10/31/2023

El Monte y el Guía de Munietsus 118 El madroño. Andar mucho. El faéu de Monesteriu , buen complemento al robledal de Munietsus.

Todo un lujo para la vista los borrachines. Uno podría estar admirándolos durante varias horas. Calle El Musel. Navatejera. 27 noviembre 2.019.

 

El madroño es un arbusto típico del clima mediterráneo. También se da en la costa cantábrica e incluso en lugares más húmedos como el suroeste de Irlanda. En Asturias es muy frecuente en toda la cuenca del río Navia, tanto que con los borrachines, previamente fermentados y mediante destilación a través de un alambique, se obtenía un potente orujo, cuya práctica está documentada en el concejo de Villayón. Del lado galego (actual Galicia) incluso se habla de personas que se dedicaban a ello, yendo por los pueblos con el alambique al hombro para alquilar sus servicios.

Desconozco su posible utilización en Ibias (recordad que este río es afluente del Navia), aunque lo dudo porque aquí había otra forma de obtener orujo: a partir de los hollejos de la uva. Siendo además un producto que gozaba de una excelente reputación. Mucha gente de los valles altos del Ríu Rengos (Narcea) decían que era incluso mejor del que se producía en Cangas.

El clima más seco y cálido de Ibias explica la causa de su abundancia, gozando además de otra ventaja añadida, relacionada con la deforestación tan acusada que se da por aquí. Las plantaciones de pinos y los intentos de regeneración de la arboleda autóctona son azotados por los recurrentes incendios, pero el borrachín rebrota y se expande muy bien después de que un incendio haya arrasado el lugar que habitaba.

Ahí, en Ibias, están las fuentes semilleras de los primeros madroños establecidos no solo en Munietsus si no también en las partes altas del Río del Coutu, por solo hablar de las zonas que yo conozco de primera mano. Luego, obviamente, esos madroños acabarían produciendo sus propias semillas, contribuyendo a su expansión por terrenos calvos de arboleda y con mucha insolación.

Las semillas se encuentran, como es lógico, dentro de los borrachines. Son muchas y realmente diminutas. Todas las bayas y frutas de árboles y arbustos son un reclamo para que algún animal los coma y contribuya posteriormente a su expansión. Las semillas de pequeño tamaño nunca son fracturadas en su totalidad y tampoco son digeridas en el interior del animal, vuelven a salir en perfecto estado al exterior y acompañadas además de un "abono natural" que contribuirá a acelerar la germinación de la semilla y el crecimiento del recién nacido. Hay incluso algunas semillas que necesitan pasar por el tracto digestivo animal para poder germinar. 

Borrachines (bayas) maduros (rojo) o en vías de estarlo (anaranjado) y racimos ramificados de flores de donde saldrán nuevos borrachines al año siguiente. 7 diciembre 2.022.

Que sabía es la naturaleza y cuan relacionados entre si se encuentran todos sus componentes. Animales y plantas se necesitan mutuamente para seguir coexistiendo. Parece que cada uno vaya a lo suyo pero todo está engarzado con una única finalidad, el mantenimiento de la vida y de la biodiversidad.

Las bayas, los borrachines, son realmente atrayentes, con unos colores espectaculares. Un regalo para la vista. De su sabor no os puedo decir nada porque nunca los he probado. Cuando pude hacerlo lo cierto es que no se me ocurrió, atrás había quedado el ímpetu de mi primera juventud y ahora no quiero importunar a mi delicado estómago. Pero supongo que a cualquier animal le encante su sabor, siendo además relativamente grandes. Su jugosidad sin duda que los convierten en un verdadero manjar. 

Colorido sublime. 27 noviembre 2.019.

Sabe Dios en el estomago de qué animal atravesaría la sierra. Siendo los periodos de deposición relativamente rápidos, menores de 24 horas, lo lógico es pensar en un pájaro, que es el que puede realizar un viaje largo en menos tiempo. Aunque tal vez un osu, un tsobu, un raposu o algún mustélido, muy amantes también de grandes frutos, pudieron darle el salto de cuenca y diseminarlo posteriormente consumiendo las bayas que acabarían produciendo los nuevos borrachines, acercándolos a zonas tan bajas como las que hemos mencionado.

Seguro que el madroño de Decutsada y los de enfrente de Valmayor son descendientes de el del Tesu L´Armadina y que los nuevos de Decutsada y Tesu´l Retén lo sean del adulto de la pista de Decutsada que ya ha alcanzado la edad reproductiva. Aunque también es posible que procedan de borrachines instalados en las grandas, que nosotros no conocemos porque no las hemos transitado. 

Cuántos años tendrá este soberbio borrachín, puede que tantos como yo. 30 noviembre 2.019.

Yo, en el 2.000, aún andaba como un auténtico rebezu, asi que tras dialogar un rato con el borrachín, continué ascendiendo. Me dolía ver tantos árboles arrancados y cuando me percaté de que ya llevaba mucho subiendo, me fui dejando bajar por el tupido y alfombrado faéu hasta llegar a la senda que subía a Penas Negras y luego, siguiéndola, acabé volviendo a Las Tablizas. Podría haber seguido andando horas y horas, mi estado físico me lo permitiría, pero ya era tarde y decidí finalizar la despedida.

Lo de andar mucho, hoy que los años ya no me lo permiten, es algo que me sigue llenando de asombro. Os voy a contar algo que lo ilustra a las claras.

Por aquel entonces se celebraban en Cangas unos torneos de futbito (o fútbol sala que lo llaman ahora) de cierta notoriedad. Había equipos de aficionados de la propia villa o de pueblos cercanos que, a pesar del empeño que le ponían, quedaban eliminados a las primeras de cambio. Pero también había equipos de sociedades deportivas de contrastado nivel, tanto de Asturias como de otros lugares de nuestra piel de toro. 

En las canchas que preceden al campo de fútbol del Narcea es donde se celebraban los torneos de futbito. Agosto 2.019.

Yo estaba enterado de ello porque aparte de ver algún que otro partido en el que participaban amigos míos, los días que no tenía visita guiada acudía, desde temprano, a trabajar de camarero a La Calzada, en donde durante la duración del torneo, iban a desayunar, todos los días, algunos de esos equipos, en especial los venidos de Murcia. 

Actual cancha de las instalaciones deportivas.

Tuve entonces una visita guiada y resulta que los visitantes eran los integrantes de uno de esos equipos. Eran también de Murcia, pro no de los que pasaban por la cafetería. Habían estado en el torneo del año anterior y en este aprovechaban la ocasión para conocer el famoso bosque de Muniellos.

