hojas ya no tienen pinchos. Fueron desmochados para darles su hoja al ganado cuando el pasto y el ramoneo escaseaba o cuando venía una racha de tiempo malo o muy malo, incluso con nevadas, que inmovilizaba a las vacas o que retrasaba la producción de alimentos.

Pero xardones crecidos de forma natural, sin impacto antrópico, también debieron darse en áreas poco aptas para el pastoreo, llegando a alcanzar grosores y alturas realmente espectaculares, como los que mi padre recordaba haber serrado en Las Tablizas.

Ya he comentado en otras partes que los xardones salen en abundancia en zonas muy castigadas por el pastoreo, al ser el único árbol que el ganado respeta, no por ninguna consideración especial si no por los punzantes pinchos de sus hojas, que las protegen del ramoneo. Robles, abedules, fayas y demás árboles no corren la misma suerte y nunca llegan a prosperar aunque nazcan, en zonas de pastoreo abusivo.

Sin olvidarnos de los contornos a ambos lados del cerro, también la zona superior a la camperina era pastoreada por el ganáu de la braña a pesar de que el terreno ya pertenece al Monte Moncóu. Se beneficiaba de unos rellanos llamados Lus Chanetus d´Abaxu y Lus Chanetus d´Arriba, existentes antes de la cima de El Cabrón, la cota geodésica de la zona, que no terminaba en un pico como otras cimas serranas si no que era una elevación amplia, muy ancha, en donde haciendo honor a su nombre ya pastaban antiguamente rebaños de cabras y ovejas de Moncóu y sustituidas posteriormente por vacas del mismo pueblo y de Mual.

Este cambio ganadero acabó favoreciendo la existencia de un monte bajo, con árboles rebrotados de poco tamaño y predominio de pasto. Las vacas a pesar de ramonear no ejercieron un papel tan negativo sobre el arbolado pues solo acceden hasta una determinada altura. Las cabras sí arramblaban con todo, pueden trepar por las ramas y ampliar el área de ramoneo y en momentos de escasez pueden llegar a mordisquear los propios troncos de los árboles, siempre que la "paraza" (corteza) esté tierna, royéndola en toda su circunferencia y comprometiendo la supervivencia del arbolillo afectado.

Joven Ulmus minor (negrillo), más que mordisqueado, aunque en este caso no han sido las cabras las causantes si no los conejos silvestres que infestan esta zona, Puentecastro, León. 24 noviembre 2017.


   

10/29/2021

El Monte y el guía de Munietsus 71


La Granda´l Campu y Fontuteiru vistas desde un poco por encima de L´Era Farruco. 27-julio 2018.

La Granda´l Campu posiblemente haya sido quemada en el pasado, aunque yo nunca la vi en ese estado por lo que es de suponer que los incendios fueran muy tempranos, cercanos a la época de su abandono como zona de pastos. Posee, por lo tanto, unos ganzos muy desarrollados y en cuanto llegue la tsande seguro que harán brotar nuevos robles. El abedul participa poco, aunque ya hay una orla en las partes más altas, pero en el corazón de la granda lo tiene más crudo. sus semillas pueden "volar" hasta ahí pero no logran enraizar por la alta insolación existente. Tendrán que esperar a la sombra que les brinden los quercus.

Progresión del bedular en las partes altas de la granda. 29-julio 2018.

 Del desarrollo del ganzal puedo dar testimonio en primera persona. Hace ya muchos años, algunos antes de mi etapa de guía, estábamos mi amigo Manuel (El Montañés) y yo realizando una excursión por la sierra de El Cabrón, disfrutando de sus espléndidas vistas. No se exactamente donde nos pilló una horrorosa tormenta, que aguantamos estoicamente ya que no teníamos un sitio donde refugiarnos. No era verano y el tiempo cambió bruscamente. Se puso realmente frío y muy húmedo, no cesando de lloviznar. No estábamos preparados para aquellas condiciones y decidimos dar por concluida la visita.

