4/27/2025

La Ruta a Las Tsagunas 33 Las talas madereras en el Ríu Las Fayonas.

 

Las dos caras del tronco del gran roble de la ladera derecha de la segunda vaguada de la Vatsina del Corno. 26 julio 2.016.

No sabemos cuando se realizaron las primeras cortas madereras en el valle del Ríu Las Fayonas. Es de suponer que las iniciales, en el último tercio del siglo XVIII, no llegaran a este lugar, tan alejado como estaba de Las Tablizas y que al no tener brañas en su interior tampoco dispondría de vías de comunicación, ni buenas ni malas. Quizás alguna sendina utilizada por los animales y los cazadores cuando se desplazaban por la zona.

La fecha más probable para el inicio de las cortas en este Ríu Las Fayonas se remontan a mediados del siglo XIX, a cargo de la empresa Crédito Mobiliario Barcelonés, aunque estas no debieron de ser muy importantes.

Debía de ser entonces una gozada todo este valle, que salvo su parte superior y algunos de sus bordes, albergaría un robledal que casi podríamos decir que era virgen. Un auténtico bosque atlántico que ya no podremos ver y sentir en sitio alguno.

Se necesitarían varias centurias para volver a ser lo que en su día fue y no sé yo si este loco mundo durará tanto.

Mayor calado tuvieron las cortas realizadas por la Bosna Asturiana, Sociedad Anónima con capital francés y gijonés (los Velasco) que compraron a los Condes de Toreno la finca de Muniellos por un millón de pesetas en 1.901.

La Bosna construyó un aserradero en Las Tablizas y una central hidroeléctrica para alimentarla, la actual carretera que une Muniellos con Ventanueva y una importante red de vías de saca por todo el Monte.

Seguramente una de esas vías se introduciría por el Ríu Las Fayonas, aunque desconozco su trazado, si bien el tramo del río hasta la llegada a las vatsinas sería el mismo que posteriormente se usó. 

Zona del Ríu Las Fayonas, que aparece erróneamente con el nombre de Río de La Candanosa, del mapa de la Bosna.

Mayor impacto aún sufrió el bosque con las cortas de Muniellos S.A. (en manos mayoritariamente de los Velasco) a partir de 1952.

Se creó un gran pabellón industrial en Las Tablizas dotado de potentes sierras, alimentadas de energía con una nueva central hidroeléctrica. Se mejoraron las pistas existentes y se abrieron otras siguiendo los márgenes de los ríos, para que por ellas circularan camiones pesados.

Seguramente la presión sobre el arbolado del Ríu Las Fayonas se viese incrementado, con diferentes cortas desde el inicio  de esta nueva etapa. Pero solo tenemos datos sobre la última realizada.

Según informes internos de la empresa Muniellos S.A. en el año forestal 1967-68 se cortaron 58 hectáreas del Tramo II del Cuartel C, con un volumen de 7.748 metros cúbicos de roble y 863 metros cúbicos de abedul. No aparece el número correspondiente a las fayas porque a pesar de que se cortaron las que había, estas debieron ser poco significativas, igual que xardones arbóreos, pláganus y otros árboles maderables.

En las cortas se utilizaron las "cortas a hecho" o cortas a matarrasa, que la empresa usó en los últimos cuatro años, hasta 1970, de su actividad.

Como podéis ver en el Plano de Ordenación del Monte Muniellos, elaborado por la empresa de cara a su explotación, este tramo abarca la totalidad del valle del Ríu Las Fayonas. 

El Ríu Las Fayonas está en el Cuartel C y abarca los Rodales a, b y c del Tramo II, al que habría que añadirle el Rodal a del Tramo I.


Valle del Ríu Las Fayonas en el mapa del ICONA.

Para acercarnos más al área expoliada podemos utilizar el trazado de las pistas existentes en esta zona, que aparecen en el mapa del ICONA de 1979. 

Detalle de la pista del Ríu Las Fayonas.

La pista de saca se internaba, pegada a su curso como el resto de pistas, por el Ríu Las Fayonas y luego ascendía, también cercana al curso de Los Tsagozos, con un par de vueltas hasta llegar al pie de donde este recibe al curso de Furmigueiros. Allí giraba y se dirigía al curso de la Vatsina del Corno. La atravesaba y ascendía pegada a él, con tres ramales a diferente altitud que se metían hasta el curso de la Vatsina´l Garabeño, donde parecen morir. 

Mapa del Ríu Las Fayonas con sus topónimos reales.

En la parte final de la pista, esta cumplía con dos funciones. Seguía siendo una pista de saca pero además también era una pista de explotación, ya que en su entorno era donde se aplicaba la matarrasa.

La pista de saca era por donde circulaban los camiones y las carrocetas, "valeiras cuando iban y cargadas de madera cuando volvían a Las Tablizas, donde las sierras darían cuenta de ella, transformándola en productos más elaboradas y de mayor valor añadido.

Las carrocetas se utilizaban en los últimos tramos de la pista, donde esta tendría un firme menos compacto, siendo inviable para los camiones pesados. Transportarían ellas las rollas directamente a Las Tablizas o las trasvasarían a los camiones en puntos a los que estos pudieran llegar.

Es lógico pensar que si en el entorno de la pista de saca hubiera buenos árboles, con mucha madera, estos también serían apeados y sacados, utilizando entonces la entresaca, cortando solo los ejemplares que merecieran la pena y que no debían de ser muchos pues hasta allí ya habían llegado otras cortas que precedieron a esta en el tiempo.

El trazado de las pistas ya se hacía entonces con maquinaria pesada, no a pico y pala como se tuvieron que hacer en el pasado. Asentando un firme por el que circularían los vehículos cargados hasta los topes. 

Para acceder al Ríu Las Fayonas no era necesario cruzar el Ríu La Candanosa ya que la pista general desde la segunda Ponte Las Gallegas transitaría por la vertiente izquierda, pegada, eso sí, a su cauce y que curiosamente no aparece reflejada en el mapa del ICONA.

Como tampoco aparece la continuación de la pista valle arriba, seguramente porque en las fotos aéreas de la época ya no se veían, tapadas por una vegetación que la cercanía del curso fluvial había hecho crecer muy rápidamente.

Sí aparecen en el mapa dos pequeñas construcciones, dos "cabanas", del otro lado del río, a las que se accedería por una buena ponte, Ya que por allí continuaría la pista general, de la que ya no quedan restos. Construidas ahí para no entorpecer el tráfico rodado al Ríu Las Fayonas y porque de ese lado había algo más de vega.

Aún se veían perfectamente en mis primeras visitas por la zona y era evidente que estaban directamente relacionadas con las cortas del 68. Estaban hechas con material de construcción y eran, podríamos decir, el último campo base de la explotación.

En ellas se guardaría la vestimenta de los operarios y toda la maquinaria de mano empleada en la corta: motosierras, hachas, palas , azadas... Así como material de repuesto y medios para solventar posibles incidencias y desgastes en la maquinaria utilizada.

Descartando que se pudiera utilizar como lugar de pernocta, ya que los operarios dormirían en Las Tablizas, que tampoco quedaba tan lejos, a algo màs de una hora de caminata y que en muchas ocasiones serían transportados en los vehículos en los que se sacaba la madera. Sobre todo en la ida cuando estos iban vacíos y había espacio más que suficiente para hacerlo. Tened en cuenta que los vehículos dormirían siempre en Las Tablizas, el auténtico centro de operaciones de todo el Monte.

Para apear, podar y trocear las rollas de los árboles se utilizarían modernas motosierras, de largas espadas. 

Y para sacarlas de la espesura, acercarlas a las pistas y cargarlas en las carrocetas o camiones, había una gigantesca "oruga", capaz de transitar por lugares inverosímiles, que llenaba de asombro a los mozos de los pueblos cercanos a Munietsus (mayoritariamente de Mual y de la redondada de Rengos, pero también de pueblos de Ibias, como Alguerdo), que trabajaban como peones en las cortas.

Estos lugareños que también trabajaban en la serrería de Las Tablizas, como Sabino mi padre, regresaban todos los días a dormir en sus pueblos, teniendo que recorrer a pata o en bicicleta los menos, tanto en la ida como en la vuelta, largas distancias.

