7/31/2024

La Ruta a Las Tsagunas 15 El solano de Fonculebrera: vistas y orocantabricos

Tramo final del solano de Fonculebrera. El roble que se está secando, ¿es un albar o un orocantabrico?. 26 julio 2.016.

 Si os apura y se os hace larga la subida por los cerros y vaguadinas, en la falda de Las Penas de Fonculebrera, podéis hacer dos cosas. Podéis parar en los cerros y daros la vuelta para ver nuevas perspectivas del paredón de Penas Negras, que desde aquí parece más tendido. Preciosas vistas donde destaca el Pico Tsuis, viéndose algo más de la vatsina que da nombre a esta zona, el Vatse de Penas Negras, con dos vaguadas en su cabecera.

Dependiendo de la época en que miréis las vistas varían mucho. Si lo hacéis cuando las hojas de los árboles están en su apogeo, muchas de las penas, farallones y tseirones, los de menor volumen, estarán vedados por la vegetación y no se apreciarán en toda su magnitud. Solo veremos los de mayor envergadura, resaltando en medio de un bosque que parece engullirlo todo con un verde absoluto. 

De izquierda a derecha: V. Castietsu (y la anterior). Pena La Lata y V. La Lata. V. Fonculebrera de Penas Negras. Pena de Cuelgaloscuras y Vatse de Penas Negras. 26 julio 2.016.

Noviembre, antes de las grandes nevadas, es una buena época para visitar Munietsus. El cromatismo otoñal no es tan despampanante en Munietsus si lo comparamos con los faéus de Rengos o con el incomparable de Monesteriu d´Ermu. Pero tampoco es despreciable. La vista de Penas Negras durante este mes es algo impagable. Se ven más colores y más texturas. Ocres de roble, dorados de bedules difuminándose entre los de la roca, con sus blancos y marrones...Este delicado colorido de finales del otoño también se puede apreciar a comienzos de la primavera. 

Penas Negras y Pico Tsuis desde la senda de Fonculebrera. 4 noviembre 2.000.

No os recomendaría las vistas durante el invierno, no porque carezcan de belleza si no por la climatología adversa de esta época. Sin hojas el arbolado parece más pequeño y se aprecia mucho más el sustrato rocoso. Esas vistas me recuerdan las imágenes que yo tenía guardadas en la memoria de cuando conocí el Monte por primera vez, con un bosque en los inicios de su recuperación aunque con sus hojas desarrolladas. El arbolado entonces estaba mucho más espaciado, más separado entre si.

La estampa de un árbol difiere mucho si lo contemplamos con hojas o cuando está desnudo de ellas. Con hojas el árbol parece mucho más grande y ese tamaño se agranda porque no somos capaces de verlo en su totalidad. Miramos hacia arriba pero la mayoría de las veces no vemos su final porque las ramas nos lo tapan. Y, a pesar de la profundidad de visión dentro de un bosque maduro, las hojas y los troncos también acaban tapando unos árboles de los que están más allá.

Sin hojas los árboles parecen más pequeños. Los podemos ver en su totalidad y la profundidad de visión es infinitamente mayor. Miras a Penas Negras y apenas si ves los fustes, resaltando más las penas, los tseirones. Es la misma zona que cuando tiene hojas pero las vistas y las sensaciones que estas nos dejan son totalmente diferentes. Es otra de las magias de Munietsus y de cualquier monte boscoso. Siempre diferente, pero siempre lleno de belleza.

Con una sola visita a un monte tan extenso y variado como Munietsus os iréis con una visión sesgada de él. Es conveniente repetir y a ser posible en diferentes épocas.

Desde los cerros también se ve algo más del valle más largo de la Reserva, que como ya sabéis es el del Ríu Tixeirúa. Aparece algo de la sierra que bordea este valle (y el Monte Munietsus), desde Trescutsaus hasta la Bovia de Teleyerba donde está el pico más alto de toda la Reserva, que los de El Vilar (Villardecendias) llamaban L´Alto d´Astaca que deslindaba en la otra vertiente (la de Ibias) los montes de este pueblo de los de Oumente. Con el Pico La Guvia y el Pico Riusecu (Pico Tixeirúa) como hitos más importantes. 

Ya se ve algo de la progresión del valle del Ríu Tixeirúa antes y después del Teso Los Ciervos. 29 julio 2.017.

Lo que no se aprecia es su gran extensión pues el Teso de Los Ciervos nos tapa gran parte de él, pero bueno viéndolo en un mapa solo hace falta echarle algo de imaginación. 

Desde la senda de Fonculebrera vista al fondo del valle del Ríu Tixeirúa. 23 septiembre 2.000.

Lo que si se ve perfectamente son las dos últimas vatsinas de Penas Negras: Vatsina La Zreizal y Vatsina Veladeiru, con las paredes verticales de el Veladeiru La Zreizal, donde había un paso usado por cazadores y animales, La Buqueta La Zeizal. Las paredes verticales de esta zona solo son comparables a las de Pena de Cuelgaloscuras, pero aquí el bosque las tamiza algo más.

También os podéis entretener observando algo más de cerca los orocantabricos con los que os vayáis topando. Es algo fácil de conseguir ya que los hay a cientos. No podía ser de otra manera teniendo en cuenta como son los suelos que atraviesa la senda en esta subida. 

El rabo de la tsande delata a los orocantabricos. 27 julio 2.018.


Detalle ampliado del anterior con las características del orocantabrico.

Los hay con todas las formas que os podáis imaginar. Algunos actúan como subarbustos que no crecen hacia arriba. Solo se elevan un pelín sobre el suelo y luego reptan sobre este creando una especie de alfombrilla, entrelazándose o no con otros congéneres. De esta forma protegen el suelo y son capaces de sujetarlo, aunque este esté conformado por piedras sueltas e inestables que sin ellos se deslizarían hacia abajo. Aparte de retener arenas y materia orgánica que la escorrentía puede arrastrar cuando llueva. Y como colofón ellos mismos aportan materia orgánica con sus hojas y con sus partes o el cuerpo entero cuando se van muriendo. 

Orocantabricos en las partes altas de la senda de solano, en la vaguadina de los peldaños. 27 julio 2.018.


Orocantabricos ayudados por ganzos y espinos sujetando los tseirones, antes de la primera cuerda. 26 julio 2.016.