Completamente mojados y entumecidos por el frío, iniciamos el regreso. Pensando que acortaríamos terreno en el entorno de Fontuteiru decidí echarnos monte abajo, procurando evitar las peñascas de La Furcadietsa, yendo a dar justamente al inicio de la granda. Éramos jóvenes y grandes amantes del monte mi amigo y yo pero el tramo se nos hizo muy pesado. Desplazarse por entre aquellos grandes ganzos era una labor lenta, muy lenta y cada poco uno de ellos te impregnaba del agua que contenía haciéndote tiritar de frío. La granda parecía no acabarse y chorreábamos agua y sudor por los cuatro costados. 

No recuerdo si llegamos a conectar con la vieja senda que subía a Fontuteiru desde El Pradón Se ve en la foto) que hubiera facilitado el descenso, aunque me temo que no. 27-julio 2018.

Al fin llegamos a la vieja pista maderera de Las Tablizas y acabamos en casa de mi tía Nieves, en torno a la cocina de carbón, agradeciendo el calor que desprendía. Recuerdo que metimos nuestras botas, aquellas botas militares negras que no te aislaban de la humedad y que estaban llenas de agua, en el horno de la cocina para que se secaran algo y usando la barra de la cocina para hacer lo mismo con los calcetines. Una de mis botas debió de quedar cerca de la fuente de calor y se contrajo mucho por un lado. Con gran esfuerzo pude volver a ponérmela pero no la pude volver a utilizar nunca más y lo sentí pues les tenía cariño, tenían un cuero muy flexible y fino que no te hería nunca los pies.

También relacionado con "campo" es la Vatsina Entrambuscampus que por lo que dice está entre dos de ellos. Uno puede ser la granda pero el otro, que debería quedar contra el Faéu Lus Azores, me es totalmente desconocido (a no ser que se refiera a El Pradón, que no deja de ser un gran campo). De cualquier forma "campo" hace referencia, como mínimo, a zonas de buenos pastos. 

Nuevo arbolado que está colonizando la Vatsina Entrambuscampus y la especie de outeiru que posee el tesu y algo más arriba donde el bedul, fijaros que destaca por su color más claro, tiene un gran protagonismo. 28-julio 2018.

Buenos pastos habría también por encima de El Pradón, en la vertiente izquierda del Vatse La Rapiega, donde había dos camperas. La mayor volteaba algo contra el teso que ya accede a Tseira Gruesa. 

La Granda´l Campu y las dos camperas del Vatse La Rapiega. Foto Google.

Igualmente en el Tesu´l Paxaru, tanto por encima como por debajo de las cabanas de la braña, había camperas y luego estarían zonas cercanas de Bisnuevo, donde además de praus podía haber zonas de pasto.

Lo que más dudas me plantea de esta posible braña equinoccial son las cabanas, no solo porque son solo tres si no por sus pequeñas dimensiones, incapaces de albergar yerba o animales. Cada cabana estaba relacionada con un prau, pero este tipo de relación se da en muchos praus normales que nada tienen que ver con una braña y que debido a su alejamiento del pueblo se construyeron para tener un sitio donde poder guardar diferentes aperos. Aunque nunca las hay en grupo, como en este caso, constituyendo un espacio perfectamente diferenciable del resto. La que mantiene aún parte de sus muros, no nos sirve como modelo porque se intento reutilizar, alterando con ello su fisonomía original.

Restos de la cabana que se intentó reconstruir en épocas más recientes. 29-julio 2018.

El pequeño habitáculo, creado sobre los cimientos originales, aconsejaron a su propietario, tras levantar varias hiladas de piedra, construir una nueva. Esta se construyó, y se volvió a rehabilitar más tarde, en el interior de El Pradón, donde un camino, que conectaba con una prolongación de la vieja pista maderera de Las Tablizas por Bisnuevo, la hacía mucho más accesible. Lo que también propició la eliminación del tramo de la pista que atravesaba El Pradón, uniéndola sin más al espacio del prau. Se cortaba así el acceso a la braña y se usurpaba un bien público.

El Pradón de L´Armadina con una cabaña que luego se reformaría y la braña de Mual. Todavía estaba abierta la pista que atravesaba El Pradón. 2000.


Actual cabaña de El Pradón. 29-julio 2018.

La vieja pista maderera se construiría a raíz de la puesta en marcha de las primeras cortas realizadas dentro del espacio ocupado por la actual Reserva, a finales del siglo XVIII y estuvo en funcionamiento hasta la creación de la actual pista a Las Tablizas, activa ya sin dudas durante las grandes cortas iniciadas en la década de los cincuenta del siglo pasado..