Con medios tan poderosos, las 58 hectáreas taladas a matarrasa se realizaron en solo un año forestal. Y pudieron ser muchas más, pero en 1968 la Brigada del Patrimonio Forestal de Asturias interrumpió las "labores de aprovechamiento", por haber excedido el volumen permitido.

Patrimonio concedía un máximo de 4.000 metros cúbicos de madera para cada año forestal y ya llevaban aprovechado algo más del doble de esa cantidad.

Esta práctica, la de cortar más de lo permitido, era algo que venía siendo habitual y la empresa siempre se había salido con la suya. Los contactos en altos niveles de la Administración por parte de los propietarios y accionistas de la empresa les habían ido guardando las espaldas.

Pero ahora el fin de la empresa era la "crónica de una muerte anunciada" y ya sabéis que los pudientes nunca se alían con el perdedor y más cuando la propia Administración tenía intereses en el Monte.

Para conocer más en detalle esa zona talada, podemos recurrir al Mapa de Vegetación de Muniellos, elaborado por dos botánicos que realizaron un profundo estudio de toda la Reserva (incluyendo Valdebóis y La Vilietsa), que se acabó publicando y que cualquier amante de estas cuestiones debería conocer. 

Mapa y libro de La Reserva Integral de Muniellos. Flora y Vegetación. Jose Antonio Fernández Prieto y Alvaro Bueno Sánchez. 1996.

Estando yo de Guía-Monitor, supe de sus andanzas por el Monte pero nunca llegue a conocerlos ni a entablar contacto con ellos. El libro con un mapa como anexo se acabó editando en 1996, enterándome yo de su existencia cuando volví como Guía en el año 2.000.

Libro y Mapa son de momento la voz más autorizada que desde el punto de vista botánico existe sobre la Reserva, siendo muy ameno y aleccionador su lectura, pues para ir a las particularidades siempre explican el contexto general. Todo ello con un lenguaje al alcance no solo de los eruditos si no de cualquiera con dos dedos de frente. Algo digno de agradecer por quienes somos simples aficionados

Uno de los botánicos era hijo del eminente filósofo asturiano (nacido en La Rioja) Gustavo Bueno, que por este motivo se prestó a elaborar un prólogo para el libro. Prólogo que como es lógico aparece al principio y que no tiene desperdicio alguno.

Debéis leerlo detenidamente para no perderos y constituye una profunda reflexión sobre el ser humano y sobre la naturaleza y como esta última es percibida por el primero. Muy recomendable.

Pues bien, los botánicos cartografiaron, entre otras muchas cosas, las cuatro zonas donde se aplicó la matarrasa. Y las descubrieron por el tipo de vegetación que presentaban, los llamados avellanares mesofíticos secundarios donde el avellano es dominante.

Hay otros arbustos: xardones, capudres.. y hasta algún arbolito como robles, bedules, fayas...Pero lo que más abundan son los avellanos. Pero ¿por qué? 

En el centro avellanar mesofítico secundario del anterior mapa de los botánicos.

Veréis, dentro de la dinámica forestal los avellanares fueron una etapa transitoria dentro de la colonización que tuvo lugar tras el fin de la glaciación Wurmiense.

En Munietsus tras una etapa dominada por el bedul, los avellanares conocieron una fuerte expansión, asentándose en zonas húmedas de media y baja ladera. Luego vino el tiempo del robledal, que redujo su presencia pero sin eliminarlos del todo.

Además en esas altitudes se desarrollaron muy bien en los peores suelos, sobre todo en los canchales húmedos, como ya lo habían hecho en los inicios de su expansión.

Las talas a matarrasa lo fueron para robles, fayas y bedules, pero no para los avellanos por la sencilla razón de que no eran maderables. No se cortaban porque no producían madera, solo se hizo sobre aquellos que obstruían el paso de la pista o de la oruga.

Los árboles talados, robles en su mayoría, no rebrotaron. Puede que alguno lo hiciera pero en casos muy aislados. En esas condiciones, como ya hiciera en el pasado, los avellanares volvieron a expandirse y a dominar en esas áreas. Y en esa fase de prevalencia se encontraban cuando los botánicos visitaron la zona, a finales de los ochenta del siglo pasado.

Pero los avellanares mesofíticos secundarios no han dejado de evolucionar desde entonces y poco a poco van cediendo su lugar, una vez más, a los robles, aunque al proceso aún le queda un buen trecho para completarse.

Existen además en esas zonas medias y bajas del Ríu Las Fayonas numerosos clarines donde ni siquiera hay avellanos. Habrá que darles el tiempo necesario a los jóvenes robles del entorno para que lleguen a su fase de madurez y a los suelos para que sean capaces de acoger sus frutos y hacerlos germinar, algo que sin duda está a punto de ocurrir.

En estas áreas el bosque se recupera a pasos agigantados. Recuerdo en mis primeras excursiones por la zona como desde la senda se veían perfectamente los restos de las pistas, al menos las de los tramos superiores, por donde todavía se podía andar sin muchos problemas. El matorral existente, que por lo visto debían ser avellanos, aún no había conseguido taparlas, viendo como surgían por aquí y por allá algún que otro arbolillo.

Hoy ni los árboles del entorno de la senda ni los que se han instalado sobre las pistas y la zona talada nos permiten ver huella alguna, aunque conjuguemos diferentes perspectivas.

El bosque que siempre cubrió estas zonas está volviendo por sus fueros, solo necesita que lo sigamos dejando en paz. Pero seguimos con la duda de la causa de los clarines que hay en el entorno de la senda de la Ruta.

He trazado sobre el mapa del ICONA de 1979 el recorrido real de esta senda, ya que el que viene en él no se ajusta a la realidad. 

Trazado de la senda de la Ruta durante el tramo del Ríu Las Fayonas.

Si os fijáis en él veréis que la distancia entre las pistas superiores y los clarines en torno a la senda no es excesiva o al menos no lo suficiente como para evitar un aprovechamiento del arbolado allí existente. 

Detalle del trazado de la pista y de la senda.

Con la gigantesca oruga que podía desplazarse monte a través y aprovechando la pendiente existente no sería complicado acercar a la pista lo que allí se talara.

Lo realmente costoso había sido construir la pista. ¿Por qué desaprovechar la arboleda cercana?. De no ser porque la Brigada ordenó la paralización de la corta, creo que incluso pasarían a la Vatsina Las Fayonas.

Además solo se talarían los robles que merecieran la pena, los que dieran buena madera, aplicando lo que nosotros llamamos "entresacas en grupo", que habrían provocado la existencia de los actuales claros.

Claro que esos claros, valga la redundancia, también se pudieron producir por entresacas anteriores en el tiempo a las cortas del 68.

Pero al mismo tiempo los claros están también muy cerca de las camperas que había por encima de la actual senda y bien podían ser zonas adehesadas como complemento de los pastos de la Braña Furmigueiros.

O sea que seguimos con la duda y el que no veamos tocones o sus restos (si los hubiera significaría que las cortas fueran recientes, del 68 o poco antes) no nos sirve de ayuda ya que lo que se abarca visualmente desde la senda no es mucho y puede que si los haya. 

Un lugar con encanto. Teso entre la Vatsina del Corno y Furmigueiros. 27 julio 2.018.


4/15/2025

La Ruta a Las Tsagunas 32 El pastoreo en el Ríu Las Fayonas.

 

Bosque mixto joven en Furmigueiros, progresando excelentemente. 27 julio 2.018.

Decíamos que los tres rivales, por no decir enemigos, de nuestro Ríu Las Fayonas habían sido el pastoreo, las talas y los incendios. Quizás sea el primero, el pastoreo, el que menos impacto ejerció sobre el bosque originario y más teniendo en cuenta que de algo tenían que vivir quienes nos precedieron ya que la ganadería era imprescindible, un sustento sin el cual nuestros abuelos no hubieran podido salir adelante.

Que yo sepa dentro de este valle nunca existió una braña, o una veiga como a veces la llamaban los nuestros. Las tres existentes estaban no en el interior si no en los bordes.