Si importante es su labor superficial no lo es menos la subterránea. Como árboles que son sus raíces penetran más profundamente en el suelo que las de los ganzos y otros subarbustos.  

Un tronco ha decidido crecer hacia arriba mientras que otro opta por reptar sobre el suelo. ¡Qué plasticidad!. 27 julio 2.018.

 Aquí en las vaguadinas su labor ha sido y sigue siendo fundamental. Anclando los escasos suelos existentes y penetrando incluso en los intersticios del propio roquedo, llegando en algunos casos a su disgregación, aumentando el suelo y logrando una mayor sujeción del mismo.

Pero los más increíbles son los que se asientan sobre el roquedo desnudo. En cualquier repisa o rellano y en grietas de la roca, donde se ha ido acumulando algo de suelo y que a veces ni siquiera se ve, se instalan estos osados roblecillos. Que nadie se extrañe de su escuálida figura, bastante tienen con sobrevivir ahí. ¿Cómo hacen para soportar el intenso calor desprendido por la roca y el que le viene del cielo, esos días de verano en que el sol calienta de lo suyo?, ¿de dónde sorben los nutrientes y el agua que necesitan para vivir?. Son un auténtico milagro que nos regala la naturaleza. 

Orocantabricos instalándose sobre la roca aprovechando un rellano y una grieta. 26 julio 2.016.

De momento son pocos los instalados en los cerros que separan las vaguadinas porque ahí la roca desnuda es muy lisa, con pocos rellanos y grietas, siendo un terreno casi vedado para nuestros héroes.

Ciertamente es una labor muy lenta y muy poco valorada, pero gracias a ellos el suelo se va preparando para lograr dar cabida a sus primos, los albares, que ya se ven entre ellos. 

Orocantabricos y albares se reparten por las vaguadinas. 27 julio 2.018.

Es un tira y afloja entre ellos y otros seres vivos frente a la materia inerte del roquedo. Albares, orocantabricos y otras especies vegetales, nacen, crecen y tienen una corta vida, pero con cada nueva generación el suelo va mejorando en grosor, en nutrientes y en capacidad para retener mayor humedad.

Los bedules también colonizan los tseirones. Aquí se aprovechan de la sombra creada por los orocantabricos. 27 julio 2.018.

 

Orocantabrico pasando a mejor vida, tras muchos años de lucha. 27 julio 2.018.

A veces una sequía prolongada hace que muchos albares se sequen y pasen a mejor vida. Pero el orocantabrico tiene mayor capacidad de resistencia. Esto se puede comprobar en aquellos que se han decidido a crecer como se supone que lo hace cualquier subarbusto o cualquier árbol. Es decir hacia arriba. 

Orocantabrico al que se le ha roto el tronco, fijaros en su capacidad de rebrote. 27 julio 2.018.

Los orocantabricos pueden llegar a tener troncos relativamente gordos, sin problemas para alcanzar la decena o quincena de metros de altura. Pero aquí en Fonculebrera, entre sus penas, suelen predominar los que enseguida, ese tronco grueso desaparece. Pero el arbolito no se muere por eso, hace brotar nuevas ramas y nuevas guías. Algunas también se secan pero otras, increíblemente, siguen adelante. Toda una lección de resistencia y tenacidad. Sin llegar a la potencia y esbeltez que admiramos en los albares, también son dignos de admiración estos humildes y pequeños robles.

Tengo dudas sobre la especie de algunos robles que hay en alguna de las vaguadinas y al final del ascenso. Lo cierto es que nunca lo investigué a fondo porque el solano de Fonculebrera siempre era una zona de paso, sin tiempo para detenerse durante mucho tiempo en él. Munietsus es tan bello y tan grande que se necesitaría toda una vida para conocerlo a fondo. 

Mismo roble que el de la portada dos años más tarde. Un penacho de su copa ya se ha secado y si lo veis vosotros posiblemente esté seco del todo. 27 julio 2.018.

Son robles relativamente altos, pongamos 15 metros, pareciendo por ello albares. Su altura no permite ver claramente y con rapidez ni su hoja ni otras características. Su corteza y la forma en que se secan sus copas y sus ramas se parecen a como lo hacen los orocantabricos. 

A pesar de su gran tamaño posiblemente se trate de un orocantabrico. 27 julio 2.018.

Tampoco sería tan extraño que la larga convivencia entre albares y orocantabricos haya originado la existencia de mestos. Es decir robles híbridos con características de ambos congéneres. Robles que pudieran crecer más que los orocantabricos y con mayor capacidad para hacer frente a la sequedad y pobreza de suelos como los que hay aquí. Claro que esta mera hipótesis tiene que ser valorada y analizada por personas con mayor capacidad que las que yo poseo.

Para ayudar a quienes estén interesados en diferenciar albares de orocantabricos, aparte de lo que ya hemos dicho, les voy a enseñar un truquillo. Todos sabréis que los robles tardan varias decenas de años, desde su nacimiento, en producir bellotas que puedan germinar y perpetuar la especie. Ello explica la tardanza de algunas zonas en poder regenerarse ya que hasta que los robles no tengan, pongamos 40 o 50 años no podrán reproducirse y esto es algo que puede pasar en zonas alejadas de robles adultos.

Es probable que los orocantabricos, entre otras muchas ventajas adaptativas, no necesiten tantos años para producir tsande reproductora. Como quiera que sea ya desde edades muy jóvenes todos los robles hacen ensayos para producir tsande, empezando con formas muy burdas, que con el tiempo van acercándose a la forma definitiva.

Pero para lo que nos interesa ahora eso no importa. Fijaros en la forma de esos ensayos. Si tienen rabo desde la rama hasta ellos, se trata de orocantabricos. Si por el contrario están pegados directamente a la rama, los robles son albares. ¿Sencillo no?. Claro que el truco solo sirve para Munietsus y zonas donde solo existan estas dos especies, si hay sapiegus o carbatsus la cosa se complica.

Si no hemos hecho parada alguna y llegamos al final del tramo duro encendidos y cubiertos de sudor, es conveniente y recomendable permanecer un rato en el tseirón, a la tiesta´l sol, hasta que el sudor se haya secado del todo. Sobre todo si se va a hacer una parada, primero en la fonte y luego en el roblón, ya que el cambio de temperatura entre el solano que hemos subido y el avesíu que tenemos delante es muy fuerte. O bien ponernos algo más de ropa en este último, para no coger un frío que luego puede pasarnos factura. 