Posiblemente utilizó un antiguo camino del pueblo que de alguna forma tenía que poder acceder a El Pradón y a todo su entorno, así como para poder entrar y salir de Las Tablizas, un simple caserío aislado a la entrada del Monte. El camino existente debía de ser muy tosco y llevar el ganáu, y sobre todo sacar la yerba para llevarla al pueblo sería más costoso y mucho más lento. Ello refuerza la idea de que una braña en tal lugar tuviera más sentido, una braña plenamente equinoccial.

El Vatse Lus Putseirus, un valle del Monte Mual en su totalidad, con el Tesu´l Páxaru, a la derecha de la foto, separándolo de Munietsus. 29-julio 2018.

 

El Vatse Lus Putseirus con El Pradón, La Vatsina La Veiga con La Furcadietsa que llega hasta Fontuteiru y la Vatsina Ascamperda. 29-julio 2018.

El viejo camino tuvo que ser ampliado y mejorado para que las grandes rollas pudieran ser sacadas mediante carros. Ello mejoró notablemente el acceso a esta zona por parte de los papudos y sacar la yerba no era ya ningún problema, con lo que la braña equinoccial ya no era tan necesaria.

Sea como fuera, el transito de carros y de vehículos de motor en los últimos años, hizo necesario delimitar físicamente el espacio de la braña para que el ganáu no fuera atropellado o que con su presencia en la pista entorpeciera dicho tránsito. Todavía se notan los restos de paredes de piedra delimitando la pista, tanto por arriba donde estaban las cabanas, como por debajo, en zonas de pastos. Paredes que se ampliaban por los lados, delimitando el espacio de las cabanas, solo abierto por la parte de arriba donde el Tesu´l Páxaru comienza a empinarse y donde, entre fayas y robles, hay un moribundo y  enorme quercus, uno de los abuelos de la floresta de Munietsus, que hace poco ha perdido la mayor parte de su tronco. 

Restos de las paredes de piedra que bordeaban la pista maderera dentro del espacio de la braña. 29-julio 2018.


Aún subsisten paredes muy derruidas, cerrando el espacio de la braña, en este caso de El Pradón. 29-julio 2018.

También entre los restos de las cabanas se ven, igualmente, restos de paredes que parecen aludir a la presencia de corrales anexos donde poder guardar el ganáu, lo que refuerza la función de braña de esta zona.

Restos de una cabana y de su corral. 29-julio 2018.

 

Piedras y más piedras que parecen aludir a paredes de corrales anexos a las cabanas donde alojar al ganáu. 29-julio 2018.

También contribuye a la confusión la actividad maderera que tanto afectó a esta zona y donde muchas grandas tienen su origen. Por ejemplo por debajo de las cabanas, la parte inicial del Tesu´l Páxaru, hay actualmente, junto a claros que aún subsisten, matas de avellanos, arbustos típicos en la primera etapa de recuperación de una zona talada ligada a ambientes húmedos. 

Matas de avellanos en el inicio del Tesu´l Páxaru. 29-julio 2018.



El arbolado ha cubierto todo el espacio de la braña, sepultando muchas de las paredes construidas, fueran de cabanas, corrales o deslindes.

La poca presencia de brañas equinocciales en Mual seguramente debamos relacionarla con la economía propia de un pueblo de valle. Las brañas primaverales sustituirían aquí a las equinocciales. Mual no necesitaba brañas con praus cercados, algo típico en las equinocciales, ya que estos eran abundantes en la vega primaria (Ríu Mual) y en las vegas secundarias (arroyos de vatses y vatsinas). Praus cercados y por tanto cabanas donde poder almacenar esa yerba, si son necesarios en pueblos situados a media ladera sin acceso a las vegas bajas de valle, como sería el caso del vecino Oubachu, que tiene una preciosa braña equinoccial en La Veiga´l Pumar.