La Braña de Furmigueiros ( Furnigueiros, como la llamaban sus propietarios) estaba arriba, en el cordal de la sierra, aprovechando la collada que allí existía, a 1.422 m. de altitud. El punto más bajo de este tramo de la sierra donde el Pico Los Tsagozos llega a los 1.530 m. (por debajo de los 1.570 m. del Pico del Sestón) y el Pico´l Counio a los 1.595 m.

En el rellano de El  Excabón de Bisulaz estaba El Pradón de Bisulaz del Teso de Sestu Rapáu, sobre los 1.360 m. de altitud. En el deslinde de 1.927 entre el Monte Oubacho y el Monte Munietsus se decía que se colocó un mojón de piedra a 53 metros de distancia, por debajo, de las rocas naturales de la Braña, a una altitud de 1.423 m. Pero esa medición resultó errónea, quizás debido a la maquinaria utilizada o a intereses de los Señores Condes.

Por su parte La Veiga Los Tsagozos se situaba en torno a los 1.450 m.de altitud, en un rellano del Cotarrón de La Candanosa con penetración hacia Los Tsagozos, de ahí el nombre. Era una pequeña veiga, tan pequeña que creo que no tenía cabana de piedra alguna, tal vez una de materiales más perecederos. 

Partes altas de Los Tsagozos, un mundo dominado por las grandas de origen ganadero. 27 julio 2.018.

 Ya hemos dicho que las actuales grandas que hay algo por encima de la senda son los restos evolucionados de las zonas de pasto utilizadas por el ganáu que pernoctaba en estas brañas. Zonas robadas al bosque que con muchos esfuerzos fueron transformándose en camperas y que posteriormente con su menor uso y la aparición de los recurrentes incendios han ido transformándose en grandas.

Quiero con ello decir, que la desaparición del robledal en lo alto de la sierra y esas progresiones desarboladas dentro del Ríu Las Fayonas hay que achacárselo mayoritariamente no a las talas si no a la actividad ganadera. Y eso es algo que nadie puede discutir. Pero esa superficie alterada es una pequeña parte de este gran valle.

Como podréis comprobar vosotros mismos cuando hagáis la Ruta, las vatsinas del Ríu Las Fayonas son muy pindias y muy estrechas y a pesar de estar en el solano del Monte, este no es un solano pleno como ya he dicho en otra parte.

Volveré a explicarlo: El valle del Ríu Las Fayonas es como un abanico desplegado. Todas sus vatsinas acaban confluyendo en un punto: el Ríu Las Fayonas, siguiendo por ese único curso hasta desembocar en el Ríu La Candanosa. 

Desde Entramburríus de La Candanosa, su desembocadura, nadie se puede imaginar como luego el valle se va ensanchando, como en realidad lo hace, ya que hasta la confluencia de las vatsinas el Ríu Las Fayonas es bastante estrecho. Estrecho y muy arisco ya que La Pena Candanosa del Cotarrón de La Candanosa y el roquedo de debajo de la Granda de Sestu Rapáu lo bordean desde ambos lados.

Ese ensanchamiento provocó la existencia de diferentes ambientes. Salvo el entorno serrano de la parte superior, que sí es un solano pleno, en el resto de las vatsinas hay mucha humedad o al menos bastante más de la que suele haber en laderas con orientación al Sur.

En esas zonas había un inmenso e imponente robledal, heredero directo del originario bosque de Munietsus, muy poco alterado por actividades antrópicas. 

Excelente bosque contra el Teso de Sestu Rapáu. 27 julio 2.018.

Lo escabroso, rocoso y pelado del tramo del Ríu Las Fayonas y la existencia de un frondoso bosque en el inicio y partes medias de las vatsinas, inhibió un aprovechamiento ganadero procedente del valle central de Munietsus.

Ni papudos ni gentes de la vega de Rengos mostraron interés por él, dadas sus condiciones físicas y medioambientales y esa es , en mi opinión, la razón por la que no había brañas dentro del valle del Ríu Las Fayonas. Había en el gran Monte zonas más aptas para su instalación.

Pero el entorno serrano y la progresión hacia abajo por los dos tesos que delimitan este valle, justo hasta donde se vuelven rocosos, son otro cantar y además les quedaban muy a mano a los dos pueblos más cercanos a ellos: Oubachu y Valdebóis, que fueron quienes instalaron las brañas de los bordes que hemos mencionado.

Seguro que el ganáu de estas brañas deambularía por todo su interior, ramoneando y mordisqueando el poco pasto existente.

El ganáu no suele estarse quieto y aunque frecuentaran más a menudo las camperas de la parte superior, no le harían ascos a desplazarse esporádicamente por su interior. si lo hacían en otros lugares no tenía por que ser este una excepción.

En Munietsus en zonas frecuentadas por el ganáu los campesinos utilizaban dos técnicas para su aprovechamiento.

Una ya la hemos mencionado: la creación de camperas artificiales. Algo que sin duda les ocasionaría grandes esfuerzos.

Primero, ayudados por el hacha y el fuego, tenían que desarbolar toda la superficie posible. Luego quemar todos los restos, que servirían para abonar el suelo, y cavar, aunque fuera mínimamente esos suelos y finalmente esparcir a voleo la argana, que eran las semillas de la yerba obtenida en los parreiros del pueblo donde esta se almacenaba.

Algo casi tan laborioso como cavar borrones para semar centeno, pues aquí el arbolado estaría más desarrollado que en los pascones comunales donde se hacía este proceso. Pero facilitado por una característica natural.

A partir de una determinada altitud, variable según las zonas, el arbolado no crece con el mismo vigor que en zonas más bajas. Las condiciones medioambientales hacen acto de presencia.

Los suelos no son tan gordos ni con tantos nutrientes ya que la erosión hídrica y eólica los arrastra hasta altitudes menores. Las temperaturas son más extremas, tanto las frías como las cálidas...Los árboles sufren esas condiciones y a partir de una determinada altitud desaparecen.

Ninguna altitud serrana de Munietsus llega a ese extremo, el de la desaparición del arbolado, pero sí que influye en su crecimiento, haciendo más fáciles las labores necesarias para su extirpación. 

Por contra la yerba sí que se adapta perfectamente a esas condiciones ya que cuando el arbolado desaparece es ella, en compañía de los subarbustos, la que lo sustituye de forma natural.

Luego al salir la yerba, libre de competidores, sería el propio ganáu el encargado de su mantenimiento, pues tras ser pastado volvería a rebrotar y si algún árbol o subarbusto rebrotaba o nacía o lo ramoneaba el ganáu o lo arrancaba el pastor.

Esto es lo que hicieron en las actuales grandas, entre las que destaca la situada en la ladera Izquierda y el teso contra la Vatsina´l Garabeño de la Vatsina del Corno. Es el cerro más ancho y alomado de todo este valle y como ya dijimos la zona que mejores suelos tiene, aunque había muchos claros más. 

Partes medias de las vatsinas del Ríu Las Fayonas. La Candanosa, Vatsina´l Garabeño y Vatsina del Corno. 27 julio 2.018.

La segunda técnica consistía en adehesar una parte del bosque en las zonas más cercanas a las camperas de las brañas. Lógicamente esta práctica se hacía cuando la braña estaba enclavada en zona boscosa. Las situadas a mayor altitud no lo necesitaban porque el arbolado ya había sido eliminado en su totalidad.

En este caso no se cortaban todos los árboles. Se dejaba entre ellos el suficiente espacio como para que creciese jugoso pasto, tras acondicionar el terreno y esparcir argana.

Puede que en esta técnica influyese la nebulosa en torno a la propiedad de Munietsus. Los campesinos de la zona usaban este Monte. Algunos pagando un pírrico arriendo y otros sin coste alguno.

Todos creían que el Monte era suyo o al menos que lo había sido en el pasado. Y como dice aquel refrán de que "el hábito hace al monje", ellos creían que al usarlo el Monte también era suyo y que podrían seguir usándolo siempre.

Pero al mismo tiempo también habían visto la otra cara de la moneda. Algunos pueblos habían pleiteado con los Señores Condes sobre la propiedad de diversos montes o sobre la necesidad que tenían de pagar un arriendo por algo que era suyo. Pero la justicia siempre acababa dando la razón al poderoso, a pesar de que este nunca presentó documento alguno que lo justificara.

Algunos Montes fueron devueltos a los pueblos, pero esto nunca ocurrió en la finca de Munietsus. 