Cerca del final de la ascensión orocantabricos delante de nosotros y detrás albares del entorno del roblón. 23 septiembre 2.000.

Pero si no vamos a parar no es necesario ninguno de los anteriores consejos ya que el sudor irá desapareciendo al seguir andando y llegue a zonas más llanas.

El nombre de esta vatsina: Vatse Fonculebrera, hace referencia a una fonte, una fuente, por lo visto culebrera y en honor a la verdad he de decir que en el tseirón que ya hemos mencionado y que precede a la fonte no era raro ver alguna víbora los días en que el sol apretaba de lo lindo. Nuestros paisanos y paisanas llamaban culuebra tanto a las culebras como a las víboras, aunque sabían que unas eran venenosas y otras no.

Las de gran tamaño no suponían ningún problema, si bien se decía que te podían  morder. Pero esto era muy raro ya que en cuanto notaran tu presencia se escabullían por donde fuera. 

Culebra atacando a un sapo. La asusté para que lo dejara pero el sapo estaba herido y murió al día siguiente. Caguatses d´Abaxu. 9 julio 2.022.

Las peligrosas eran la de menor tamaño. Si te mordían se te ponía como un bote la zona donde lo hacían. Había que hacer un corte y chupar con la boca y escupir el veneno extraído y luego ir a una farmacia y ponerse una inyección específica para combatir el veneno que se hubiera introducido y que rápidamente pasaba a la sangre. No era ninguna broma y en las farmacias tenía que haber obligatoriamente al menos una de esas inyecciones.

No penséis que era infrecuente que te mordiera una víbora. Solía ocurrir cuando se segaba el grano: el pan como llamaban al centeno y el trigo, cultivado desde antiguo para pagar los diezmos y arriendos señoriales.

Las culuebras, todas ellas, tenían muy mala fama. En la cultura tradicional siempre se las ha asociado con el mal. Incluso se decía que podían llegar a mamar del teto de una vaca y que la leche se podía estropear. Parte de la culpa de esa mala prensa enraíza con la tradición cristiana. Una serpiente había sido la culpable de la expulsión de Adán y Eva, que decían que eran nuestros antepasados, del jardín del Edén, al ofrecerle al primero una manzana, fruta prohibida por su Dios.

Los nenos seguíamos a rajatabla la opinión de nuestros mayores y hurgando en los pliegues de mi memoria creo recordar que siendo yo un guaje y estando con otros de más o menos mi edad, por el camino de Valmayor ya muy cerca de Las Tablizas, descubrimos unos pequeños huevos entre las piedras sueltas que había del lado de arriba.

Uno de los huevos eclosionó y de él surgió una diminuta y alargada figurilla. Uno de los guajes de mayor edad cogió un palo y la estrapatsou (aplastó), mientras que el resto con los ojos abiertos le interrogábamos el por qué. "Creo que ye una culuebra, los mayores dicen que salen de unos huevos". Estuvimos luego un gran rato buscando y aplastando huevos como aquel, convencidos de que estábamos haciendo una gran labor. Como veis las costumbres no siempre son las acertadas.

Estando de Guía en el año 2.000, un día nos visitó el jefe de la Fundacíon Oso Pardo, entidad con la que nosotros teníamos firmado el contrato de nuestra actividad. Venía con otro Guía de otra zona de Asturias. Estuvimos un rato charlando con él sobre cosas del trabajo, mientras dábamos un pequeño paseo por Decutsada. El Guía no paraba de mirar para el suelo y en un momento dado fijó en el suelo un palo que llevaba en la mano. Se agachó y cogiendo una víbora por detrás de la boca, la exhibió ante nosotros como si se tratara de un trofeo.

A Chana y a mí nos sorprendió su habilidad, pero el jefe se puso lívido. Era como si la víbora le produjera alergia y le ordenó que la apartara de su vista, que la devolviera al suelo, lejos de allí. "Pero si es una vulgar víbora de Seoane" dijo el Guía. El jefe, visiblemente nervioso, perdió los papeles y le profirió varios insultos y amenazas. "Vale, vale, no hace falta ponerse así". El Guía estaba tan sorprendido como nosotros por aquella reacción.

Yo nunca he logrado intimar con las culuebras, ni siquiera me atrevo a tocar su escamosa piel. Pero tampoco les tengo aversión, son un ser vivo más, tan digno de respeto como cualquier otro. ¡Vive y deja vivir! el resto son gustos personales.

7/15/2024

La Ruta a Las Tsagunas 14 Desdel Tesu´l Retén a la fonte de Fonculebrera.

El Guía, o sea yo, entre el roquedo de un cerro de Fonculebrera, ensimismado haciendo fotos. 27 julio 2.017. Foto Ástor.

 En lugares donde hay tanta belleza y tan abundante como aquí en Munietsus, siempre me ha gustado fijarme en todo lo que me salía al paso cuando me ponía a caminar. Fijarme, pararme y desentumecer mis otros sentidos. Oír las cantarinas aguas de los regatos y regueiros o el susurro del viento peinando las hojas arbóreas. El olor húmedo del bosque y el seco de los tesos. El sabor agridulce de los arandanos y de las moras. La caricia dejada en aquella piel de roble, de faya o de una lisa roca. El frío del agua y el calor que fluye del cielo. Cientos de imágenes y miles de sensaciones.

Pero a veces había que recorrer grandes distancias para acceder a ellas o a otras por descubrir y entonces el camino, sin perder su magia, se convertía en algo a recorrer rápidamente y sin paradas. Si vais a Las Lagunas sabréis a que me refiero.

Andar por andar, con una finalidad física, es interesante. Yo lo practico mucho aquí en León, una ciudad media donde ha aumentado enormemente el tráfico rodado, viendo solo como el cielo se incendia antes de oscurecer, pero sin pararme, aunque hay lugares, como en todos los sitios, dignos de una visita más pausada.

Pero en Munietsus era diferente.  Nunca me interesó comprobar si era capaz de subir por Fonculebrera a la primera laguna en dos horas, y una más en bajar a Las Tablizas por el río, que era el tiempo que yo estimaba para hacer el recorrido yendo a toda pastilla y sin parada alguna. Si iba con visitantes seguía su ritmo o el que pensaba  que eran capaces de resistir y si lo hacía solo siempre había algo que me entretenía y que me hacía olvidarme de todo, incluso del tiempo.