La ventaja de poder llevar a la braña a la vaca paridera y a las crías, algo que se da en las equinocciales y que no es posible en las primaverales, sería asumible por una economía con más recursos de cara a la alimentación del ganado, más estabulado, con más yerba, no solo la seca almacenada si no también la "ceba" (hierba fresca) y más tierras cultivables, algunas dedicadas a la alimentación del ganáu. Sin olvidarnos que estas vacas, a las que había que ordeñar, al permanecer en el pueblo evitaban la labor de trasladar la leche de la braña al pueblo.

En realidad son los productos que necesita una vaca, que tiene que pasarse como mínimo tres o cuatro meses en la corte, los que limitaban el volumen del ganáu. De nada servía poseer extensas camperas de yerba de diente capaces de satisfacer a numerosos animales, si luego no se disponía de los recursos necesarios para mantenerlos el tiempo que obligatoriamente tienen que estar estabulados. La búsqueda de ese equilibrio es muy fácil de conseguir cuando la miseria es lo que predomina. A nuestros abuelos no les sobraban ni los pastos ni los productos forrajeros. No sabemos el volumen de su cabaña ganadera pero esta debía de ser más bien reducida.

Agotados los pastos, brotes y hojas accesibles de las brañas primaverales, el ganáu se subía a las brañas más altas, que serían las estivales, en donde sus alimentos ya estarían plenamente desarrollados. La braña estival por antonomasia de Mual se hallaba, como no podía ser de otra manera, en sus montes más altos, en el entorno de El Cabrón, pero no en lo más alto que era de Moncóu.

Alguien me comento en Mual que había habido un pleito entre este pueblo y el mío, sobre quién tenía derecho a la caza en el avesíu del valle. Moncóu defendía que todo el terreno por encima de La Carril de Moncóu (camino carretero que llevaba a La Veiga Moncóu, su braña) y los más altos del resto de la sierra hasta el linde con Munietsus, formaba parte de su Monte. Siendo suyo lo lógico era que los aprovechamientos derivados de él también les pertenecieran.

Según mi informante la justicia fayó a favor de Mual, estipulando que la caza pertenecería a Mual y que los pastos, que es lo que ahora nos interesa, serían compartidos entre ambos pueblos, los pastos de altura, claro. Pero no tengo confirmada esta información.

La Veiga Moncóu era una braña estival situada en un cutsáu (collado) de la sierra, justo antes de la subida a El Cabrón. Utilizaba los aledaños y la cresta serrana anterior a la braña (El Cimbo d´Asturias) y la posterior (El Escanín), basculando algo por las laderas que vierten sobre Riumulín de El Pueblo de Rengos y también el ancho y rechoncho El Cabrón. Pero además utilizaba el fondo de valle de Reiduz, progresando, algo que aún me falta por confirmar pues también podría pertenecer a Mual, por las zonas altas y medias de Tesu Gordu y su ladera desarbolada. Aquí había buenas camperas, como la chanada que hay en la unión de Tesu Gordu con Tesu Tsazaru, a 1300m. de altitud y numerosas camperinas por debajo y por las zonas superiores, mucho más pindias y por donde a las vacas les gustaba "engaramarse". 

En azul y rojo, sobre Tesu Gordu, camperas que antes estarían todas unidas, dependientes de La Veiga Moncóu o del Chanu´l Tsazaru. Foto Google.


La campera del centro se situa en la confluencia de Tesu Gordu con Tesu Tsazaru. ¿De Mual o de Moncóu?. Foto Google.

La Veiga se beneficiaba de una excelente fonte, metida entre el arbolado del valle. Veiga y fonte estaban unidas por un buen camino, tan bueno que hasta aparece su trazado en el mapa de escala 1:50.000 de 1953. La duerna es un curioso topónimo que no abunda por nuestra zona, ni en Mual ni en Munietsus vuelve a aparecer aunque sí lo hace en otros rincones del concejo. Una duerna era una artesa, es decir un receptáculo rectangular en el que sus cuatro lados internos se van estrechando hacia abajo. Estaba hecha en madera o piedra y tenía diversas utilizaciones: dar de comer al ganáu, incluidos los gochos; hacer el pan, recoger vino o sidra, pila para recoger agua o fregar en ella, actividades relacionadas con el samartino... 

En el cutsau del fondo del vatse de Reiduz es donde está La Veiga Moncóu y un poco a la derecha, entre el arbolado, La Duerna. 31-julio 2020.