Les explique, como siempre hacía, las opciones que había, desechando la visita pausada a Decutsada y ofertándoles la subida a Las Tsagunas, que unos deportistas como ellos podrían realizar sin ningún tipo de problema. Creo que querían estar de vuelta en la villa a media tarde así que optaron por subir y bajar por el río. Yo les comenté que era una subida asequible pero que en su parte final, antes del último kilometro y luego en este, tenía unas rampas de cierta entidad. Había estado viendo el año anterior la ascensión del Angliru y se me ocurrió hacer una comparación: "¿Conocéis la subida al Angliru de la Vuelta Ciclista a España?, pues las rampas de aquí son similares a aquellas". ciertamente una exageración pero...

Venían con los chavales varios preparadores físicos. Uno de ellos, un chavalón atlético, se fue arrimando al grupo cabecero en el que yo abría la marcha. Yo llevaba un ritmo pausado pero mantenido, sin descansos, que era el que elegía cuando iba acompañado. El recorrido se iba empinando poco a poco y no tenía pensado plática alguna. Pero el preparador parecía querer que lo incrementara y no paraba de preguntarme cuánto faltaba para las famosas rampas, que ya tenía ganas de afrontarlas y que dada su buena preparación física seguro que las superaría sin esfuerzo alguno. 

Rampa anterior a La Veiga Los Trabóis. 27 julio 2.018.

Lo cierto es que acabó importunándome tanta insistencia y sus aires de superioridad física, así que tras La Veiga los Trabóis les dije a los que venían delante: "seguid por la senda, os espero un poco más arriba" y al preparador, mirándolo de frente en un claro desafío "aquí comienza la penúltima rampa, veamos si eres capaz de seguirme". Y eché a andar sin volver la vista en ningún momento. 

Rampa pronunciada entre La Veiga Los Trabóis y el cruce de sendas. 26 julio 2.016.

Cuanto más se empinaba la senda más aceleraba yo mi andar. Creo que logró aguantarme durante un rato, pero mi ritmo no menguaba en ningún momento y no tardó mucho en oírse su voz, unos metros por debajo de mí: "¡espera hombre, era una broma!, ¡espera!". "Te espero donde a los otros, donde se acaba la rampa". Y allí, en el cruce de sendas de Vatsina´l Pielago, esperé a que llegaran, primero él, aún encendido y fatigado por el esfuerzo realizado y luego el resto del grupo que también había acelerado al vernos salir como tiros.

Todavía nos quedaba una rampa, pero nadie incluido el preparador volvió a preguntar por ellas ni hacer ningún comentario. Mi preparación física seguro que fallaba en muchos aspectos, pero andando era una auténtica bestia, o podía serlo dado el caso.

También lo pudo comprobar mi amigo Víctor, el guarda, cuando aún no habíamos intimado. Un día coincidimos los dos subiendo andando desde Mual a Las Tablizas. Tras andar un rato juntos, pareados, Víctor, sin decir nada, comenzó a incrementar su ritmo y yo hice lo propio. Como vio que no podía despegarse lo volvió a incrementar y al final era como si las suelas no tocaran el suelo, pero ni por esas.

 Y eso que Víctor tenía unas piernas largas que le permitían dar grandes zancadas. Yo las tengo más bien cortas, soy algo paticorto, por algo de pequeño en el pueblo me llamaban "parreto" y lo que son las cosas, parece ser que las piernas cortas son las mejor adaptadas para andar por terrenos pendientes y que esa característica es muy frecuente en los nacidos en pueblos de montaña y sobre todo de alta montaña. Pero en llano las piernas largas seguro que son una ventaja, cada zancada de Víctor me exigían a mí cerca de dos.

De pronto se detuvo, me miró de frente y me dijo: "¡coño, parece que andas bien, no consigo dejarte atrás!". y creo que a partir de entonces el tenue velo que nos separaba empezó a disolverse.

A mí nunca me gustó presumir de andar mucho, ello no me hacía ser mejor, o peor, que cualquier otra persona. Nunca me han gustado los que presumen de algo, cada uno es como es y punto. Andar mucho era simplemente una habilidad que me venía muy bien y que estaba relacionada con mi actividad. Ahora que ya no soy capaz de andar tanto, no me siento peor ni frustrado por ello, aunque si me gustaría poder seguir haciéndolo. Pero ante todo uno debe ser consciente de sus propias limitaciones y aceptarlas sin más.

La llamada de Correos se demoró bastante en el tiempo y pude seguir realizando algunas visitas guiadas más, hasta muy entrado el otoño, aunque desde finales del verano habían disminuido bastante. Ya no iba desde Cangas, lo hacía desde León donde vivía. O desde Caguatses d´Abaxu, yendo y volviendo por el Puerto del Rañadoiro.

Las vistas otoñales, subiendo o bajando este puerto antes de la construcción del actual túnel, eran de tanta belleza que me obligaban a parar y deleitarme durante un rato observándolas. El faéu en otoño es algo sublime, un auténtico lujo para la vista. 

Precioso y delicado el faéu de Regueira Lus Praus. 4 noviembre 2.000.

En Munietsus el otoño no es tan espectacular, los dominantes robles no disponen del encendido cromatismo de los faéus. Ciertamente está el faéu de Las Tablizas, pero este es de pequeñas dimensiones y con pocas perspectivas. En Decutsada hay faéus pero estos no se ven, para ello habría que observarlos desde la carretera del Counio. Las fayas con las que nos topamos solo podemos degustarlas desde dentro.

Yo prefiero más recorrer el bosque, sentirme dentro de él, que verlo. Pero recorriendo la ruta larga, por Tixeirúa, el cromatismo otoñal del faéu de Las Varas y los de la selva de Munietsus también era algo que elevaba el espíritu. Verlos y luego recorrerlos era todo un privilegio. Pero estas vistas quedan ocultas haciendo la ruta que está abierta. Una auténtica pena. 

Por eso a quienes visitan Muniellos en otoño les recomendaría hacer otra, más cómoda de hacer ya que se hace en coche. En el mismo Pueblo de Rengos, aparte de la carretera general hay un ramal, perfectamente asfaltado hasta el pueblo de Monesteriu d´Ermu. Hacer este tramo, con numerosas paradas desde donde podamos admirar este inmenso faéu, seguro que será algo que nadie podrá olvidar.

Hay una hora de la tarde, sobre todo los días de sol, en el que la luz cobra un brillo especial y que al iluminar el faéu este emite unas tonalidades de ensueño. No suele durar mucho, no más de diez minutos, luego la luz se va apagando y no tarda mucho en oscurecer. Pero los matices dorados que despide el faéu durante ese breve tiempo son de tal intensidad que harán enternecerse hasta a los corazones más duros e insensibles. 

Al irse el sol aparece la mágica luz de la tarde en La Debesa de Caguatses. 3 octubre 2.013.


La magia empieza a desvanecerse, apenas un minuto más tarde.


10/15/2023

El Monte y el Guía de Munietsus 117 Los Borrachines

En el primer rellano del Teso L´Armadina esta el borrachín. Visto desde el lado de Bisnuevo. 14-agosto-2.022.