Solo llegué a cronometrar el tramo que tenemos ahora, haciendo la Ruta. Desde el Tesu´l Retén hasta la fonte de Fonculebrera. Serán unos 700 metros en línea recta, claro que con los recovecos y vaivenes que experimenta la senda, pueden aumentar hasta los 1.000 m., o sea 1 km. Solo, sin hacer paradas y a buen ritmo, pero sin forzar, me llevaba unos escasos 20 minutos.

Cuando yo hice las primeras excursiones por Munietsus, este tramo de la Ruta se parecía poco al que existe en la actualidad y eso pese a que el camino es el mismo, por la misma senda. Estaba casi desarbolado en su totalidad. Siempre que pasaba por Decutsada  me entretenía un buen rato, embelesado, observando el majestuoso bosque de robles y fayas, y cuando iniciaba este tramo, si el día estaba despejado y soleado, preferentemente en verano, el sol ya calentaba de lo lindo y en aquella solana, a la tiesta´l sol, era como si te metieras en un horno. Hasta las rocas que dominan este tramo parecían desprender calor. Nada que ver con la temperatura que suele haber en un bosque.

Esa era otra de las razones que me llevaban a hacer todo el tramo de un tirón y a buen ritmo. Claro que cuando iba acompañado, ya estando de Guía-Monitor, tenía que respetar el ritmo de mis acompañantes, sin forzarlos, para que no se desfondaran prematuramente.

En mis últimas visitas ya había muchas más sombras. Es increíble comprobar como se ha regenerado esta zona, así que a día de hoy seguro que el proceso no se ha detenido, aunque seguirá habiendo muchos claros de pura roca.

Ya os aviso ahora que el tramo es "jodido". El tramo más exigente de toda la Ruta. El desnivel que se salva no es que sea muy allá. El Tesu´l Retén esta sobre los 915 metros de altitud y la fonte de Fonculebrera sobre los 1.075 m. Total unos 160 m. de desnivel. Parece poco pero se salva en muy poco espacio y además la senda es tremenda, tan mala que hay zonas en las que ni siquiera existe, muy pendiente y llena de piedras sueltas y movedizas. Cada paso que das cuesta el quintuple que los que das en otras partes.

Nada más dados unos pasos desde el rellano de encima del Tesu´l Retén ya estás en el Vatse de Fonculebrera. Un valle no tan profundo como el de Decutsada o Bisnuevo, pero de cierta entidad y perfectamente diferenciable de sus vecinos al estar enmarcado por dos pronunciados tesos: el Teso Decutsada y el Teso Los Sagraos, con preciosos rellanos en ambos cerros.

Tesos pronunciados pero no rocosos, algo que contrasta con muchas partes de su interior, donde la roca madre y los tseirones cubren grandes superficies. Destacando las Penas de Fonculebrera, algo diferentes a las que hemos visto en Penas Negras, ya que aquí no hay "menhires". Son más compactas y a pesar de que tienen pendientes verticales estas son menos pronunciadas y más cortas que las de allí.

Su cercanía a la entrada del Monte, Las Tablizas, le hizo padecer talas desde que estas comenzaron en la segunda mitad del siglo XVIII. Y de esas fechas hay noticias sobre la existencia de incendios en este vatse. En ello pudo influir el que las partes altas, desde un poco por encima de la fonte, pertenecen al Monte Oubachu. Una superficie nada despreciable en cuyas cercanías los de este pueblo tenían varias brañas. Un monte humanizado del que hoy ya casi nadie se acuerda y que ha sido reclamado por el bosque, su antiguo y actual poseedor.

Pero volvamos a la Ruta sin más demora. Tras abandonar el llano y las peñascas que hay en él, salimos a un gran claro, transitando durante un ratín por la primera granda que nos ofrece el solano de nuestro Monte. Ya intuíamos otras por encima de la pista de Decutsada, pero ahora la tenemos ante nosotros  y tendremos que atravesarla. 

Vista hacia atrás del inicio de la granda de Fonculebrera. Al fondo colonia de orocantabricos en la zona rocosa. 27 julio 2.018.

No es muy ancha, en la dirección que llevamos, pero llega hasta la misma cima del Teso Decutsada y hasta un pelín por debajo de la senda por la que andamos. Lo más sorprendente de ella es que se asienta sobre suelos terrosos, los más profundos de todo este valle. ¿cómo es posible que habiendo árboles hasta en las zonas rocosas, no los haya en estos suelos tan aptos para ellos?. Conociendo la historia maderera de Munietsus, supongo que algunos-as conoceréis la respuesta. 

Debieron de salir buenas rollas de robles albares de esta zona, donde el bosque originario debía de ser imponente. Más difícil es determinar la fecha de su hecatombe. Parece tratarse de una tala a matarrasa pues el aspecto de la granda es bastante homogéneo, lo que apuntaría a talas realizadas por Muniellos S.A. (década de los cincuenta y sesenta). En la misma dirección parece apuntar lo atrasada que está la regeneración natural. Solo hay una leve colonización arbórea bastante por encima de la senda, no muy lejos de la cima. Habiendo árboles en todo su entorno la tala no debe de ser muy antigua, pues si lo fuera habría tenido tiempo para regenerarse. 

En el centro granda de Fonculebrera. Si aguzáis la vista veréis la senda. Foto Google.

Pero las cosas no son tan sencillas. Una cosa es la regeneración natural, sin interferencias, a su libre albedrío, siguiendo los dictados de la madre naturaleza y otra bien distinta la regeneración natural mediatizada por el ser humano. Yo no conocí ningún incendio en esta zona desde mediados de los ochenta del siglo pasado, pero es más que probable que los hubiera habido con anterioridad.

Un solo incendio no supone el fin de la regeneración de una zona talada, solo la retardará. Lo preocupante es cuando los incendios son reiterativos, quedando el suelo desnudo, sin ningún tipo de protección. Si el terreno es pendiente, que es lo normal en todos nuestros montes, las lluvias pueden arrastrar esos suelos y en el mejor de los casos, si no lo hacen, el terreno se compacta, volviéndose muy duro.