En el centro La Veiga Moncóu y el camino a La Duerna. Mapa de 1953


Duerna de piedra, expuesta al lado de "la playa" de Cangas. 5-agosto 2017.

En realidad, aquí La Duerna es el nombre que se le da a una gran fuente, derivada seguramente de la forma que se le dio a un abrevadero donde pudiera beber el ganado y del que no sé si subsiste algún resto o si el tiempo lo ha borrado del todo.

Ya hemos hablado de la relación tan estrecha que hay entre el campo base de una braña y el agua, pues el ganáu la consume en grandes cantidades y de forma periódica, ejerciendo también una atracción para que este se congregue de forma natural a su lado. Creo que no hay ninguna braña que no posea una fuente o que al menos esta se halle en su entorno inmediato, como en el caso de La Duerna.

Guardo muy buenos recuerdos de La Veiga Moncóu, donde mi mente aprendió a volar sobre espacios arbolados. Sentado en una esquina despejada de la braña, enfrente de Riumulín y los otros bosques de El Pueblo (Rengos), podía pasar horas y horas oteando aquel increíble paisaje. Suspendido en el tiempo y en el espacio y ajeno a todo, excepto a las sensaciones que se iban despertando en mi interior. Todo era mágico y los robledales y los fayéus se sucedían unos a otros "hasta el infinito y más allá, como diría un personaje de Toy Story. Desde allí no se veían las grandas que también abundan en estos montes, mirara donde mirara todo era una sucesión de bosques y al mirarlos te acababan hipnotizando y atrayendo como un regazo maternal, dulce, cálido, protector... 

10/15/2021

El Monte y el guía de Munietsus 70


Silueta del Tesu La Granda´l Campu con una especie de outeiru en la parte superior. Visto desde Prau Nuevu. Noviembre 2.000.

 Las etapas de la dinámica forestal que mencionábamos en el capítulo anterior pueden verse alteradas por los incendios. Durante mi estancia en Mual, en el segundo o tercer año de guía, surgió un incendio, lo de surgir es un decir porque en realidad los incendios siempre son provocados. Este afectó a la zona del avesíu.

Yo ya había tenido una experiencia con el fuego, de la que había salido un tanto "chamuscáu" y no me refiero a que me hubiese quemado, herido o algo por el estilo, si no al impacto anímico. Los incendios siempre me han deprimido. Sin embargo cuando veo que un monte pelado empieza a resurgir, primero con los subarbustos y luego con algún tímido árbol, se me anima el espíritu.

Un día cuando ya estábamos cerca del pueblo, de vuelta de una actividad con un colegio, vimos los inicios de un incendio por la zona de Muruecos. Como eran personas muy jóvenes desistí de pedirles ayuda. Me despedí rápidamente y cruzando la Ponte La Zreizalina corrí hacia él. Como estaba en sus inicios y muy localizado pensaba que aún podía detenerlo. Me animé cuando vi que un tseirón de piedras muy menudas se interponía entre el fuego y el resto del monte. Corrí en torno  a su perímetro, consiguiendo detenerlo en las zonas por donde más problemas daría su posterior extinción ya que se acercaba a terrenos de matorral.

No recuerdo los medios que utilicé, una rama verde, a patadas...Cuando mis esperanzas aumentaban, el fuego se me escapó por el sitio más inesperado, por el tseirón. No era muy grande y la finura de su composición le permitía tener algunas folgueiras diseminadas por su interior, estando casi todas ellas secas. Fue todo muy rápido, mientras yo corría de un lado para otro afanándome en apagarlo, las llamas llegaron al tseirón y en un abrir y cerrar de ojos fueron pasando de una folgueira a otra, llegando al monte donde la presencia de subarbustos mayores pronto hicieron crecer un incendio de envergadura.

Sofocado y derrotado tuve que volver al camino y con un profundo dolor ver como el incendio devoraba el monte. Estuve varios días deprimido y no paraba de pensar que con la colaboración de otra persona adulta hubiera conseguido detenerlo.

Esta zona y la del Paramio, en la falda de La Pena Moncóu, eran zonas desarboladas donde los subarbustos nacientes eran terreno abonado para arder si alguien lo deseaba, y lo cierto es que en aquellos tiempos en muchos pueblos siempre había alguno que debía disfrutar haciéndolo y eso que ya no tenían un fin concreto, como podía ser el tradicional de conseguir un espacio apto para el pastoreo.