Furmigueiros y Los Tsagozos con un bosque en plena recuperación. 27 julio 2.018.

No se si conocéis una leyenda, por llamarla de alguna manera, que circulaba y era conocida por todos los campesinos de la redondada de Muniellos sobre como habían sido engañados por el Conde en lo referente a la propiedad de la tierra del Monte. Trataré de resumírosla.

El "Señor Conde", acompañado de un notario, varios operarios y un carro con sacos vacíos, vino y viandas, fue visitando uno por uno todos los pueblos que utilizaban una parte de Munietsus. Con los vecinos de cada pueblo se dirigía a las cercanías de esa parte del Monte y mandaba traer de él unos sacos de tierra, que se colocaban sobre el carro.

El Conde se ponía de pie sobre los sacos diciendo: "Vecinos de...(el pueblo que fuera),juráis que esta tierra es mía". Los vecinos creyendo que se refería a la tierra de los sacos contestaban "sí, lo juramos", Qué importancia tenían nueve o diez sacos de tierra

Mientras, el notario anotaba: "los vecinos de...reconocen que la tierra de...(el lugar de donde se había cogido la tierra) es del Señor Conde". Luego en ese mismo escrito los vecinos estampaban su firma. Tras lo cual el Conde invitaba a un convite a los reunidos. 

Por supuesto que la leyenda tiene muchas variantes y es más larga pero en esencia es así. Y de esta burda forma fue como el Conde se fue haciendo con todas las partes del Monte, o al menos eso decían sus antiguos propietarios.

La situación de "no" pero "sí" sobre la propiedad de Munietsus se mantuvo durante mucho tiempo. Entonces el Monte solo podía servir como zona de pastos, aparte de la caza y de la utilización de madera para necesidades particulares. 

Los montes de Muniellos ya eran utilizados por las comunidades colindantes antes de que los Condes se los robaran. Así que los Condes permitieron que los siguieran usando, reservándose, eso sí, la propiedad del terreno. De aquella su palabra bastaba para demostrar que el Monte era de su propiedad. 

Exuberante bosque mixto de Furmigueiros, al fondo La Candanosa. 27 julio 2.018.

Las cosas cambiaron cuando los Condes descubrieron que podían obtener cuantiosas rentas vendiendo la madera del bosque. Además ellos no realizarían directamente la explotación. No necesitaban poner un "chavo" para iniciarla, ni arriesgar un capital en un negocio que bien podía acabar siendo un fiasco.

Vendían, durante un tiempo determinado de años, el vuelo (o sea los árboles) de una determinada parte del Monte o de este en su totalidad (incluyendo montes en los que los Condes tenían participaciones pero que no eran suyos en su totalidad) y otras posibles utilizaciones del suelo de esa zona.

Los "Señores Condes" no arriesgaban nada. Los costes de los caminos, de los habitáculos que se construyeron en Las Tablizas para alojar a operarios y directivos relacionados con la explotación, los costes del personal y de los medios empleados. Todo, absolutamente todo, correría a cargo del comprador y al finalizar el contrato todos los bienes que quedasen dentro del Monte pasarían a ser propiedad de ellos (creo que las casas tenían que indemnizarlas por su valor).

La nueva orientación del Monte hizo revalorizarse el valor del arbolado y del propio Monte, pasando a segundo plano el uso que tradicionalmente tuvo.

Fue entonces cuando quedó a las claras quien era el propietario de Munietsus. Si en una zona concreta del Monte confluían la existencia de una braña con una zona vendida para ser talada o entresacada, imagino que ya sabréis quien acabaría ganando.

De nada sirvió el Derecho Consuetudinario de uso que tendrían quienes llevaban la braña. Los propietarios del terreno, a nivel legal, eran los Señores Condes de Toreno, que habrían escriturado la finca a su nombre, aunque, lo repetimos otra vez, sin aportar la documentación necesaria. Entonces su palabra bastaba. y esa propiedad pasaría posteriormente a los empresarios que les compraron el Monte. 

Furmigueiros ya llega con su arbolado a la sierra. La Vatsina del Corno aún tiene muchas grandas. 27 julio 2.018.

Y así fue como acabaron desapareciendo las brañas de las veigas bajas en todo Munietsus, ante el avance inexorable de las talas, que más tarde se extendió a las partes altas, si bien estas no fueron taladas en su totalidad ya que algunas no tenían arbolado o este era insignificante.

Pero a lo que iba es que durante la larga etapa de indefinición entre el uso y la propiedad del Monte, los usuarios de este se abstendrían de usarlo como si fuera de su plena propiedad. No se si me explico: los usuarios usaban el Monte pastoreándolo, pero no se atrevían a transformarlo como ellos hubieran querido ante la duda sobre su propiedad.

Si Munietsus fuera de su propiedad y ellos fueran plenamente conscientes de ello, seguramente el Monte estaría más desarbolado. Menos bosque y más terrenos con camperas.

También la lejanía del Monte respecto a los pueblos y lo accidentado de su geografía han influido en la preservación del bosque. Pero esos terrenos adehesados tienen más que ver con esto que os comento. No se atrevían a desarbolarlo, de ahí que lo adehesaran.

Este paisaje adehesado sería una característica propia del Monte Munietsus durante su larga etapa ganadera y algo que lo diferenciaría del resto de montes, mucho más desarbolados.

Su existencia aún se puede rastrear en algunas zonas de altitudes medianas, pero en la mayoría de los casos son imposibles de diferenciar de lugares donde se practicó la entresaca, sobre todo de la entresaca en grupos, ya que ambas han dejado un paisaje similar. 

En el avesíu del Cotarrón de La Candanosa, por encima de la senda, parece que hay instaladas algunas fayas. 27 julio 2.018.

Al no haber brañas dentro del Ríu Las Fayonas, tampoco habría esos espacios adehesados. Pero en el entorno de la senda abundan pequeños claros entre el arbolado. Eso es algo que cualquiera puede ver, pues salta a la vista.

Pero, ¿cuál es su origen?. ¿Son derivados de entresacas en grupo o lo son de lugares adehesados para que hubiera más pasto?.

Para intentar responder tendremos que ver lo relacionado con las cortas madereras que hubo en este valle. Lo haremos en el siguiente capítulo para tener una visión más global. 


3/31/2025

La Ruta a Las Tsagunas 31 La Vatsina del Corno

Un lugar encantador en el teso entre la Vatsina del Corno y Furmigueiros. Foto Ástor 29 julio 2.017.

 Tras la Vatsina´l Garabeño llegamos a la Vatsina del Corno (Cuerno), que está compuesta por dos vaguadas que se juntan un poco por debajo de la senda por la que andamos.

La primera vaguada, en su ladera izquierda y en el entorno de la senda, presenta un bosque joven, con zonas bastante densas donde los albares van sustituyendo a los orocantabricos, presagiando un buen robledal. 

Ladera izquierda primera vatsina del Corno. 26 julio 2.016.

También hay robles medianos, aunque aún se ven las huellas del dichoso incendio, con delgados fustes quemados y troncos afectados en los de mayor tamaño. Solo los más jóvenes parecen estar totalmente sanos. Entre estos grupetes sigue habiendo bastantes claros, con muchas folgueras y ganzos en pleno proceso de expansión.

Robles medianos en torno a la estrecha senda. 26 julio 2.016.

 

Robles afectados por el incendio y claros. 26 julio 2.016.

Desde aquí no se ve pero un poco por encima ya está la granda. Se ve como el arbolado va menguando pero el ganzal propiamente dicho no.

La ladera derecha de esta primera vatsina es muy corta y en pocos pasos estamos en el tesín con la segunda vaguada. En él aprovechando algunos claros entre la buena arboleda se ven trozos de lo que queda por recorrer del Ríu Las Fayonas: la segunda vaguada del Corno, la vatsina Furmigueiros y Los Tsagozos, recortada por el Cotarrón de La Candanosa. 

Vistas desde el tesín del interior del Corno. 26 julio 2.016. 


Ampliación de las vistas de lo que queda del Ríu Las Fayonas. 1-Segunda vaguada del Corno. 2-Furmigueiros. 3-Los Tsagozos. 4-Cotarrón de la Candanosa. 26 julio 2.016.