 Decutsada se me quedó corta para la despedida. Hoy no podría continuar, mi cuerpo no lo aguantaría y mi mente tampoco. Mi peculiar relación con la naturaleza me exige un grado de concentración tan elevado que solo puedo mantenerlo activo durante unas horas, no durante todo el día como me ocurría entonces. Perdida la concentración dejo de disfrutar y cualquier excursión deja de tener sentido.

Quería exprimir a fondo todas las horas de aquel día, así que me dirigí al avesíu de enfrente de Las Tablizas, a despedirme del faéu que lo habita y de un bonito madroño. Lo descubrí un día por pura casualidad mientras deambulaba por la zona cercana al Teso L´Armadina. No iba en aquel entonces a ningún sitio concreto, solo me guiaba la llamada del bosque, que me impelía a acercarme a aquel árbol o a aquel lugar con encanto especial y lleno de misterio y una vez allí, tras emborracharme y deleitarme con su presencia, volver  a sentir esa llamada que tiraba vehementemente de mí hacia más adentro del bosque. Una llamada a la que, disponiendo de tiempo, era imposible resistirme. Y yo estando de Monitor tenía mucho tiempo libre. Todas las tardes, que podían ser cinco o seis horas y que estando en plena forma física daban para mucho.

La verdad es que me sorprendió ver un madroño en pleno bosque de Munietsus y quizás por eso le cogí un cariño especial, visitándolo de cuando en cuando. Luego descubrí otro más joven en la pista de Decutsada y últimamente unos recien nacidos en dos lugares. Los primeros un poco por debajo del madroño adulto, en la pista de Decutsada y los segundos en la senda tras el Tesu´l Retén, en el inicio de la granda de Fonculebrera. Ambos grupitos aprovechan dos áreas con poca vegetación a su lado aunque el primero tiene robles adultos muy cerca. De forma natural es probable que pudieran progresar pero lo más probable es que acaben siendo pisoteados por las botas de algún visitante, que no los conozca o los ignore dado su diminuto tamaño, o bien tronchados cuando se desbroce la vía de acceso a Las Tsagunas. 

Ástor acerca su mano al borrachín adulto de Decutsada. Robles y pinos amenazan su futuro, él para defenderse crece lo más recto y alto posible. 29-julio-2.017.


Jóvenes borrachines, nacidos de semillas del adulto de Decutsada.


Infantes por encima del Tesu´l Retén, en el inicio de la grandina existente.

No estaría mal que fueran delimitados con unas delgadas y simples estacas (extraídas de robles caídos de la zona) hasta que crecieran lo suficiente y luego esperar a que la selección natural dictara su destino.

Antes de ser Guía-Monitor, en Mual charlando con mi abuela, "Mamina", me sorprendía la familiaridad con que me hablaba del "borrachín", nombre con el que se conocía al madroño por estos lares y de los "borrachines", sus frutos, que según ella acababan emborrachando a quien los consumiera, algo posible ya que contienen etanol.

Esa familiaridad se debía, sin duda, a que ella los conociera en primera persona, pero Mamina, salvo esporádicas salidas a Veiga y de segadora (de grano, supongo que de centeno o "pan" como ella llamaba a este cereal) a Monesteriu, nunca había salido del pueblo, aunque conocía bastante bien todo su monte.

Yo, entonces, no conocía ningún madroño en los montes de Mual. Pensaba que tal vez el clima de la zona fuera más cálido y seco en el cercano pasado, lo que facilitaría su presencia y que luego se volviera más húmedo, contribuyendo a su desaparición.

Pero en Mual todavía hay algún madroño. Recorriendo la vieja pista maderera me pareció ver uno en la Vatsina Entrambuscampos, por debajo del camino. Zona peñascosa que yo conocí muy pelada, pero en la que se está regenerando la vegetación. El difícil acceso a donde se encontraba me impidió acercarme a él. 

En el teso que precede a la Vatsina Entrambuscampus parece haber algunos madroños. 29-julio-2.018.

 Más a mano e imposible de no ver está el que hay en la nueva pista que desde Valmayor sube a los praus del Regueiru Lus Putseiros. Tras la segunda y última curva de la pista, pegada a esta por la parte de abajo, encontramos este madroño. Adulto aunque venido a menos por una reciente poda.

No es ningún jovenzuelo este borrachín. Ya es un ejemplar maduro. 14-julio-2.022.

 

Incluso tras la poda el borrachín presenta una espléndida imagen.

La poda se hizo para aprovechar las ramas del arbolito como leña, por algún vecino del pueblo que conocía su alto poder calorífico. Lo podado aún estaba allí cuando yo lo visite, en manojos fáciles de transportar, junto a trozos de ganzos, arbustos que se encienden pronto y bien e igualmente con gran poder calorífico. 

Leña obtenida tras la poda del borrachin y la de gruesos ganzos. Ambos resaltan por su color rojizo y su alta densidad.

A pesar de todo la poda no fue tan criminal como pueda parecer. Se le extirparon los brazos que daban contra la pista, medida necesaria para que esta siga siendo practicable, ya que el Pradón de L´Armadina y el de debajo de este aún son utilizados por sus propietarios. Todavía le quedan buenos brazos por el otro lado y es seguro que la poda no haya acabado con él. 

La pista provocó su poda pero también le asegura el acceso a la luz por ese lado. Por debajo el robledal ya se lo está negando.

Otro contratiempo para él es que el robledal del entorno, antes más raleado y pequeño, se está recuperando a buen ritmo y pronto le robara parte de la radiación solar que venía recibiendo, aunque seguro que durante unos años siga produciendo semillas, que talvez aniden en zonas todavía desarboladas o a medio camino de ello.

Ya de Guía-Monitor y leyendo información de las empresas propietarias de Munietsus me enteré de que la presencia de madroños en el Monte había sido bastante frecuente. Se hablaba de desbrozar de madroños y de arbustos algunas grandas para repoblarlas con robles, de cara a su futura explotación.

Aunque puede que las variaciones climáticas hayan podido influir en la reducción de los madroños, la causa principal parece que hay que relacionarla con la recuperación de los bosques.

La tala de los bosques propició su expansión por las grandas que se fueron formando, aprovechándose de la ausencia de vegetación superior capaz de robarle la luz del sol. Luego los recurrentes incendios que asolaban nuestras grandas, también le favorecieron.

El cambio de dinámica, con la reforestación natural que se está produciendo y la ausencia de incendios seguro que no le beneficia lo más mínimo. El bosque de frondosas o planocaducifolio de Munietsus no hace buenas migas con el borrachín. Al superarlo en altura le acaba robando la mayor parte de la luz y acaba comprometiendo, primero su descendencia y después su propia existencia.