Como decía, detesto los incendios, me ponen enfermo. Por eso cuando me percaté del nuevo, lo primero que hice fue salir por el pueblo para ver si la gente reaccionaba y se organizaba un grupo para intentar apagarlo. Pero nadie se daba por aludido. Como era de mañana me dirigí hacia el bar de Casa Abel, donde siempre había gente a aquella hora. Allí me encontré con alguien del Ayuntamiento de Cangas que había llegado en un vehículo y que trataba de conseguir voluntarios para ir a apagarlo. Yo me ofrecí inmediatamente, pero fui el único.

Había varios chavales, algunos más jóvenes que yo y otros algo mayores. Es increíble ver como la gente se desentiende de los problemas. El Monte Mual pertenece a los vecinos del pueblo, pero nadie estaba dispuesto a defender lo que era de todos. Si se estuviera quemando una casa o la finca de alguien es posible que reaccionaran de otra manera, pero el monte como era de todos no era de nadie.

Como sabía que sin la colaboración de varias personas no había nada que hacer pensé en darle otro enfoque a la situación. Le dije a la persona del Ayuntamiento que por qué no nos ofrecía, a los voluntarios, la paga de un jornal, a fin de cuentas las brigadas que lo hacen cobran por ello. Tras pensarlo un rato accedió y entonces, ¡milagrosamente!, surgieron varios voluntarios. Anotó nuestros datos personales y partimos. No recuerdo si en el vehículo había el material necesario, sobre todo "forcones" (rozones) o si los cogimos en las casas de los voluntarios. 

Los forcones, convenientemente armados de un mango largo son muy útiles para desbrozar el matorral y para desmenuzar y alzar la tierra. 9-agosto 2020. Casa Regueras, Caguatses d´Abaxu.

Era un fuego curioso, había entrado en el faéu de Reiduz y tras devorar las grandas de las brañas, avanzaba valle arriba, pero de forma lineal, con un frente poco ancho. El faéu de esta zona era muy joven en aquella época, pero no dejaba de ser un faéu. En él el fuego no provocaba muchas llamaradas, avanzaba por el suelo, por las hojas muertas, emitiendo, eso sí, mucho humo. Era la primera vez que veía un fuego de estas características. Había pasado ya Reiduz, volteando el Tesu Vatsina Outeiru, donde se avivó bastante al encontrar matorral y terreno despejado. Decidimos, sobre la marcha, hacerle frente en el faéu Lus Azores, antes de que llegara a La Granda´l Campu, donde se convertiría ya en un fuego incontrolable. 

El Faéu Lus Azores bordeando por debajo y hacia el Este la Granda´l Campu. 27-julio 2018.

Sospecho que el interés del Ayuntamiento de Cangas en sofocar este fuego radicaba en evitar que entrara en Munietsus, la joya de la corona. Pero que se quemara el Monte Mual era para ellos algo secundario. Si no estuviera Muniellos allí, dudo que hubiera aparecido alguien. Pero para mí que se quemara el monte era un crimen, fuera de Mual, de Munietsus o de San Pedro bendito.

Fuimos en el coche del Ayuntamiento hasta La Ponte Rucabo y luego andando por el camino viejo de Tachurrosu que iba a Bisnuevo y finalmente monte arriba. Cuando llegamos al entorno del fuego nos distribuimos a diferentes alturas para intentar detenerlo y lo cierto es que lo conseguimos. Ninguno de nosotros había recibido un cursillo sobre cómo se puede apagar un incendio. Actuábamos según nos dictaba el sentido común, con gran determinación, sin escatimar esfuerzos. Si alguien gritaba ¡aquí! acudíamos presto los más cercanos.

Antes de que llegara a las zonas donde abundaba el matorral, rozábamos una parte de este para que el fuego no se "cebara" en él y adquiriera mayores dimensiones. Luego ayudándonos con tierra fuimos ahogando las llamas más adelantadas hasta conseguir su total extinción. Se veían aún algunas humaredas pero quedaban un tanto retrasadas. Patrullamos un rato todo el frente del incendio, que por fortuna no era muy ancho y decidimos dar por finalizada nuestra labor.