Si aguzáis la vista podréis ver la senda llegando al teso entre Furmigueiros y Los Tsagozos. Se nota bien porque ahí hay una granda (un poco por encima de donde nace la línea roja 2 de la foto anterior).

La ladera izquierda de la segunda vatsina es también corta y desde el tesín podemos ver en su ladera derecha como se alza y destaca una faya a la que pronto llegaremos. 

Supongo que todos veréis la faya que se alza al fondo. 26 julio 2.016.

Lo cierto es que que en esta segunda vaguada el robledal es precioso, con ejemplares de todos los tamaños, aunque no los hay tan ancianos como en otras partes. El estrato subarbustivo aún es potente pero seguro que cuando vosotros-as los veáis ya se habrá clareado bastante. 

Precioso el robledal de la segunda vaguada del Corno. 26 julio 2.016.

Pronto llegamos al curso de esta vaguada, mucho más marcado que el de la primera pero que en verano va igualmente seco. 

Vatsina del Corno. Curso de la segunda vaguada del Corno. 26 julio 2.016.

El arbolado aún mejora en la ladera derecha. Destaca un roblón pegado a la senda, del lado de abajo. Un gran quercus petraea que seguramente ya haya pasado la centena de años de edad.

Sobresale el gran albar sobre el resto del arbolado. 28 julio 2.016.

A simple vista parece que su tronco está en perfecto estado. Lo mismo que su gran copa, más grande de lo normal en un bosque maduro, ya que al tronco le salen ramas laterales desde muy abajo. Su corpulencia le permite sobresalir sobre el resto, no teniendo problemas a la hora de captar la necesaria radiación solar 

Roble de la Vatsina del Corno (segunda vaguada, ladera derecha). 4 noviembre 2.000.

En su añoso tronco se pueden apreciar las dos caras que suelen presentar los grandes árboles en función de su orientación. La cara que mira más hacia el Sur, la que más iluminación recibe, es más clara que la otra. Dándole esa albura los pequeños líquenes que han colonizado su rugosa y estriada corteza. Cuando el sol se cuela por entre las ramas y le da de lleno parece refulgir, iluminando todo su entorno 

Las dos caras del tronco y una oquedad en la base, al nivel del suelo. 26 julio 2.016.

Por contra la cara que mira más hacia el Norte es bastante oscura. En ella la sombra es más persistente y la humedad más abundante. Justo lo que necesita el mofo (musgo) para colonizar su corteza.

La corteza esta formada por tejido muerto, con una alta concentración de tanino, que inhibe la degradación microbiana, actuando como una barrera que protege el interior del árbol. De ahí que sea tan importante que la corteza siga estando envolviéndolo.

Sobre ese tejido muerto se pueden instalar líquenes y mofo, que viven a sus expensas pero que en principio no suponen ningún problema para que la corteza siga cumpliendo con sus funciones. Que nadie se preocupe al ver troncos, como el de este roble, cubiertos de mofo y líquenes. Si acariciáis esa piel rugosa, aparte de la corteza, también acariciaréis a esos otros seres vivos. Que no os perturbe hacerlo, son inofensivos y a ellos no les molestará que lo hagáis.

Algunos árboles son capaces de reparar por si mismos daños físicos graves en su corteza cuando esta aún está viva, produciendo una especie de soldadura en la zona afectada. Pero el roble a pesar de que lo intenta no es capaz de completarlo y por esa zona descortezada es por donde empiezan los problemas: entrada de patógenos y desarrollo de la degradación.

En la base misma del tronco de este roble parece haber uno de esos puntos débiles y parece haber otro a media altura, debido a la posible rotura de una gran rama  lateral, ya que el tronco adelgaza de golpe en ese punto 

En el tronco de la gran copa hay un estrechamiento sospechoso. 26 julio 2.016.

No lo vemos pero es más que probable que el interior del tronco entre esos dos puntos esté podrido o hueco y que el árbol, pese a su aparente buen aspecto, tenga los días contados. Es algo que no ocurre de un día para otro, excepto en el caso de una rotura del tronco facilitada por esa debilidad, lleva su tiempo.

En el año 2.000 el roble ya llamaba la atención por su corpulencia y se le notaban menos esas deficiencias. Claro que entonces yo no me fijaba tanto en esos detalles y si los veía prefería observar otras partes más pujantes. En mis últimas visitas el roble sigue allí, parecido al de entonces, aunque del lado que mira para la senda la herida en la base ya es más visible.

A pesar de ello el roble sigue siendo pujante y hermoso, sin signos de decrepitud y supongo que si vosotros-as, si no tardáis mucho en acercaros a él , lo encontréis en buen estado.

Tras el gran roble llegamos a los pies de la faya que antes veíamos desde lejos. ¿Una faya en medio de un robledal de solano?, puede que a alguno-a le parezca raro, pero no lo es tanto. 

Tras el gran roble ya se ve la esbelta faya. 26 julio 2.016.

El roble albar y la faya necesitan un gran aporte de humedad durante todo el año, para ser competitivos y asentarse en un lugar concreto. Necesitan cierta altitud, donde las precipitaciones sean más abundantes y la presencia de nieblas los empape durante la época en que se reducen aquellas. La selección natural es la que dicta las leyes y son los robles albares y las fayas, amén de los bedules, los mejor dotados para vivir en sitios como Munietsus.

Ciertamente las fayas necesitan algo más de humedad y esta es la razón por la que en Munietsus predominen más los albares. Pero el solano del Ríu Las Fayonas (solano es por que este ocupa todas las laderas del Ríu Las Fayonas y el Ríu Munietsus, con una orientación más sureña) no lo es tanto. Este valle constituye una gran depresión, surcada por vatsinas estrechas bastante pendientes. Es como un gran embudo cuyo pitorro de salida sería el tramo del Ríu Las Fayonas.

En su interior, en muchas partes, el sol incide algo ladeado y es en esas zonas donde la humedad aumenta donde se han instalado las fayas. Ya lo veíamos en la Vatsina Las Fayonas, la zona de Bisulaz y partes del Teso de Sestu Rapáu y se repiten por las vatsinas que ahora vamos recorriendo.

El robledal no pierde su condición de tal ni tiene ningún problema a la hora de albergar alguna que otra faya ya que a fin de cuentas su presencia es algo típico dentro de su interior.

Aquí mas que grupos, las fayas aparecen sueltas y dispersas entre si, como la que tenemos ahora por encima de la senda. 

Faya de la Vatsina del Corno. 26 julio 2.016

Es una faya adulta que seguramente sea el rebrote de una gran faya talada ya que parece tener dos guías desde su base.

Una de las guías parece tener problemas en su tronco, a unos cuatro o cinco metros del suelo, donde algunas ramas laterales ya se le han secado, quizás debido a la rotura del tronco aunque por encima la copa se ha rehecho, siendo, eso sí, más baja de lo normal.

Las fayas tienen mayor capacidad para soldar sus heridas que los albares. Cuando paséis a su lado echadle un vistazo, espero que alguien me diga como le va a ese ramal, ya que el otro parece estar perfectamente.

Al ser de rebrote la faya hace ya muchísimos años que produce fayucos, sus semillas. Seguro que cuando se alzaba unos pocos metros del suelo ya se engalanaba con ellos. Pero no se ven otras fayas cercanas, lo que se ven son robles, algunos de buenas dimensiones y otros caídos. ¡Buen abono para estos débiles suelos!.

Decían los del ICONA, en base a los censos que poseían de las diferentes especies de árboles, que las fayas continuaban con la expansión iniciada hace unos pocos milenios, y seguramente tenían razón. Pero aquí en Munietsus el roble albar es el que lleva la voz cantante y dudo que la faya, pese al aumento de sus efectivos, sea capaz de desplazarlo.

El albar es más flexible, puede colonizar zonas muy húmedas, casi tanto como la faya y luego tiene la capacidad de hacer lo mismo en solanos, donde la sequedad hace que la faya lo tenga más complicado.

Sea como la naturaleza quiera que sea, la faya nunca desentona. Para mí está al mismo nivel que los robles en lo que a gustos personales se refiere. Tanto monta, monta tanto.

Tras la faya en nada llegamos a uno de mis lugares preferidos de toda la Ruta. Es un lugar pequeño, con poca historia, que solía degustar cuando andaba en solitario.