El madroño del avesíu de Las Tablizas, estaba y aún está en el Teso L´Armadina, en el primer rellano que este posee. La zona al estar tan cerca de las sierras de Las Tablizas, fue objeto de continuadas cortas. Allí encontró el borrachín un lugar apto para su desarrollo. Cuando los robles, aquí solo crecen robles ya que las fayas están algo más metidas hacia el avesíu (y por debajo donde el terreno es más húmedo y umbrío), comenzaron a crecer y a amenazar su futuro, estos volvían a ser cortados para su aprovechamiento. Al borrachín le llegaba la luz desde todos los lados ya que estaba en un teso, donde además los suelos eran lo suficientemente secos como para facilitar su desarrollo y eliminarle otros posibles competidores. Cuando cesaron las cortas madereras, en 1970, los robles pudieron crecer a sus anchas, pero les surgió un nuevo contratiempo que retardó su instalación.

Cuando yo fui a despedirme del borrachín, me encontré con multitud de robles arrancados del suelo por los furiosos temporales que se habían dado con anterioridad. Una imagen similar a la del Teso Decutsada. Toda la zona cercana al teso había sido arrasada. Los robles que sobresalían fueron fácil presa de los vientos huracanados que en los tesos campan a sus anchas. Las laderas que vierten a Bisnuevo habían sido taladas a matarrasa a finales de los sesenta y la regeneración natural y los abetos plantados aún no ofrecían protección desde ese lado. El borrachín al ser más bajo y denso solo había perdido algunas ramas y seguro que rejuvenecería al poder recibir mayor radiación.

En la actualidad el crecimiento es más acompasado en ambas vertientes y ya no hay robles que sobresalgan tanto y al estar más compactados ofrecen menos resquicios por los que poder introducirse esas ventoleras tan destructivas. El viento sigue arrancando algún que otro roble, aunque sin comparación con los de antes. La unión hace la fuerza, decía un eslogan de las izquierdas sociales y el bosque que es, entre otras muchas cosas, la unión de muchos árboles, parece darle la razón. Los vientos arrancan muchas ramas pero no tantos árboles.

He vuelto, recientemente, a despedirme de mi querido borrachín, seguramente sea la última vez que lo haga y allí seguía, con una imagen algo más deshilachada de la que yo recordaba. La sombra que lo envuelve no es su mejor compañía. Aún se le ven algunos frutos creciendo, pero su parco número dan fe de su debilitamiento, su estancamiento y su lenta agonía. Seguro que tiene tantos años como yo y es probable que yo desaparezca antes que él, pero cuando él lo haga nadie de su estirpe quedará allí para despedirle y sustituirle. A su lado ya hay mucha vegetación arbórea que no será tan fácil de borrar, ni por vientos ni por huracanes y que harán imposible que puedan nacer nuevos borrachines. El bosque ha vuelto a cubrir sus antiguos dominios y en ellos no habrá sitio para los borrachines.

El gran grosor de su tronco nos insinúa su edad. 14-agosto-2.022.


Pese a intentarlo el madroño nunca alcanzara la altura de sus vecinos los robles.


El madroño casi sepultado por las continuas ramas que se le vienen encima  arrancadas por el viento.

 

Es solo cuestión de tiempo que al borrachín se le deniegue totalmente el acceso a la luz.


Pocos borrachines emite ya nuestro borrachín.

Desde aquí nuestro reconocimiento a tan bello arbolito, que tuvimos la fortuna de poder conocer. Un recordatorio y un homenaje que le sirva de dulce epitafio. Incluso en sus etapas regresivas la naturaleza nos regala inigualables ejemplos de su innata biodiversidad. Una naturaleza cambiante pero siempre dispuesta a endulzarnos y alegrarnos la vida con su belleza. Quizás sea posible cambiar también la sociedad en la que "sobrevivimos". "segando el abrojo y el cardo, mañana compañero, florecerá el trigo", cantaban los Triana en su época gloriosa.

Todo lo que estamos comentando nos hace pensar que el arbutus unedo no formaba parte de la vegetación originaria del Monte Munietsus, en el que la dominancia del bosque está fuera de cualquier duda. Pero si los madroños no formaban parte de la vegetación autóctona del Monte Munietsus, ¿de dónde procedían los primeros que se instalaron en sus claros?. ¿Los plantó alguien o llegaron por otros medios?, y ¿de dónde procedían?. Para responder a estas cuestiones me permitiréis que os cuente algo.

Tras el fallido intento de ir a Las Tsagunas por Pena Velosa, con un grupo de amigos de Xedré, para no desaprovechar el día les propuse un itinerario diferente, a realizar básicamente en su coche: visitar los pueblos que bordean el Monte Munietsus por la vertiente de Ibias. Una excursión a la que le tenía ganas y que en verdad no nos defraudó a ninguno, o al menos no lo hizo en mi caso. Nos inventamos la excusa de intentar conseguir probar el vino que sabíamos que se producía por estos lares. Algo que finalmente conseguiríamos pero cuyos detalles quizás os cuente en otra ocasión.

Dejamos la carretera asfaltada que baja a Cecos y nos internamos por una pista de tierra, por la que continuaríamos hasta volver al asfaltado en Villarmeirín cerca de la Campa de Tormaleo. Pista que en la actualidad ya está asfaltada. En realidad había más de una pista y todas estaban bastante bien de firme, aunque había que circular despacio y con precaución. Había muchos cruces y desvíos y algún que otro letrero indicativo. Desechábamos las que se metían hacia abajo y seguíamos la que iba, más o menos en llano, remontando el valle a media ladera.

La primera sorpresa surgió poco después de salir al valle principal del Río Ibias. Era un tramo en el que la pista experimentaba algo de ascensión y en el que la totalidad de la ladera estaba ocupada por un auténtico bosque de borrachines. No había diez o veinte, había cientos de ellos y eran fáciles de reconocer pues de sus ramas pendían las preciosas bayas (también llamadas borrachines), algunas totalmente maduras, de un intenso color rojizo, y otras cerca de estarlo con un precioso color anaranjado. Había ejemplares de todas las edades, algunos ya adultos de varios metros de altura.

El espectáculo me llenó de gozo, era algo inaudito. Una auténtica sorpresa y descubrimiento para mí, que consideraba un tesoro los dos borrachines que conocía en Munietsus por su rareza en un entorno tan húmedo. Verlos ahora en ese número, en pleno monte y de origen puramente natural, era como sentirse en el paraíso. A mis amigos no les llamaron tanto la atención así que decidí dejar para mejor ocasión un contacto más estrecho con ellos. 

9/30/2023

El Monte y el Guía de Munietsus 116 Despedida de las partes medias de Decutsada 2

En Decutsada hay lugares del avesíu donde ya no coge ni un alfiler más. 28-julio-2.018.