Cuando llegamos al vehículo, el representante del Ayuntamiento, que se había quedado en él, nos preguntó si estábamos seguros de haber apagado el incendio, pues todavía se veían hilos de humo, y le dijimos que sí. Para cerciorarnos de ello fuimos todos en el vehículo a verlo desde enfrente, en la carretera que sube al Counio, que dispone de buenas vistas, y ¡sorpresa! desde allí vimos que aún quedaban algunos focos que seguían avanzando tras reavivarse. Memorizamos más o menos los lugares y raudos volvimos al Faéu Lus Azores, no sin antes darnos un buen atracón de agua de La Fonte Tachurrosu.

Ahora las piernas ya empezaban a pesar más y el rozón otro tanto y tuvimos que emplearnos a fondo en algunos lugares, hasta que finalmente logramos sofocarlo. Para evitar nuevas sorpresas y después de examinar todo el frente de avance, decidimos esperar a que algunos rescoldos quedasen apagados del todo. En algunos puntos el fuego seguía devorando el interior de árboles viejos y decrépitos que a pesar de ello tardaban en consumirse.

Estaba con otros tres o cuatro chavales del pueblo, sentados pues estábamos muy cansados por la tensión, el "fumo" respirado y el esfuerzo realizado. Pero lo peor era el hambre que sentíamos, no habíamos comido en todo el día después del desayuno, y la tarde se acercaba. Uno de mis compis tuvo una idea, se le ocurrió que podíamos comer fayucos. Era a finales del verano y muchas fayas tenían bastantes. Con algo de escepticismo decidimos probar. 

Buena cosecha la de esta faya en 2020.

No nos fue difícil conseguir unas cuantas vainas de las ramas más bajas de fayas rebrotadas ya que las nacidas de semilla tardan muchos años en dar frutos. Los fayucos están dentro de unas vainas redondeadas que tienen como gruesos pelos bastante duros. Cuando están maduros del todo esta capsula se abre para liberar los dos fayucos que contiene, pero estas aún no lo estaban. Con la ayuda de las imprescindibles navajas, creo que todos teníamos una, fuimos abriéndolas y luego retirando la piel que envuelve el fruto, porque les comenté que esa cutícula podía contener sustancias tóxicas, las fuimos degustando. No recuerdo el sabor de los pequeños fayucos, pero no debía ser malo porque estuvimos un gran rato ocupados en esta tarea, siendo necesario aprovisionarnos de más frutos. 

Rama de faya, nacida de semilla, preñada de fayucos. 31-julio 2020.


A este fayuco, a finales de julio, aún le faltan varios meses de crecimiento. 31 julio 2020.

Tras enterrar los últimos rescoldos y comprobar que todo estaba apagado iniciamos el descenso. Esa noche dormí como un lirón, satisfecho con el resultado de la jornada. Por cierto ni yo ni ninguno de los voluntarios vimos una peseta del jornal prometido, pero personalmente a mí no me importo lo más mínimo pues el mayor pago había sido conseguir que el bosque pudiera seguir vivo, alegrándome la vista cada mañana.

Esa fue la única vez que vi arder los fayéus de Reiduz, pero la persistencia de las grandas tal vez debamos relacionarla con ellos. La de la vertiente derecha que da contra El Muntecín, La Granda La Rebotsa, es seguro que ardería muchas veces ya que los incendios de La Cutsada y del Estitseiru acabarían volteando contra esa granda.

Los incendios en los montes y más cuando son repetitivos pueden hacer "tabla rasa" de su pasado. Los terrenos pierden la fase en la que estaban y vuelven a la fase inicial, a la más degradada. Con todo no es infrecuente que de las viejas raíces rebroten nuevas guías y la regeneración sea mucho más rápida. Así una granda donde ya se han establecido algunos árboles, aunque se queme, siempre volverá mucho antes a su fase de semiarbolado. Si la granda es solo de subarbustos, tras el incendio tampoco volverá a la fase "cero" pues de las cepas de los ganzos (nuestro subarbusto más frecuente) pronto rebrotaran nuevas ramas, por lo que los incendios, más que detener el proceso lo que suelen hacer es retardarlo. Solo su repetición periódica puede provocar situaciones irreversibles, como puede ser la pérdida del propio suelo.