La senda, casi en llano aunque con una ligera inclinación hacia arriba, apenas perceptible, se acerca al teso que deslinda esta Vatsina´l Corno de Furmigueiros. Para acceder al teso, experimenta de súbito una fuerte subida. Vemos la atrayente figura del deslinde, un poderoso imán que tira y tira de nosotros. 

Deliciosa subidina al teso Corno-Furmigueiros. 26 julio 2.016.

Es la llamada del bosque, ardemos en el deseo de llegar a él y ver que hay a continuación. Aunque no tuviera la intención de continuar me resultaría imposible no hacerlo. Nada podría hacerme cambiar de idea. Eso es lo que me ocurría cuando deambulaba solo por Munietsus. Su agreste fisonomía provoca continuos cambios y el acercarme a verlos y conocerlos es lo que hacía que me internara más y más en él.

Daba igual que lloviera o que hiciera sol. Que el día fuera gélido y gris o luminoso y caluroso. El bosque me llamaba y yo era incapaz de negarme a ese hechizo. Claro que esas sensaciones solo las puedes percibir cuando andas solo. Yendo con gente esa conexión con el bosque se pierde. Por eso me gustaba ir solo. Entonces nada se interponía entre él y yo.

El cerro es muy marcado y muy estrecho por donde va la senda. Se le veía un minùsculo tesín y la senda se dirigía a él para salvarlo por debajo. De pronto la senda giraba bruscamente a la derecha, bordeando el tesín y yendo a parar a la pequeña colladina que lo aislaba del resto del cordal.

Un escalón, conformado por el tronco de un roble vivo que allí crecía de forma horizontal, servia para llegar a la colladina y ver lo que había a continuación. 

Escalón aprovechando la inclinación de este roble para salir a la colladina del teso Corno-Furmigueiros. 27 julio 2.018.

En mis primeras visitas había un atajo que conectaba en recto la senda con la colladina, sin vuelta alguna, sumamente pendiente. Pero la verdad es que era poco lo que se atajaba así que dejó de usarse y de limpiarse y en mis últimas visitas ya ni se notaba.

El pequeño tesín estaba conformado por unas grandes, sueltas y ladeadas rocas, rodeadas de robles. Si disponía de tiempo y estaba solo la tentación era tan grande que cedía a ella y me engaramaba sobre ellas buscando acomodo para sentarme, observar algo más y sobre todo para sentir, notando como el corazón me latía con fuerza por el esfuerzo realizado, ya que subía la cuesta a toda pastilla 

Pequeño tesín rocoso pegado a la senda por su lado de abajo. 27 julio 2.018.

Estaba un buen rato allí, en completo silencio. No lo hacía para descansar, entonces podía estar todo el día andando y no necesitaba parada alguna. Lo hacía para oír el bosque, olerlo como hace l´osu cuando lo husmea, tocarlo rozando las yemas de mis dedos con la fría cuarcita o las cercanas ramas de los robles, notando la tenue pelusilla de los albares o las más coriáceas hojas de los orocantabricos. Mirando por entre el ramaje y las hojas quizás esperando ver algún ser vivo que se moviera...

Sentir el bosque es sumamente reconfortante, nada que ver con los placeres efímeros que nos vende la despreciable sociedad de consumo en la que vivimos. Placeres artificiales que se esfuman tras ser usados, sin dejarnos nada más. Sentir con todos los sentidos activados es algo que te hace sentir muy vivo y en contacto con la madre tierra y esto en los tiempos que corren y que nos ha tocado vivir es algo que no tiene precio. 

Sentir que sientes es un poderoso "chute" natural que te llena de energía y que te permite seguir tirando palante, aguantando los sinsabores que esta vida te va deparando. Una vía de escape cuando lo que te rodea es tan mezquino y tan triste, tan sin sentido. Y está ahí, a nuestro  alcance, sin coste alguno, esperando a que encontremos el camino que nos lleve a ello.

La plenitud es algo quizás inalcanzable para el ser humano, pero momentos como este son, sin duda, los que más se acercan a ello..

Quizás por todo ello es por lo que me gustaba tanto aquel pequeño lugar, que para otros será un sitio como cualquier otro.

Para un amante de los árboles, como es mi caso, es ciertamente decepcionante saber que el caso concreto del gran roble que veíamos antes de la faya es aplicable a un gran número de robles adultos de Munietsus. Casi todos los grandes albares que se pueden ver a lo largo de la Ruta padecen esos defectos.  

Las talas y los incendios son los causantes del desaguisado. Solo llevamos algo más de 50 años libres del hacha y las sierras, que se llevaron por delante los más bellos ejemplares, durante unas explotaciones que duraron unos 200 años.

Y ¿qué decir de los incendios que ha padecido nuestro bosque desde hace tantos y tantos siglos?, abatiéndose sobre ellos cuando comenzaban a regenerarse, hiriéndolos de por vida cuando iniciaban un futuro más prometedor o borrándolos del mapa.

Demasiados años de expolio y fuego devorador como para pretender que Muniellos sea el ejemplo de un originario bosque atlántico. Para llegar a ese punto el bosque necesita mucho más tiempo y ni nosotros ni nuestros hijos llegaremos a verlo. Pero como decía el cantor "habrá que forjarlo para que pueda ser", defendiendo lo que queda de nuestros bosques contra viento y marea.

Viene a cuento esto que os comento porque en el Ríu Las Fayonas, como en el resto de nuestro Monte, se dieron cita los tres rivales del bosque por aquel entonces: el pastoreo ganadero, los incendios y la explotación maderera.  

3/15/2025

La Ruta a Las Tsagunas 30. El tseirón,el Garabeño y las grandas.

Vatsina Las Fayonas (con la gran faya) y una parte de La Candanosa (con el tseirón desnudo) y la silueta del Teso de Sestu Rapáu con el rellano de Bisulaz. Vista hacia atrás desde el tseirón de la Vatsina´l Garabeño. 23 septiembre 2.000.

Debido a la peculiar orientación de esta zona, que está en solano pero con bastante inclinación, hasta el bedul actúa como pionero, viéndose alguno en los bordes o en solitario por el interior del tseirón de La Candanosa.

El abedul es un excelente colonizador de suelos muy pobres, a los que puede llegar desde largas distancias porque sus semillas pesan muy poco y el viento las traslada fácilmente. Puede actuar como pionero, como en este caso, cediendo su lugar a otros árboles cuando ha mejorado el suelo lo suficiente, o como vegetación final de esa zona, algo que ocurre en las mayores altitudes a las que pueden llegar nuestro árboles. 

Resiste las bajas temperaturas como ningún otro, pero tiene un punto débil: es incapaz de desarrollarse a pleno sol y en los solanos solo aparece, y muy escasamente, cuando otros árboles le proporcionan sombra.

Al bedul se le une, como pionero o como árbol final en los suelos más someros, el quercus orocantabrico, el más capacitado para colonizar solanos yermos y pedregosos. Se ven algunos en el entorno de la senda pero su presencia es muy abundante algo más arriba, donde la seca apura.

También los subarbustos echan una mano y se instalan antes o después de que lo hagan los árboles mencionados. Lo mismo que arbustos como el avellano, especializado en la sustitución de los robles quemados o talados que no han conseguido rebrotar. Muchos de ellos se han lanzado a colonizar el tseirón y ahí están, compartiendo el terreno con el resto.

Incluso aparece el rey de la zona: el roble albar. Tras el tseirón desnudo y parte del tapado, el suelo comienza a mejorar, viéndose por encima de la senda algún que otro gran ejemplar, aunque a punto de convertirse en cándanus. 

Algún coloso sobrevive en el borde del tseirón desnudo. 26 julio 2.016.

Gracias a su perseverancia, aportando tsande, el robledal va regenerándose, observándose buenos grupos de albares, aún jóvenes, cerca del teso con la Vatsina´l Garabeño, en el mismo teso y dentro del Garabeño. Ayudados, eso sí, por la desaparición momentánea del tseirón, pero asentándose también sobre las tseras. 

Al lado del teso contra la Vatsina´l Garabeño el arbolado mejora. 26 julio 2.016.