Una tsande que llegue a esos suelos tan duros no lograra penetrar en ellos y acabará muriéndose. Para germinar y originar un nuevo árbol necesita enterrarse, estar sin luz y recibir la suficiente humedad para finalmente enraizar. El suelo necesita esponjarse y cierta capacidad para retener la humedad, al tiempo que retener la tierra y la materia orgánica que posee y que pueda recibir. En los suelos duros el agua resbala sin empaparlo y arrastra toda esa materia orgánica existente. Para conseguir sus fines, la naturaleza que es tan sabia hace surgir las grandas, con los subarbustos de los que tanto hemos hablado a lo largo de este blog. 

Granda de Fonculebrera. 27 julio 2.018.

Aquí, en esta granda, los protagonistas son los ganzos, siendo el ganzo rojo (erica australis subsp. aragonensis) el dominante. Acompañado de otras ericas y de carqueixas.

Seguro que a no tardar mucho, si no hay incendios (toquemos madera), la granda irá evolucionando y acabará poblándose de robles, siendo probable que cuando visitéis Munietsus algunos ya lo habrán hecho.

Vista del vatse de Fonculebrera en el inicio de la fuerte ascensión hasta la fonte. 23 septiembre 2.000


Banda de albares. 27 julio 2.018.

 

Robles en la banda de arbolado. 27 julio 2.018.

Se agradece la banda arbolada que hay tras la granda. Es poco ancha pero ayuda a rebajar la calentura, si hace sol, que ya empezamos a sentir. Es un bosque todavía joven. La pendiente por la que va la senda se suaviza algo. Pero es algo pasajero porque pronto vuelve a empinarse y con un mal suelo donde abunda la roca madre y los tseirones y además con muy poco arbolado. 

La senda tras el primer trozo arbolado y antes de llegar a la vuelta. 26 julio 2.016.


Mismo tramo y misma fecha que la foto anterior. Vista hacia atrás.

Pronto llegamos ante una gran peñasca, que es como si nos cortara el paso y en donde , de frente por donde vamos, veremos una tablilla con una flecha que señala a la derecha. 

Gran roca donde hay que curvar a la derecha siguiendo la dirección existente. 26 julio 2.016.

Hacedle caso y comprobaréis que ahí la senda gira en esa dirección. La indicación se ha hecho porque una señora siguió de frente, por donde parece haber como un caminín y tuvo que ser rescatada tras caer y romperse una pierna. ¡Pocas bromas con las penas de de Fonculebrera! y más los que no estéis acostumbrados a lidiar con ellas.

Tras el giro la pendiente se acelera y ganamos altura rápidamente en los veinte-treinta metros siguientes. Vuelve a girar la senda, ahora hacia la izquierda, en dirección al centro del vatse. Aquí vuelve a haber arbolado, pero bastante irregular, con algunos buenos ejemplares de roble, pero envejecidos, sin copa, con algunos ya secos. 

Una vista hacia atrás tras el nuevo curveo a la izquierda. 26 julio 2.016.


Tras el segundo giro un respiro, entre comillas. 27 julio 2.018.


Buenos robles tras el segundo giro, aunque bastante decrépitos. 27 julio 2.018.

A partir de aquí y hasta la fonte atravesaremos una sucesión de vaguadinas, separadas por auténticos cerros rocosos. Todo ello con pendientes máximas y suelos no malos si no peores. En uno de esos cerros, al poco de los giros, hay una cuerda sujeta a la roca en varios puntos (con clavos) que no es necesaria excepto para principiantes y personas con algo de vértigo. Que nadie sienta vergüenza si siente la necesidad de agarrarse a ella, la seguridad ante todo.

Ástor entre el roquedo. Se aprecia como este baja en bandas verticales conformando pequeñas vaguadas. 29 julio 2.017

 

Vista hacia atrás desde uno de los primeros repechos rocosos. 27 julio 2.018.


Primera cuerda. 26 julio 2.016.

El arbolado está poco presente y las sombras son de malísima calidad. 

Vamos ganando altura de forma muy rápida y en los múltiples tesines rocosos tenemos espléndidas vistas de la ladera derecha de este valle, algo más avesía y mucho más poblada de arbolado. Arbolado que mejora a medida que va ascendiendo, hasta culminar primero en la llanada de La Braña Los Sagráos y luego en la llanada de Chanetos, por donde se ve un excelente bosque de albares, con buenos ejemplares de fayas entre ellos. Os recomiendo que paréis, a pleno sol. Eso sí con una visera o gorra, ya que merece la pena. 

Ladera derecha del Vatse Fonculebrera en su parte alta. Entorno del roblón. Desde senda en cerrín rocoso bastante arriba. 23 septiembre 2.000.

Luego la senda tiene otra vuelta, primero a la derecha y luego a la izquierda. Y más arriba una segunda cuerda, en este caso algo más necesaria, aunque se puede salvar el tesín rocoso sin necesidad de utilizarla. A la caída del tesín, contra el Vatse, hay un trozo de pared rocosa bastante lisa, pero el calzado se agarra bien, al menos cuando está seca. Si está mojada, extremar  las precauciones porque si bien todos los tesines tienen bastante desnivel hacia abajo, este de la cuerda es el que se lleva la palma (unos 20-30 m.). 

Detalle de la senda en la última cuerda. 4 noviembre 2.000.

La necesidad de esta y sobre todo de la anterior cuerda, puede parecer discutible, pero no lo es tanto si tenemos en cuenta que en los cerros rocosos a los que cada poco salimos no tenemos huella alguna de la existencia de una senda. La dura y en ocasiones lisa cuarcita, era muy difícil de labrar por quienes hicieron la senda. Al menos con los medios que tenían a su alcance. Así que para hacer visible por donde iba esta, la senda, invisible en los cerros de mayor volumen y a veces con dificultades para saber por donde continuaba, la cordada es una señal que nos indica que vamos por el camino correcto. Tras superarla pronto volvemos a ver la senda, o algo que se le parece.

No eran tan tontos los que hicieron la senda, ¿verdad?, así que no las menospreciéis aunque no las uséis. Ahora las vistas del avesíu que tenemos de frente y por encima de nosotros siguen siendo espectaculares.

Avesíu de fonculebrera por debajo senda después de la última cuerda. 4 noviembre 2.000.

 

Avesíu de Fonculebrera por encima senda desde uno de los últimos repechos. Parece un auténtico vergel. 4 noviembre 2.000.