El límite que se viene usando entre las dos lenguas se sitúa en la prolongación de la Sierra del Rañadoiro, o sea en la sierra, sierra que divide la cuenca del Narcea de la cuenca del Navia, algo acorde a la idea de deslindar atendiendo a accidentes geográficos. Pero es una verdad a medias pues estos suaves relieves nunca suponen una frontera física. Y es que además el Monte Oubachu rebasaba ampliamente dicha sierra. Tanto el Pico´l Counio como el Pico Cabreiro estaban dentro de sus límites. Que basculaban durante un buen trecho por las laderas altas que vierten contra la cabecera del Río Viougas.

El uso del territorio hace que este se llene de nombres (topónimos), puestos por quienes los usaban. Pero la cercanía también influye. Todo lo que vierte hacia Ibias está más cerca de Valdebóis que de Oubachu, por lo que los primeros igualmente les pusieron sus propios nombres.. En esa zona hay una curiosa mezcla de topónimos, unos son "galegos" y otros son "asturianos", no faltando los que son una mezcla de ambos.

La parte del Monte Oubachu que vierte hacia el Ríu Munietsus y el Ríu Coutu tienen ya topónimos típicamente en bable occidental, como en esta de Decutsada, donde está el Vatse Gatsego.

Ya vimos que en la cabecera del Ríu La Candanosa, analizada a fondo en capítulos anteriores, ocurría algo parecido, siendo allí el galego el que había volteado la sierra. Lo mismo pasaba en la cabecera de los otros dos grandes valles de Munietsus, Refuexu y Tixeirúa.

En el primero el Ríu Refuexu pronto cambia de nombre, aguas arriba de La Veiga Cruces, pasando a llamarse Ríu Las Gallegas. Nombre que parece derivarse de La Veiga Las Gallegas (A Veiga As Galegas), posiblemente la braña más importante de todo Munietsus y explotada por el pueblo ibiao de Oumente, de la que también deriva la Vatsina la Braña Las Gallegas. En los tres casos, ríu, veiga y vatsina, se mantiene "Gallegas". Ningún papudo, arbetsón o del Ríu Rengos decia gatsegas, respetando el topónimo original (algo castellanizado con la doble "l"). Aquí el significado de los topónimos es más que evidente ya que eran los galegos quienes utilizaban esa zona, posiblemente desde tiempos inmemoriales. 

Os vuelvo a mostrar la localización de los topónimos del Regueiru Decutsada.

Continuemos con el paseo. Entramos en otra vatsina, La Regueirona, con bastantes ganzos ya desde el teso con el Vatse Gatsego. Vuelven a verse roblones de 5 m. de perímetro y con la copa rota. También los hay de 3m., altísimos y sanos, una auténtica delicia para la vista y el resto de los sentidos, sintiendo su inmensa energía y la paz que se respira bajo sus bóvedas. Es un crimen no detenerse un rato y lo hago, saboreando a fondo esos instantes. Lo que daría ahora por volver a sentir lo que entonces sentí, algo a lo que las palabras no pueden hacer justicia. Pero como todo el viaje es una auténtica zambullida en un paisaje de ensueño, continúo. 

Roble de la braña de Mual de Lus Putseirus, con un perímetro por encima del bastón  cercano a los cinco metros. Está en el inicio del Tesu´l Páxaru, justo en el deslinde con el Monte Munietsus. 14-agosto-2.022.


Pese a habérsele caído una gran parte del tronco principal y hace poco una gran rama lateral, este roble se resiste a morir, aunque el pobre ya está en las últimas. 

En el centro de la vatsina hay piedras sueltas y gruesas, en donde se han instalado avellanos. En la otra ladera (dcha) faéu y robledal, permítaseme la expresión, cojonudo, con robles de dimensiones muy buenas, aunque los mayores están algo averiados.

Al momento llegamos a otra vatsina y podemos ver que un poco más abajo de donde me encuentro se une a la anterior. Es El Vatsinón, que recibe el nombre ya desde su unión al Regueiro Decutsada, por lo que La Regueirona es un afluente suyo. La Regueirona y El Vatsinón son dos aumentativos, que parecen justificarse al compararlos con las otras vatsinas del Regueiro Decutsada, todas ellas de menor envergadura. 

El Vatsinón y La Regueirona. 28-julio-2.018

En El Vatsinón hay caídos robles bestiales, algunos algo o muy derruidos por la edad y por los avatares que han ido sufriendo a lo largo de su extensa vida, aunque también hay tendidos sobre el suelo otros que aparentemente estaban sanos. Pero aún quedan en pie algunos gordísimos.

El Vatsinón por encima de la unión con La Regueirona.

He venido durante un rato por algo de sendina y antes de llegar al centro de la vatsina me he topado, del lado de abajo, con un roblón que es gordísimo abajo. Luego adelgaza algo pero sigue hermoso y potente hacia arriba, alcanzando una gran altura. Pero por desgracia parece tener alguna deficiencia cerca de la base, por la parte de arriba. Otro por debajo, algo más pequeño, sobrepasa los 3 m. de perímetro y una altura de vértigo. Estamos en una zona de bosque maduro, ¡impresionante!. Hay alguna faya y muy buena densidad. Una hermosa faya de 2´40 m. de perímetro a 1´50 m. del suelo por su parte de arriba, estaba arrancada y tirada en el suelo, lo que me permitió medir su longitud: 30 m. 

El Vatsinón justo por debajo de recibir a La Regueirona.

He subido por El Vatsinón a ver un gigantesco roble situado en su centro que solo tiene una pequeña herida, de poca penetración, en su base por la parte de arriba. Es muy alto, más de 30 m. y conserva toda su copa. Con 4´60 m. de perímetro a 1´50 m del suelo, ¡deslumbrante!. A su lado una preciosa faya de 2 m. de perímetro, alta y recta y cerca de esta otro potente roble cercano a los 4 m. de perímetro, altísimo (debe pasar de los 30 m.) pero con una herida larga y profunda en su tronco por la parte de arriba. Vatsina arriba se sigue viendo lo mismo, abundando la lúzula. 

Robles como este de la braña de Mual de Lus Putseirus también los había por decutsada.

Tras subir otro poco y siguiendo valle abajo, en llano sin subir ni bajar, se llega al teso de la vertiente derecha de El Vatsinón en donde hay un pequeño rellano, bordeado a cierta distancia por acebos.

Desde aquí hay buenas vistas del solano de Decutsada, que tanto contrasta con el exuberante avesíu por el que nos movemos. Se ve perfectamente el final de la pista de Pires que arrancaba en la Vuelta Cimera de la carretera del Counio. Se ve salir la pista, abajo, con no mucha inclinación, desde la Vatsina La Mata. Y así zigzagueando acabar saliendo junto al actual Mirador (Mirador del oso de Muniellos). 

Cartel del Mirador del oso de Muniellos.


Detalle de la pista de Pires y de la de Decutsada que subía hasta La Veiga´l Pumar. Mapa del IGN de 1953.