Me produce un enorme placer ver estos grupos de robles ya que garantizan la restitución del auténtico bosque de Munietsus, en un tiempo récord, sin necesidad de competir con el resto de árboles.

En las partes del tseirón tapado la regeneración del robledal va a ser más lenta, teniendo que convivir durante bastante tiempo con el resto se pioneros.

Alguien podría preguntar por el tiempo que necesitará el arbolado para tapar la totalidad del tseirón. Es seguro que ninguno de los que comparten mi edad lo llegue a ver y los que nos sucedan tarden bastante en poder hacerlo. Pero ¿qué más da?, a mí el tseirón de La Candanosa no me disgusta lo más mínimo. En un buen bosque como Munietsus, que sin duda mejorará con el tiempo, este tseirón no altera para nada el paisaje. Es más creo que hasta lo enriquece, siendo además un buen campo de pruebas para ver como evoluciona, constatando el poder del verde.

La senda, que era ancha, terrosa y circulaba en llano, cambia ya en el tseirón, volviéndose algo más estrecha e irregular, aunque por fortuna sigue siendo llana.

Pronto llegamos al teso entre La Candanosa y la Vatsina´l Garabeño. Por donde lo cruza la senda el suelo es bastante bueno, pero si ascendiéramos por él pronto nos encontraríamos con un farallón rocoso, que vuelve a reproducirse en lo alto de la sierra y con afloramientos que se desplazan sobre la ladera izquierda de la Vatsina´l Garabeño. Son Las Penas del Garabeño, las canteras donde se cebó la erosión periglaciar. 

Ya se ve algún que otro buen roble en el teso entre La Candanosa y la Vatsina´l Garabeño. 26 julio 2.016.


Copa del roble anterior.

La roca desnuda cubriría todo el teso y una parte de la ladera izda del Garabeño. Una parte de ese roquedo resistió mejor los cambios bruscos de temperatura de ese tipo de erosión, constituyendo los farallones y rocas enhiestas actuales.

Otras partes del roquedo fueron despiezados y sus detritus, de mayor o menor dimensión, fueron desplazados hacia el centro de las vaguadas, arrastrados por la ley de la gravedad y los movimientos de la nieve cuando los cubriera.

Y son precisamente esos detritus los componentes de los tseirones, o al menos una parte de ellos ya que otros serían creados y arrastrados por la erosión glaciar.

En el entorno del teso, antes de llegar a él, si nos volviéramos y miráramos hacia el Teso de Sestu Rapáu, veríamos una grandiosa faya, situada en la Vatsina Las Fayonas, que resalta al sobresalir por encima de la copa de los otros árboles. 

Mirando hacia atrás, desde el teso entre La Candanosa y la Vatsina´l Garabeño, grandiosa faya en el entorno del Pradón de Bisulaz. 27 julio 2.018.

Me percaté de su presencia durante mis últimas visitas, cuando no tenía el tiempo necesario para conocerla y presentarle mis respetos y si os digo la verdad solo me di cuenta de ella mirando y remirando las fotos que tenía de Munietsus, así que le hice algunas con más detalle.

¡Claro que me hubiera gustado conocerla!. Cuando estaba de Guía-Monitor y disponía de más tiempo no tenía constancia de su existencia y más cercanamente, haciendo la Ruta, sería una temeridad ir a verla, porque llevaría un tiempo hacerlo y a las siete de la tarde hay que estar de vuelta en Las Tablizas.

Tampoco es que esté muy alejada de la Ruta que estamos haciendo, solo unos 200 o 300 metros por encima de la senda, subiendo por el poco marcado curso de la Vatsina Las Fayonas.

Si sois buenos andarines y os sobra algo de tiempo podéis acercaros a conocerla. Quizás sea una heredera directa de las primeras fayas que se expandieron por la zona, hace la friolera de 2.500 años durante el actual periodo climático Subatlántico. O tal vez más atrás si sus ancestros eran fayas autóctonas surgidas durante el Preboreal, hace unos 11.000 años.

Creo que es la última de aquella estirpe de corpulentas fayas que sorprendieron a nuestros predecesores, tanto que le pusieron su nombre a aquella zona del Monte: La Vatsina Las Fayonas y el Ríu Las Fayonas, algo muy a tener en cuenta a la hora de valorarla.

Y ya puestos sería una pena que no os acercarais hasta la zona de Bisulaz, que está allí, un poco por encima de la fayona, en el Teso de Sestu Rapáu, donde este se allana algo antes de precipitarse hacia abajo. Aunque luego volverá a suavizarse en el entorno de la senda y de la Granda de Sestu Rapáu. 

Desde el Corno vista hacia atrás, donde resalta la gran faya de la Vatsina Las Fayonas y el rellano de Bisulaz. 26 julio 2.017.

En Bisulaz y su entorno hay instalado un precioso y maduro faéu, heredero de las antiguas fayonas, por donde andar es una auténtica delicia.

No es de la Reserva, pero ¿qué más da?, la magia y la belleza no tienen en cuenta las divisiones que hacemos los seres humanos. Simplemente están ahí, para el disfrute de quien sepa apreciarlas. 

Por cierto la fayona está en la zona de deslinde entre los Montes de Oubachu y los de Munietsus, algo que por otra parte tampoco tiene importancia alguna, siempre que toda esta zona siga estando protegida, libre de talas, pastoreo, incendios y visitas masivas.

Tras el tseirón de La Candanosa, en nada se llega al teso que la separa de la Vatsina´l Garabeño. Teso muy suave y poco marcado porque los farallones rocosos quedan por encima de la senda y no se aprecian desde ella.

La Vatsina´l Garabeño es una pequeña vallina, donde primero pasamos por una corta vaguada y a continuación por el cauce principal, mucho más marcado, por el propio surco y por la abundancia de lúzulas, aunque sin una sola gota de agua durante el verano. 

Vatsina´l Garabeño, cauce principal. 26 julio 2.016.

Su ladera izquierda posee una buena densidad arbórea por donde transitamos. Primero con robles jóvenes y luego con otros ya medianos. Aunque siguen siendo visibles los efectos del último incendio, el de mediados de los ochenta del que ya hemos hablado. 

Buena densidad arbórea pero aún muy joven en la ladera izquierda de la Vatsina´l garabeño. 26 julio 2.016.

Aparte de los muchos troncos quemados que aún se mantienen en pie, si nos fijamos en los troncos de los robles adultos, como los que hay junto al cauce, veremos que tienen seca la parte lamida por el fuego, lo que acortará inevitablemente su existencia. 

Restos del incendio, como este roble quemado antes del xardón. 26 julio 2.016.

A partir del cauce la senda tiene una pequeña subidina, en donde es visible parte del gran tseirón que ocupa toda esta vatsina, tapado en su mayor parte por el bosque existente y desde donde , si el día está despejado, podemos disfrutar de bonitas vistas. En la subidina también comienza a aflorar la roca madre, viéndose su progresión hacia arriba. 

Solo se ve una parte del tseirón de la Vatsina´l Garabeño, el resto ya está tapado por la vegetación. 26 julio 2.016.

Atravesamos una vaguadina por donde la senda llanea, aunque sigue siendo estrecha. Para salir al teso contra la Vatsina del Corno hay una corta pero preciosa subidina que tira de uno para llegar al marcado teso y ver lo que hay a continuación. 

Preciosa subidina al teso contra la Vatsina del Corno. 26 julio 2.018.

Acercándonos a este cerro, el bosque denso y de edad mediana se va haciendo más joven y raleado y ya en el teso por encima de la senda desaparece. Desde la senda donde estamos no se ve pero ahí está la probablemente mayor granda de todas las existentes en Munietsus.

Ya he hablado de ella en otra parte (capítulo 88 de El Monte y el Guía de Munietsus. Editado el 31 julio 2.022) aunque con al menos un error que me gustaría subsanar aquí. En el aparece una foto, que os vuelvo a reproducir (allí aparecía ampliada, ahora os la muestro entera), cuyo pie decía: "Estrecha granda de La Candanosa, pegada al tseirón, por encima de la senda". 

Vatsina´l Garabeño y su teso con la Vatsina del Corno. 27 julio 2.018.