Al poco de la cordada, que tiene más vuelo que la anterior, en una de las vaguadinas hay una fuerte subida. Aunque es corta puede resultar peligrosa porque hay mucha piedra suelta, que puede hacernos trastabillar y darnos un buen trompazo. En su parte final hay tres peldaños hechos con roca. Recuerdo que en el año 2.000 el primero de ellos se estaba deshaciendo. 

Después de la última cordada trozo peligroso. 27 julio 2.018.

Se puede decir que aquí termina la parte dura de la ascensión, queda un falso llano con algo más de pendiente en su tramo final y tras otro tesín salimos a un tseirón. Estamos al lado del centro del Vatse, al que llegamos por una senda ahora totalmente llana, por el tseirón, a pleno sol. 

Final de la ascensión, ya estamos en zona llana. 27 julio 2.018.


Vista hacia atrás desde el tramo llano antes de la fonte. 27 julio 2.018.


6/30/2024

La Ruta a Las Tsagunas 13 Desde el mirador 2. El tesu´l Retén y los orocantabricos.

Desde el mirador natural que precede al Tesu´l Retén, vista general del Monte Munietsus (Penas Negras y Fonculebrera, valle del Ríu Tixeirúa y valle del Ríu Refuexu). 23 Septiembre 2.000.

 El enorme paredón que tenemos ante nosotros es un auténtico microcosmos en si mismo. Es imposible encontrar un lugar que presente tal variedad de formas. Lo más normal es que te acabes perdiendo al observarlas: pequeños o grandes surcos que arañan su piel, agujas de roca o masas protuberantes de la misma sustancia, paredes verticales, suelos desnudos aunque preferentemente cubiertos de mofo, de subarbustos o de los omnipresentes cantos desgajados de la roca, fayas, bedules, robles...

Pero también, a partir de un punto concreto y localizado, puedes ir completando este extenso puzle, claro que ello te llevará más tiempo del que dispones si pretendes llegar a Las Tsagunas. Así que confórmate con reconocer alguno de los que te ofrezco en las fotografías. En el mirador, a la tiesta´l sol (en caso de que lo haga) no es conveniente permanecer durante mucho tiempo. Lo mismo que si llueve o hace frío, ya que es un lugar muy expuesto.  

No se acaban las vistas con el paredón de enfrente, si miramos a nuestra derecha se abrirá ante nosotros una parte, solo una parte, de las entrañas de nuestro Monte.

Vista general del fondo del Monte. 13 octubre 2.000.


Ídem anterior unos años más tarde. 29 julio 2.017.

Se ve un pronunciado teso (cerro) dividiendo dos valles. Es el incomparable Sestu Gordu, el más alargado y ancho teso de toda la Reserva y del que desde aquí solo vemos una parte. Vemos su parte inferior, desde su inició en La Queiruela hasta el Chanu Sestu Gordu. El Teso Los Ciervos nos tapa la continuación del valle del Ríu Tixeirúa, viéndose solamente algunos de los altos de la sierra que delimita el Monte en su fondo. Sí se ven las partes altas de la gloriosa Vatsina La Chada y casi toda la preciosa Vatsina La Piesca. En ambas vatsinas y en el entorno del Chanu Sestu Gordu está instalado el mejor y más extenso faéu de toda la Reserva. 

Nombres de lo que vemos: 1-Teso Los Ciervos. 2-Pico Sestu Gordu. 3-Vatsina La Chada. 4-Vatsina La Piesca. 5-Sestu Gordu. 6-La Queiruela.

A su izquierda se insinúa y se ve algo del valle del Ríu Tixeirúa, que resulta ser también el más largo y amplio de todo el Monte. Ese valle es sin duda el lugar más esplendoroso de Munietsus y lo volveremos a ver con algo más de perspectiva desde otros puntos de la Ruta, aunque nunca lo abarcaremos en su totalidad.. Tampoco lo veremos desde cerca ni andaremos por él ya que queda apartado de nuestra caminata.

Seguro que la senda que antaño lo recorría y que iba al Pico Tsuis y a Las Tsagunas, esté tomada por el monte en muchos lugares, pues lleva abandonada desde fines de los años ochenta. Ya nadie podrá degustar los esplendidos robledales y faéus de "la selva de Munietsus", como yo llamaba afectuosamente a la ladera izquierda de este valle, a cierta altura y hasta algo más allá de Sestu Gordu. Solo los "osus" y algún que otro "gallo de monte" podrán hacerlo y ello, en cierto modo, me reconforta.

¿Cómo estarán aquellos robles y fayas que ya hace cerca de cuarenta años eran deslumbrantes?. Puede que algunos sigan incrementando sus colosales fustes y puede que otros hayan finalizado su periplo vital, victimas de los males que ya hemos detallado en los capítulos dedicados a Decutsada. Que la tranquilidad y el sosiego del que gozan les preserve durante mucho tiempo, aunque nosotros no lo veamos.

A la derecha de las partes bajas de Sestu Gordu se ve otro valle. Es la mitad del Ríu Refuexu (Pradallos y Trousín), delimitado por el Serrón de Las Berzas , el Regueiro Las Berzas y los altos de la sierra que bordean el Monte. 

Nombres de lo que vemos: 1-Regueiro Pradallos. 2-Serrón Los Pradallos. 3-Regueiro Trousín. 4-Serrón de Las Berzas. 5-Regueiro Las Berzas. 6-Cimeira de Sestu Gordu. 7-Portelín. 8-Altu´l Refuexu.

Más allá, detrás de esa sierra el mundo es otro y desconocido para el que no conozca el Monte y su entorno. Pero la lejanía de las vistas y el bosque que parece ocuparlo todo le harán sentirse muy alejado del mundo civilizado. Ya lo habíamos sentido cuando el bosque de Decutsada nos había engullido, pero ahora la sensación se incrementa, reforzada por el sentido de la vista. Y esta experiencia no hará si no incrementarse con cada paso que demos siguiendo la Ruta. 

La niebla contribuye a darle un aspecto enigmático al Monte y nos hace pensar que es infinito, y a nosotros sentirnos muy pequeños. 14 octubre 2.000.

Pero como decía una amiga francesa de mi lejana juventud: ¡no apanicar!. Que nadie se sienta perturbado por esa sensación. Ni tampoco desvalido, nada malo nos espera en el Monte, sus habitantes son inofensivos y suerte tendremos si logramos ver alguno. Disfrutad de esa sensación es algo único, algo que en este mundo edulcorado y plasticoso que intentan vendernos no se puede sentir todos los días. Dejad a un lado todos los prejuicios que podáis tener y volved a sentir algo primigenio. Como decía en otra parte: lejos, muy lejos de todo, excepto de la naturaleza.