Subiendo un rato llegué al Teso Decutsada, a una zona algo llaneada, formada por sucesivos rellanos, la prolongación de La Chanadona. Con buena arboleda mediana aunque aún con muchos claros ya que hasta aquí llegaba la parte superior de la granda de Fonculebrera.

Filo abajo volví al sitio en el que antes estuve, atravesé el teso de El Vatsinón y accedí a una vaguada donde predominan las fayas. Algunas son preciosas, rondando los tres metros de perímetro y se está formando un esplendoroso faéu.

Aquí decido volver en dirección contraria, ahora valle arriba aunque siempre descendiendo algo en altitud, para no repetir por donde ya anduve. No me basta solo ver desde lejos la buena arboleda, la quiero disfrutar sintiéndola a mi lado, saboreando los distintos ambientes que va construyendo.

Atravieso El Vatsinón justo donde recibe a La Regueirona. Por todo el entorno el bosque es alucinante, con robles y fayas de más de 2 m. de perímetro, de hasta 35 m. de altura aproximada, rectos y sanos. Ya no se ven los roblones más o menos viejos, es todo material nuevo pero muy bueno y en densidades excelentes. 

Tras el cauce de El Vatsinón se atraviesa un precioso faéu, con ejemplares magníficos de tres metros de perímetro, que prolongan en altura ese grosor durante un buen tramo. Rectas, pasando de los 35 m. en altura. Prodigiosos pilares que sustentan copiosas copas que dejan pasar muy poca luz, creando un ambiente más nebuloso y húmedo que el creado por los robles. Un ambiente más recogido y si acaso más protector, más íntimo, más...

Llego al Vatse Gatsego y continua el faéu, con algún que otro roble y xardón. En su ladera izquierda y saliendo de él hay un robledal mediano pero mejorando (media de 1´5 m. de perímetro y 22 m. de altura), con una gran densidad.

En la vatsina siguiente a partir de su mitad el arbolado disminuye en grosor y en altura, pero con una gran densidad. Es un bosque joven con todo el futuro por delante. Pronto estamos enfrente de La Brañina y hay que volver a cambiar de rumbo. Desciendo algo por el teso entre esta vatsina y el Vatsigato Decutsada por donde se ven buenísimas y buenas fayas a ambos lados del cerro.

Vuelvo a llanear, valle abajo, con algo de inclinación. Atravieso la vatsina sin nombre (el otro vatsigato) y vuelvo al gran bosque. Primero con robles. En el Vatse Gatsego vuelve el alucinante faéu, con algún roble. Selección natural prácticamente hecha, con algún xardón tirando "palante".

Al poco hay algo de vaguadina, pero solo abajo cerca del regueiro, con mucha lúzula. Contra El Vatsinón bosque tremendo, en el cerro robles, en El Vatsinón fayas, con algunas realmenete impresionantes. Hay una antes del centro de la vatsina bestial, de cerca de 4 m. de perímetro, un solo tronco, sanísima, de unos 35 m. de altura aproximada. Algo descomunal que se completa con un roble por debajo de ella de 2´30 m. de perímetro, tan recto y alto como la faya. Si tienes hipo, mirando esta pareja, seguro que se te quita. 

La ladera de La Chanadona, entre el Teso Los Carboneros y L´Era Farruco, es sencillamente espectacular.

Me meto contra el cauce donde hay algo como de fuentina y un gran arce muy averiado por abajo. Cruzo el cauce y sigo. Oigo cerca el canto del Regueiro Decutsada. Robledal y faéu espectacular. Salgo de El Vatsinón e intuyo que estoy por encima, no muy lejos, de la senda que sube a Las Tsagunas tras haber cruzado el Regueiro. Hay un roble muy bueno pegado a una sendina que pasa por el lado de arriba y luego otros dos. Siguiendo por la sendina se sale a la senda, entre el roble grandón cercano al Teso Los Carboneros y los colosos guardianes de la senda, encima de un arce hecho polvo.

Solo añadiría que en la excursión de despedida también salí al Teso Decutsada, donde me aguardaba una desagradable sorpresa. Ya no recuerdo si aquel año o el anterior había habido grandes ventoleras de viento, muy perjudiciales para el arbolado, pero es seguro que las hubo. Allí por el alomado teso y sus rellanos de la parte inferior de La Chanadona, había arrancados del suelo y desplomados en él, decenas y decenas de robles, robles medianos de 40 o 50 años de vida.

Lo cierto es que me apenó aquel espectáculo, tantos y tantos árboles desguazados en lo mejor de su vida. Menos mal que permanecían en pie muchos de sus hermanos y que las heridas del bosque podrían ser restañadas, en una zona donde sus avances y retrocesos van de la mano. Los tesos o cerros son los lugares más expuestos a las rabietas de Eolo, que de una tacada puede cercenar la labor de varias décadas.

Pero así es la naturaleza, tierna y cruel al mismo tiempo. Vida y muerte van de la mano, como inseparables hermanos, hasta el fin de los tiempos. Pero como el León (Gieco) cantaba: "Que dignidad tan grande la de creer siempre en la vida, con solo ver una flor brotando entre las ruinas", y en el Teso Decutsada, contra viento y marea, todos los años brotan robles y más robles y si los albares no bastaran, en las Penas de Fonculebrera están sus primos los orocantábrica, dispuestos a echar una mano si fuera menester.

Se podrían extraer muchas conclusiones de esta excursión, tan detallada, pero esa labor la dejo a cada lector de estas líneas. No creo que les resulte tan complicado, teniendo en cuenta lo que hemos dicho y expuesto en capítulos anteriores. Yo me quedo con las sensaciones experimentadas visitando uno de los lugares con más encanto del mundo que conozco.

Si me gustaría que alguien, dotado de sensibilidad, revisitara esos lugares, yo creo que ya nunca podré hacerlo de nuevo, y que me contara, como yo os he contado, el estado actual de esos lugares, gracias de antemano. 

9/15/2023

El Monte y el Guía de Munietsus 115 Despedida de las partes medias de Decutsada 1

El Pico La Baxancada Preside el Regueiru Decutsada. La Vatsina La Fonte, cabecera del regueiro, gira y asciende de forma ladeada. 28-julio-2.018.

 Aquel verano del 2.000 me enteré que había aprobado las oposiciones a cartero a las que me había presentado. Me compré una cámara de hacer fotos y aproveché las subidas a Las Lagunas para hacer unas cuantas. Mañana no estaría allí, quería tener algo que me hiciera revivir todo lo que este Monte Munietsus me había proporcionado. Quizás alguna foto despertara en mí las sensaciones habidas ya que estas aún permanecían en mi interior. Puede que algún visitante se extrañara de verme hacer tantas fotos "¿Para qué querrá fotos este Guía que conoce tan bien La Reserva?". Pero pronto yo ya no estaría allí y aquello acabaría pasando a formar parte de los recuerdos.