En realidad lo que se ve es la parte calva del tseirón de la Vatsina´l Garabeño y el teso que divide esta vatsina de la del Corno. La foto está hecha desde la Vatsina Las Fayonas, viéndose solo la parte del teso que vierte contra el Garabeño, insinuándose solo la presencia de la granda, ya que esta vierte mayoritariamente contra la Vatsina del Corno y hacia arriba.

También habría que rectificar, en este caso eliminándola, las líneas que preceden a dicha foto, ya que en el teso entre La Candanosa y la Vatsina´l Garabeño no hay granda alguna. Lo que hay es un farallón rocoso. Y puestos a eliminar también habría que hacerlo con la foto del tseirón de La Candanosa, ya que no viene a cuento mostrarla ahí.

El resto de lo redactado en ese capítulo 88 sigue siendo plenamente valido y no voy a repetirlo ahora.

Donde mejor se ve la extensión de esta y del resto de grandas del Ríu Las Fayonas es en las imágenes que cualquiera puede observar en Google Map. siendo además muy fáciles de diferenciar teniendo en cuenta los colores. 

Los colores delatan el tipo de vegetación, siendo el oscuro el de las grandas. Partes altas del Ríu Las Fayonas. Foto Google.

Las grandas siempre aparecen con un color más oscuro, debido a que son los ganzos quienes las ocupan, con algún que otro toxu. El arbolado tiene un color verde y cuando este color se hace más claro y poco nítido lo que hay es un desarbolado con presencia de hierbas y subarbustos en zonas más húmedas.

Y ya puestos os diré que el color blanco representa tseirones desnudos y el roquedo pelado. A veces las fotografías desde el aire presentan diferentes tonalidades (algo más claras o algo más oscuras) que se deben a la superposición de imágenes procedentes de distintas perspectivas y tomas, pero aún así las diferencias que os comento son más que notables. 

Gracias a estas imágenes se puede ver como van evolucionando estas grandas con el paso del tiempo ya que Google las va actualizando cada cierto tiempo.

Las grandas llevan evolucionando, sin interferencia alguna, unos cuarenta años. El incendio de mediados de los ochenta del siglo pasado las arrasó en su totalidad, teniendo que partir casi de cero y además el arbolado más cercano también se vio afectado, retardándolo en su proceso de colonización. 

Puede resultar llamativo y hasta contradictorio lo que os voy a decir: las grandas se asientan en los mejores suelos que hay en esta zona del Ríu Las Fayonas. En zonas libres de tseirones y protuberancias rocosas.

Por su parte el bosque, pese a ocupar buenos suelos en el entorno de Sestu Rapáu, está ocupando los peores suelos. Tapando canchales y zonas de roquedo cuando la cuarcita aflora de manera discontinua.

Es cierto que los canchales están en los cursos fluviales y su entorno inmediato, donde el agua (la madre de la vida) o la abundancia de humedad, posibilitan enormemente la instalación del arbolado.

En realidad las grandas de aquí son la herencia dejada por la actividad ganadera que conoció esta zona. Ya existían desde muchos siglos antes del inicio de las talas madereras. El ganáu de Oubachu pastorearía el entorno del Pico´l Counio y el de Valdebóis el del resto del valle del Ríu Las Fayonas.

En la collada de Furmigueiros estaba una importante braña de Valdebóis. Yo no llegué a conocerla en primera persona pero todos mis informantes decían que en ella había una gran cabaña, mayor que las del resto del Monte.

Valdebóis tenía numerosas brañas repartidas por todo su Monte. Esta era muy importante ya que además de los pastos de la collada y del resto del cordal serrano, era el campo base para que su ganáu se internase en Munietsus.

Seguro que hubo un tiempo en el que todo el Ríu Las Fayonas estuvo poblado por un exuberante robledal. Desde Entramburríus de La Candanosa, en su desagüe en el Ríu La Candanosa, hasta el cordal serrano donde se daría la mano con el bedular altimontano de Valdebóis. Solo algún tseirón o crestón rocoso estarían libres del potente bosque.

Luego, con la domesticación de los animales, la acción antrópica fue haciéndose notar. Nuestros antepasados del Neolítico de la zona, en épocas más recientes al de otras zonas, necesitaron adaptar el Medio Ambiente a sus necesidades, en la medida de sus posibilidades. Necesitaban zonas de pasto para su ganáu y las consiguieron desalojando el bosque de algunos lugares.

Las zonas que mejor pasto podían dar eran las que tenían mejores suelos ya que en los tseirones o en el roquedo este sería insignificante.

Ahí está el origen de las actuales grandas, buenos pastizales en tiempos antiguos. Tiempos en los que su utilización estaría en manos de las comunidades humanas más cercanas a ellos.

No hay constancia de que Valdebóis pagara renta alguna a los Condes de Toreno por la utilización de esas camperas. Los antiguos "Señores" de La Mourietsa (que con el paso del tiempo pasarían a ser los Condes de Toreno) se irían haciendo con la propiedad de todo el Monte Munietsus, robándoselo a quienes lo utilizaban y eran sus antiguos y legítimos propietarios.

Perdida la propiedad poco a poco fue perdiéndose la utilización y los pastizales fueron transformándose en grandas, aunque todavía se seguían pastoreando hasta tiempos no tan lejanos. No oponiéndose a ello ni los "Señores" Condes ni luego sus propietarios burgueses. A fin de cuentas no había allí madera que se pudiese cortar.

Y cuando el bosque empezó a reclamar su antiguo territorio llegaron los incendios, siendo el de mediados de los ochenta el más reciente, devolviéndolo a su estado inicial ya que la granda volvió a regenerarse.

Decíamos que cuarenta años llevan estas grandas evolucionando y lo cierto es que el tiempo no pasa en vano. Me produce un placer especial observar, con la ayuda de Google Map, como el arbolado va iniciando de nuevo su recuperación. La granda, que se iniciaba en el teso entre la Vatsinas del Garabeño y del Corno, iba desde encima de la senda hasta el mismo cordal serrano, con una anchura considerable.

Hoy esta enorme granda se ha partido en dos. Una vaguadina del Corno, que se mete contra el teso, la corta. El agua de lluvia que se encauza en esta vaguada, ha hecho posible la expansión de la poca arboleda que existía en ella. 

La granda ya está partida en dos. Foto Google.

En algunos bordes de la granda con el arbolado, este ya ha comenzado a colonizarla, con ejemplares sueltos, en hiladas o en grupetes. Incluso en el interior de las grandas, alejados de las fuentes semilleras, van surgiendo pequeños grupos. 

En la granda ya empiezan a aparecer los árboles. Foto Google.

El tramo serrano de la Vatsina´l Garabeño está desempeñando un enorme papel en esta colonización, ya que cuenta con arbolado en el mismo cordal. Ha llegado y traspasado el teso con el Corno y es esencial que continúe por dicho cordal para asegurar una repoblación más rápida, pues no me cansaré de repetir que la tsande siempre se propaga mejor hacia abajo que hacia arriba.

Cuarenta años pueden parecer muchos años, sobre todo para nosotros las personas. Pero en el Medio Natural no lo son tanto. Algo más de esa edad es la que necesita un roble, desde que nace, para poder reproducirse sexualmente, o sea con tsande.

Por eso en Munietsus las repoblaciones naturales de las zonas totalmente desarboladas van con tanta lentitud en el caso de los robledales de albares. Habrá que darles el tiempo necesario para que se hagan adultos y rieguen los suelos con sus preciados frutos.

Mientras tanto son los orocantabricos, que muy probablemente necesiten menos años para hacerse fértiles, los que llevan la voz cantante, siendo los auténticos pioneros. Los albares van algo más retrasados, dejando que sus primos les vayan preparando el terreno.

Queda pues un largo camino, primero para la instalación de los orocantabricos y luego para que los albares acaben desplazándolos ya que son estos rebotsus albares los árboles potenciales de la zona. Yo no veré acabada esa primera fase, pero ¿que más da?, los primeros pasos ya se han dado, con eso me conformo y me siento reconfortado. ¡Larga vida al bosque!.

 

La Ruta a Las Tsagunas 47. Dos teixus monumentales de Caguatses d´Arriba y otros árboles notables.

  El interior del teixu de Caguatses d´Arriba, un lugar donde poder soñar. 25 agosto 2.025. De los teixus de Caguatses d´Arriba cabría desta...