A las brañas primaverales de Mual que hemos descrito se subiría el ganáu hacia mediados de abril. Al disponer cada una de ellas de un amplio espacio, su utilización sería por fases. Un día el ganáu se dirigiría hacia una zona, al siguiente a otra y así hasta completar todo el espacio. Es probable que las dos brañas funcionaran de forma rotatoria. Primero en una y luego en la otra, pudiendo volver a la primera y luego a la segunda en caso necesario. Todo dependía de los recursos que cada braña poseyera antes de usar las brañas estivales.

Durante el verano y gracias a la ausencia del ganáu los pastos se irían recuperando, volviendo a un estado óptimo con las lluvias otoñales, siendo lógico que de nuevo fueran pastoreadas al bajar las vacas de las brañas de altura, pasando a ser brañas otoñales. Finalizando el ciclo cuando la nieve, que ya había cubierto las cimas hacía ya un tiempo, primero amenazaba y luego se cernía sobre estas zonas. 

La única braña típicamente equinocial de Mual era la de Lus Putseirus, pero tengo alguna duda. Prados cercados sí los había: El Pradón y aledaños, a los que habría que sumar los establecidos en Bisnuevo, dentro de la actual Reserva. Zonas de pastos comunales, también, destacando La Granda´l Campu, que en su día pudo ser una gran campera, más extensa que la actual granda porque muchos de sus bordes ya han sido colonizados por el arbolado. Su topónimo "campu" parece referirse más a un campo que a un nombre de persona (aunque en el pueblo hay una Casa con este nombre, tal vez derivado de su cercanía a Lus Pradones, que no dejan de ser grandes campos, en este caso praus al estar regados) y ello coincide además con su lenta recuperación dentro de la dinámica forestal.

Desde Las Tablizas se ve esta granda y  a veces charlando con Benjamín, el guarda, persona seria y hasta casi huraña pero que también tenía su corazoncito, me confesaba que ya tenía ganas de jubilarse y que estaba cansado de contemplar siempre el mismo paisaje y señalando a la granda concluía: "desde que vine a vivir aquí siempre la he visto así, esta como el primer día". y Benjamín llevaba muchos años en Las Tablizas.

La tardanza en la regeneración de esta granda tiene, de todas formas, varias explicaciones. Una es que debido a su gran tamaño y a que estaba totalmente desarbolada, las fuentes de semillas quedaban muy lejos de su centro y solo podían acceder a sus bordes, siendo su avance muy lento ya que los nuevos árboles tardan muchos años en producir semillas.

Otra explicación está relacionada con su localización sobre el terreno. La granda, primero bordea por encima de su teso (Tesu de La Granda´l Campu) y luego se instala sobre la continuación del mismo. Un teso bastante alomado en esa zona, con un gran espacio llaneado o muy poco tendido sobre la ladera. Esta disposición le hace ser un espacio muy soleado (otro solano dentro del avesíu) y relativamente seco. 

La Granda´l Campu, a ambos lados del tesu del mismo nombre (marcado en rojo). 28-julio 2018.

La Granda´l Campu contrasta con su entorno. Por encima de ella, hasta el Picu La Reguera y Lus Xardunzones, la ladera se empina pronunciadamente y se vuelve más avesía, permitiendo un bosque bastante desarrollado. El Faéu Lus Azores la bordea por debajo y por el Este. Un faéu joven pero como todos ellos, bastante húmedo. Por debajo está la Vatsina Entrambuscampus que yo conocí totalmente desarbolada pero que en la actualidad ya está muy colonizada por el arbolado. También ha mejorado mucho su borde contra Lus Putseirus donde el bosque, eso sí poco a poco, va ocupando los huecos aún existentes. 

Vatsina Entrambuscampus, con una regeneración del arbolado que no hace si no aumentar. 29- julio 2018.


Preciosas piedras hincadas en la Vatsina Entrambuscampus rodeadas ya de vegetación arbórea. 29- julio 2018.


Los bordes de la Granda´l Campu ya llevan unos cuantos años repoblándose de forma totalmente natural. 28-julio 2018.

  

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