Buscamos alguien que me sustituyera pues Juan andaba muy atareado con trabajos más acordes con su profesión. Gundín, un joven cangués del entorno del Cuelmu, me acompañó durante algunas excursiones guiadas para ver por donde iban los tiros y como iba a enfocar él esta labor. Lo que no supiera lo podría suplir con el amor y respeto que él también sentía por la naturaleza.

Yo, para despedirme por adelantado de mi amado Monte Munietsus, me tomé libre un día entero. Deseaba un último contacto íntimo, sin intermediarios y por supuesto solo, para que nadie ni nada enturbiara y alterara las sensaciones. Solo el Monte y yo, con la mente abierta y los sentidos alerta a todo lo que pudiera abarcar. Sin cámara, sin papeles para tomar notas. Solo un bocata y la navaja.

Y, ¿cómo no?, me dirigí a Decutsada y ascendí por la pista que llevaba a La Brañina. Antes de subir, en el cruce con la senda que sube a Las Tsagunas, me procuré un buen palo para apoyarme en él en los tramos de ladera pendiente que sabía que tendría que recorrer y para apartar algún toxu o ganzo que me saliera al paso ya que pensaba ir monte a través, lejos de cualquier senda. Por supuesto nada de cortar una rama viva, en el suelo había, rotas por los desbroces de la senda o de forma accidental, muchas de ellas. Lo que no recuerdo es si era de ablanu o de xardón. Esta última es bastante más pesada pero mucho más dura y resistente. Con la navaja, herramienta imprescindible cuando se sale al monte, le fui quitando todos los nudos y la corté para darle el largo necesario, alisando en redondo el final superior que en ocasiones entraría en contacto con mi mano. 

Regueiru Decutsada con su esplendorosa ladera derecha. el avesíu, repleto de robledales y faéus. Foto Google.

Escribiendo esto se me ocurre algo que no existe, ni en Mual ni en toda la redondada y que podría contribuir a revitalizar estas zonas. En Mual, por no haber ni siquiera hay un bar o cafetería, aunque sé que la cooperativa que se ha creado planea hacer uno, o ya lo está haciendo. Tampoco hay ningún restaurante, algo que sí hay en Oubachu y algún otro pueblo. Mucha gente pasa por Mual pero en el pueblo no hay nada en que gastar el dinero, alguna casa de turismo rural y la venta ocasional de miel.

Sé que las actividades del sector Servicios no pueden aliviar la crisis ocupacional, o sea de trabajo, que padece esta zona desde el desmantelamiento de la minería, pero pueden contribuir, al menos, a fijar población. Alguien tiene que atender esas actividades y esos "alguien" tendrán que vivir en la zona.

Cuando yo era un neno y vivía en Mual, todos los críos y crías de mi edad alucinábamos con unos bastones, por llamarlos de alguna manera, que buscaba y decoraba Javier de Casa Xuaquín. Javier nos sacaba unos años de edad, algo que siendo un guaje tiene más importancia de lo que pueda parecer y todos le admirábamos por su habilidad para decorar, solo con ayuda de una navaja, aquellas escogidas varas de ablanu, de castaño o de lo que fueran. Sus bastones eran para nosotros un bien preciado, un pequeño tesoro.

En Mual se podría abrir una tienda de souvenirs, o un anexo al bar, donde se pudieran vender objetos y cosas elaboradas en la zona, como bastones de montaña y cayáus, muy apetecibles para cualquier montañero-visitante si estuvieran bellamente elaborados. Así como cientos de otros objetos desarrollados por la imaginación, que no tienen porque ser funcionales si no a modo de "Recuerdo de Mual, antesala del bosque de Muniellos".

Claro que habría que extremar las precauciones a la hora de obtener la materia prima, para no acabar esquilmando los arbustos y árboles que los producen. No sé si habéis leído "El hereje", la obra cumbre de Miguel Delibes. En él al protagonista se le ocurre transformar la tienda de lanas de su familia en una empresa productora y comercializadora de ropa, pero no de lana si no de pieles. Estamos en el Valladolid del siglo XVI, Castilla basaba su riqueza en la lana, que exportaba a Flandes como materia prima, en bruto sin ningún tipo de transformación, perdiendo el valor añadido que supondría su manufactura. Y para más Inri, luego acababa importando esa lana ya convertida en ropa

Cipriano convierte al zamarro, una prenda de los pastores, previamente innovada y embellecida, en una pieza de uso por todas las clases sociales, con diferentes modelos en función de su valor. Para abastecerse de las pieles de zorro y de mustélidos se crea una red por todo el reino que se dedica a su obtención, comprándolas a quien los cazara o hiciese de intermediario.

La empresa conoce un éxito inusitado. Sus productos se venden como rosquillas, pero con el tiempo empiezan a surgir problemas. El más importante es que empiezan a escasear los animales con pieles nobles. La intensa caza a la que fueron sometidos repercute en su población, desapareciendo en muchos lugares y reduciéndose enormemente en otros.

A pesar de ser un tema tangencial en el desarrollo de la obra Delibes no desaprovecha la ocasión para mostrarnos sus preocupaciones medioambientales, algo que desarrollará ampliamente en su obra "Un mundo que agoniza", una clara denuncia del mundo contaminante y contaminado en el que vivimos.

Deambular por Decutsada, monte a través, era algo espectacular y maravilloso. Como mi memoria ya no atesora todo lo que vi y el torrente de sensaciones experimentadas voy a utilizar las notas de una excursión parecida, en el mismo lugar y realizada meses atrás. Tampoco llevaba cámara de fotos pues aún no la tenía. Pero si llevaba papel, bolígrafo y una cinta métrica. Aquí no se necesita cantimplora pues el Regueiru Decutsada nos brinda, cada vez que nos acercamos a él, sus limpias y cristalinas aguas.

Desde el desvío de la senda que va a Las Tsagunas hasta La Brañina hay un precioso bosque de robles por el solano, que es por donde va la pista, y de fayas justo enfrente, en el avesíu. La pista pese a tener muchos y grandes toxus y ganzos, aún es bastante transitable. Por el solano se ve un gran roble con la copa rota y enseguida el bosque ralea a medida que asciende en dirección a la carretera, solano arriba.

En el deslinde entre La Reserva y el Monte Oubachu, junto a la Vatsina La Mata, hay unas esplendidas fayas, de dos, tres e incluso más metros de perímetro, aunque no muy altas, de unos veinte metros, y bastantes acebos. Aquí el tramo de la pista está muy escarbado, escarcabonado, de cuando baja agua la vatsina. De La Brañina continuaba la pista valle arriba por la Vatsina La Fonte, la principal vatsina, cabecera del Regueiru Decutsada.

Localización de topónimos del Regueiru Decutsada.