Al lado mismo del mirador está el Tesu´l Retén. La senda, para acceder a un rellano que hay en el agreste y pronunciado cerro, experimenta una fuerte subida, que por suerte no dura casi nada. Por debajo de la senda hay un pequeño teso rocoso de pura roca que se prolonga un poco hacia abajo en un auténtico espolón de pura roca que luego se desploma bruscamente, con varias decenas de metros, sobre el Ríu Munietsus y sobre el Vatse de Fonculebrera. Por encima de la senda vuelve a acentuarse el cerro rocoso que no tardará demasiado en morir en el Teso Decutsada. 

Final del saliente teso rocoso del Tesu´l Retén. 27 julio 2.018.

La senda aprovecha ese paso natural en esta cresta y sospecho que la misma senda utilizara otra, más antigua, que está relacionada con el topónimo del teso. Uno de los significados de retén es el de un puesto de gente armada, fijo o móvil, para controlar una actividad determinada. Y creo que el Tesu´l Retén era precisamente el nombre del tesín de debajo de la senda, que luego como en otros muchos topónimos se amplió a todo el cerro que marca la entrada en Fonculebrera.

El tesín era el retén donde se apostaban los cazadores, ya que el paso natural también sería utilizado por los animales para pasar por las partes bajas de Decutsada a Foncubrera y viceversa. Además desde él se divisaba una buena extensión de terreno.

Los señores Condes de Toreno y los posteriores propietarios de Munietsus eran, como el resto de miembros de las clases privilegiadas, aficionados a la caza. Era un signo de ostentación social el practicar esta actividad. Claro que ellos no lo hacían como los lugareños, vulgares campesinos. Ni ponían trampas, ni perseguían a las presas, con perros o sin ellos o se limitaban a esperar a los animales en lugares por donde solían pasar estos.

Solían invitar a otros Señores y organizaban batidas. Ellos se colocaban en lugares estratégicos y un grupo de lugareños metía ruido desplazándose por donde se suponía o se sabía que había animales, para que estos se movieran, pasando cerca de donde estaban apostados los "Señores" cazadores, que, a poco que supieran disparar, siempre se acababan cobrando alguna pieza. 

El Tesu´l Retén parece ser uno de esos sitios. Allí, muy cerca de Las Tablizas donde se alojaban tan distinguidos personajes mientras duraban las cacerías. Y es de suponer que estuviera trazada una senda que hiciera más cómodo desplazarse hasta ese lugar.

No me cabe ninguna duda de que el topónimo Retén es de origen foráneo, utilizado por los cazadores visitantes y que acabaría incorporándose a la cultura popular.

Cuando yo deambulaba solo por esta parte del Monte solía detenerme un rato en el mirador, para disfrutar de unas vistas que siempre eran diferentes. Disfrutaba viendo como la regeneración forestal crecía y crecía sobre la pared de Penas Negras. Pero a veces el calor apretaba y entonces subía hasta el tesu donde había algo de sombra y unas piedras donde me sentaba cómodamente para seguir contemplando, dejando que mi imaginación volara libremente.

Antes la vegetación estaba menos desarrollada que actualmente y a veces me atrevía a recorrer el espolón hasta cerca del final. Recuerdo que en una ocasión en un sitio más o menos llano, cerca de su final, hallé muchas cagadas de raposu (zorro). Seguro que él también utilizaba el lugar para admirar las vistas o al menos para otear posibles presas.

En mis últimas visitas me abstuve de recorrer el espolón, no tenía el tiempo suficiente y además las ramas obstruían el paso, pero fiel a una costumbre que había ido adquiriendo, me detenía un ratín, de pie, a disfrutar del frescor de la sombra, antes de afrontar el caluroso tramo de Fonculebrera. 

En la visita de 2.017 volví a repetir la paradina. Esta vez iba acompañado. Venía conmigo Ástor, un amigo y compañero, entonces, de trabajo de León. Era de Zamora y con él había realizado y aún realizaría bonitas excursiones por su tierra, que realmente merecieron la pena. Era justo compartir con él los tesoros de mi tierra: Monesteriu d´Ermu, Valdebóis y por supuesto Munietsus, haciendo parada dos noches en Oubachu, en casa de mi hermano Carlos. 

Vatse de Fonculebrera desde el Tesu´l Retén. 26 julio 2.016.

Por entre las ramas de los pequeños robles se veía una buena vista del Vatse de Fonculebrera. Mis ojos se posaron después en los robles que nos proporcionaban la sombra, mirando pero sin mirar. Hasta que algo llamó mi atención. Se veía una tsande (bellota) completamente desarrollada. Era a finales de julio, época en la que esta no suele estar tan grande. Se la puede ver pero mucho más pequeña, en pleno proceso de crecimiento y de maduración. Pero aquella bellota ya estaba completamente madura y no tardaría mucho en caer al suelo. 

Orocantabrico tras el Tesu´l Retén. 29 julio 2.017. Foto Ástor.

Me acerqué más a ella y de pronto una nueva sorpresa, colgaba de un pronunciado rabillo de la rama que la había emitido y lo mismo pasaba con otras tsandes del mismo arbolillo, que colgaban solitarias o en grupo. El pedúnculo, que es como se llama a ese rabillo, no existe en el roble albar (quercus petraea), ya que en este se asienta directamente sobre la rama, también de forma solitaria aunque más frecuentemente en grupos. Esta sin duda es la diferencia más evidente entre las dos especies, ya que la tsande que yo estaba viendo pertenecía a un Quercus Orocantabrica, nuestro roble orocantabrico. 

Detalle de la tsande colgando de sus largos pedúnculos.

¿Cuántas veces me había detenido yo en aquel lugar sin percatarme de su presencia?, para mí eran albares poco desarrollados, que crecían muy lentamente debido a los malos suelos y la sequedad del solano. Fue la visión de la tsande con su largo pedúnculo la que hizo que me diera cuenta del error en el que estaba.