Peñascas del Tesu L´Estoupo en la ladera izquierda de Vatsina La Fonte. 28-julio-2.018.

 La Brañina es un buen claro, ahora totalmente cubierto de folgueras, con varios rellanos. No se ve ninguna cabana conservada. Hay una pequeña derruida hace unos pocos años, pero era ya un apaño de los cazadores del Coto de Oubachu. Contra el regueiro hay arboleda: un impresionante pero medio quemado pládano, una grandísima faya que enseguida se bifurca, buenos robles, acebos, bedules... 

Los pládanos pueden llegar a ser enormes, pero los que están a la vera de una braña suelen estar muy averiados. A Veiga dos Trabóis. 27-julio-2.018.

Siguiendo vatse arriba, pegado a su parte avesía no se tardaba mucho en encontrarse uno con una pequeña vatsina. el Vatsigato Decutsada, que llegaba muy ladeada al regueiro y que no tenía agua, contrastando con este que sí la llevaba. Subiendo por ella encontramos un xardón bestial. Sale ladeado, inclinado hacia abajo, con un perímetro cerca de la base de 2´50 metros y que allí mismo se espalmaba, destacando dos de sus guías. Una, con 1´60 m. de perímetro cerca de la unión, sale recta hacia arriba y adquiere porte arbóreo, alcanzando una altura aproximada de 15 m. ¡increíble!, algo que no he vuelto a ver en ningún otro sitio. la segunda guía tiene también buen grosor, 1,5 m. de perímetro, pero sale ladeada hacia abajo y aunque luego sube ya pierde mucho de él. 

Xardón arbóreo de Vatsina Da Eira. 26-julio-2.016.

Hay muchas huellas de talas de fayas y robles. 

Este capudre nos impide ver Vatse Gatsego, los Vatsigatos y Vatrina La Fonte. Tras el Tesu´l Estoupo se insinúa el Vatse Cabreiru.

Cogemos algo más de altura y volvemos contra La Reserva por este avesíu, pasando al pie de un pequeño farallón rocoso en el teso que precede a la siguiente vatsina, que nadie de Mual o de Oubachu supo decirme su nombre, si es que lo tenía porque es una vatsina corta y poco ancha y por supuesto sin agua alguna y con piedra muy suelta, lo que me lleva a pensar que tal vez se tratara de una "treita" muy antigua por donde se bajara arrastrando los troncos de los árboles. Sin duda se trata de otro vatsigato, ya sabéis topónimo que se aplicaba a vatsinas poco pronunciadas y cortas en longitud, de las que en Munietsus tenemos varios ejemplos: Vatsigata´l Xardón, Vatsigatu´l Prau Pichón, Vatsigato La Queiruela.

La obsesión que había entonces por castellanizar los topónimos originales, ya hemos comentado en otra parte que llevaba casi siempre a cometer auténticas aberraciones. Regueiru Decutsada (reguero de La Collada) pasaba a ser Reguero o Arroyo de la Degollada. Como si en este gran valle se hubiera degollado o cortado la cabeza de alguien y que en otros lugares se ha aplicado para explicar este topónimo terguiversado. La Cutsada (Collada) de este regueiro es La Veiga´l Pumar, punto a baja altitud por el que se accedía al Vatse Cabreiro y al Puerto del Counio. 

Esta cutsada (La Veiga´l Pumar) es la que le da el nombre al Regueiru Decutsada.

Algo parecido ha ocurrido con el Vatsigato Decutsada. Al situarse en la zona de deslinde entre el Monte Munietsus y el Monte Oubachu se castellanizó de diversas formas. Así en el definitivo deslinde, a favor del pueblo, tras resolución judicial de 1927 se habla de Bollegatos de Degollada. Por su parte en el Plano de ordenación del Monte Muniellos y en el mapa del ICONA de 1979 aparece como Bodegatos de Degollada. Bollegato y Bodegato se parecen algo a Vatsigato pero carecen de significado o al menos yo no se lo veo. 

Plano de ordenación de Muniellos S.A.


Mapa del ICONA.

Por cierto uno de los mojones del deslinde se colocó "entre una roca entre los Bollegatos" que seguramente esté en el farallón rocoso que mencionábamos.

En este segundo vatsigato ya hay un hermoso bosque, donde predominan los robles, con una media de 1,5 m. de perímetro. En la misma vatsina hay un roblón prácticamente muerto de unos cinco metros de perímetro. El suelo es de luzulas en la vaguada, con algo de ganzos en los tesos. Por las partes más bajas se ven muchas fayas y en el centro de la vatsina abundan los acebos y están saliendo muchas fayas jóvenes. Muy buena densidad. Por donde voy hay alguna faya cerca del teso en la ladera de la derecha.

Dejamos la vaguadina anterior y nos metemos en otra, mucho más profunda. Vatse Gatsego. ¡Preciosa!, ¡alucinante!---Primero con robles, con una media de dos metros de perímetro y altos, muy altos, típicos de Decutsada. Luego contra el centro del vatse, en él y en la ladera derecha, fayas, del estilo de los robles, con matas más puras hacia abajo donde están brotando multitud de ellas, extendiéndose hacia arriba, con una edad que no superaría los diez años de vida.

Faya en el centro del Vatse Gatsego, con 3,30 m. de perímetro a 1m. del suelo, recta y altísima, con una buena prolongación hacia arriba del ancho tronco. Tiene un hueco cerca de la base por la parte de arriba, que parece estar bien cicatrizada por sus bordes pero que compromete su futuro.

Las densidades son más ralas en el centro, pero siguen siendo muy buenas, en suelos con arenilla y sin lúzulas. Este vatse es profundo pero poco ancho. Saliendo de su centro vuelven los robles a aparecer entre las fayas, yendo en aumento a medida que nos acercamos al teso, viéndose grandes y viejos ejemplares pero ya arrancados y otros más jóvenes pero buenos.

Se me escapa el significado del topónimo de esta vatsina, y no me refiero al significado literal ya que este es muy claro: Valle Gallego. Pero ¿qué tiene de gallego este pequeño valle?. La verdad es que no lo sé. El topónimo es popular y no lo he visto reflejado o mal traducido en ningún lugar. La gente del entorno lo pronunciaba con la "ts" típica del bable occidental, nadie decía Gallego o Galego para referirse a él.

Si el Monte y el pueblo de Oubachu fuesen de Ibias, tal vez el topónimo tendría algún significado ya que la vatsina es la primera que linda con ese monte de las pertenecientes al Monte Munietsus. Tendría entonces un significado relacionado con el deslinde entre ambos Montes, bien por haber pertenecido antes a dicho Monte, bien porque era utilizada en tiempos pasados por los de Oubachu o simplemente por estar en la frontera. Pero todos sabemos que Oubachu y sus extensos montes no eran gallegos, están plenamente enclavados dentro de la zona de uso del bable occidental.

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