Otras diferencias no son tan palpables. Por ejemplo ambas especies tienen peciolo en sus hojas. El peciolo es el rabillo (otro rabillo) que une la hoja con la rama y que en el orocantabrico es algo más corto que en el albar. A cada lado del peciolo la hoja suele tener como una orejuela en el caso del orocantabrico, mientras que en el albar lo hace de forma mas recta, aunque esto último no siempre es así. Las hojas del orocantabrico son también más lustrosas que en el albar, y hasta algo más consistentes, no tienen la pelusilla que si tiene el albar en el anverso de la hoja. 

Igualmente nos ayuda a diferenciarlos el aspecto que presentan ambas especies y el lugar en que se dan. No sabemos como sería el aspecto de Munietsus antes de recibir las influencias antrópicas. Primero las derivadas de las actividades ganaderas, que provocaron la aparición de grandes calvas con la sustitución del arbolado y su suplantación por terrenos con algo de pasto, que irían evolucionando hasta la formación de grandas. Algo que se aprecia claramente en las zonas serranas. Zonas estas donde la regeneración natural, por razones obvias, siempre son más lentas. Faltan las fuentes semilleras y el clima muestra su cara más dura. 

Vinieron después las cortas madereras, con efectos aún más devastadores, ya que se talaron zonas que nunca se debieron de cortar, porque su regeneración iba a ser muy complicada. Aumentaron los claros y las grandas.

Antes de estos impactos es más que probable que el bosque estuviese más desarrollado, cubriéndolo prácticamente todo, desde las zonas pegadas al río hasta las más altas cumbres. Solo las tsagunas, las crestas, farallones y prominencias rocosas, así como algunos tseirones, estarían desarbolados. Los albares seguro que habían ido recluyendo a los orocantabricos a las zonas con peores suelos.

Antes de que eso ocurriera, albares y orocantabricos habían ido parejos a la colonización de los solanos dejados por los glaciares. La infatigable labor de mofos, líquenes, hierbas y sobre todo de subarbustos durante los primeros tiempos postglaciares, había creado las condiciones necesarias para que eso ocurriera. Pero ya hemos visto que una gran parte de esos solanos seguían teniendo muy mal suelo. La herencia glaciar seguía estando muy presente. En muchos lugares la roca madre cuarcítica afloraba o semiafloraba a la superficie, bordeada siempre de innumerables tseirones. Los albares se instalarían sobre los suelos menos malos y los orocantabricos sobre los peores, llegando en ocasiones a convivir juntos.

La labor de ambos robles y de otras especies favorecidas por su presencia (como el abedul aprovechando las sombras creadas en esos solanos), hicieron que algunos suelos fueran mejorando con el paso del tiempo. Propiciando la hegemonía de los albares.

La única ventaja de los orocantabricos fue que eran más resistentes a los incendios e inmunes a las talas. En los habitats en que subsistía la menor presencia de materia orgánica hacía que las voraces llamas o no llegaran o lo hicieran con mucha menor virulencia. Por otra parte su menor desarrollo físico hacía que los encargados de cortar los árboles no le prestaran la más mínima atención. Poca madera o ninguna se podría obtener de tan escuálidos arbolitos.

Cuando se produjo el derrumbe de la economía tradicional y ya antes de ello con el cambio que se produjo en la ganadería, destinada ahora a la producción de la leche, el ganado se estabuló y el monte fue perdiendo protagonismo en este aspecto. Si no fuera por los recurrentes incendios la regeneración natural hubiera sido mucho más rápida. Luego vinieron, ¡al fin!, el término de las talas y el Monte quedó a su libre albedrío.

En la regeneración natural no siempre se instala, en primera instancia, la especie que mejor se adapta a las características del lugar. La cercanía es fundamental en este caso, en especial para especies como los robles con una semilla que no puede ser transportada por el viento.. Los albares quedan muy lejos de algunas grandas y cimas del solano del Ríu Munietsus-La Candanosa (por cuyas laderas discurre la Ruta). Lugares perfectamente aptos para ellos que siguen esperándolos. Allí en algunos de esos lugares ya se han instalado algunos orocantabricos, provenientes de lugares cercanos con peores suelos donde habían sobrevivido. En otros siguen codeándose con albares recién llegados.

Estos orocantabricos no son ajenos a la calidad de los suelos, están especializados en adaptarse a los peores suelos, pero no le hacen ascos a suelos mejores si no tienen la competencia de los albares. En esos lugares al disponer de mayores nutrientes, tienen mejor aspecto y se diferencian poco de jóvenes albares, aunque nunca lograrán hacerles sombra.

Aquí, o cerca de donde nos encontramos, tenemos todas las formas posibles que suelen presentar los arocantabricos. Antes del mirador tenemos sus formas achaparradas, con algunos que ya se despegan algo del suelo pero manteniendo esa forma baja y reptante. En el Teso aparecen ramas que en ocasiones no se sabe bien de donde proceden. Y luego en el espacio llaneado y más contra Fonculebrera aparecen las formas que se le suponen a cualquier especie arbórea: la de arbolito, con pocos metros de altura. Lógicamente influye en ello la relativa mejoría del suelo. Tenemos ahí una buena colonia de esta especie y todos y todas los que realicéis la Ruta los tenéis a vuestro alcance. Podéis mirarlos, analizarlos e incluso tocarlos. 

Orocantabricos al lado del Tesu´l Retén. 26 julio 2.016.


Orocantabricos junto al Tesu´l Retén. 26 julio 2.016.

Hay algunos, al menos dos, que ya son bastante adultos, como demuestran sus robustos troncos y la buena tsande que ya producen. Pero esos gruesos troncos pronto desaparecen, sustituidos por delgadas ramas. Son un monumento a la tenacidad. Con heridas por todos los lados, los pequeños robles se regeneran y siguen luchando por mantenerse ahí, generando semillas y mejorando el suelo. Vosotros-as caminantes, podéis en persona darles las gracias, se merecen todos nuestros respetos.

Mas orocantabricos justo antes de la granda. 27 julio 2.018.


Orocantabricos antes de la granda. 27 julio 2.018.

Pero en el Tesu´l Retén también hay algún que otro albar. Se parecen algo a los orocantabricos y tal vez sean un mesto entre ambas especies. En ellos la tsande ya no cuelga, estando pegada a la rama.

También hay algún albar en el Tesu´l Retén, del lado que mira para el Ríu Munietsus. 27 julio 2.018.

 

Detalle de las hojas y de la tsande del albar del Tesu´l Retén. 27 julio 2.018.

                                                                  

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